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Bajo la luz de la luna 7.

Bajo la luz de la luna

El domingo por la mañana todos lo pasaron durmiendo. Elisabeth invitó a quedarse a dormir en su casa a Marta y Olivia y a los chicos no les hizo ninguna gracia que las tres durmieran bajo el mismo techo que el misterioso y atractivo amigo de Elisabeth.

Después de comer, todos se reunieron en casa de Elisabeth y, como estaban demasiado cansados para ir a la playa, se quedaron relajados en el jardín. A última hora de la tarde, Alan, Marcos y Óscar se despidieron y regresaron a la ciudad, pues al día siguiente tenían que trabajar.

El lunes por la mañana Elisabeth, Olivia y Marta llevaron a Jason al aeropuerto para que regresara a Londres, pues tenía que ocuparse de la amenaza de demanda de Mike, el ex prometido de Elisabeth ya que ella no pensaba regresar a Londres por el momento y mucho menos cambiar de opinión respecto a la boda.

El resto de la semana Elisabeth siguió la misma rutina que la semana anterior: salía a correr por las mañanas, después se reunía con Marta y Olivia en la playa, comían en casa de Elisabeth, salían de compras durante toda la tarde y después cenaban en el bar de Fernando mientras charlaban alegremente hasta que estaban lo suficientemente cansadas como para regresar a sus respectivas casas y dormir.

Pero el viernes las chicas decidieron ir a pasar el día a la playa y las tres se dirigieron a la pequeña y desierta cala que tanto les gustaba.

Alan había estado pensado en Eli durante toda la semana y estuvo a punto de llamarla en varias ocasiones, pero siempre se echaba atrás en el último momento, ¿qué le iba a decir? Lo mejor era esperar al viernes, cuando podría hablar con ella personalmente. Nada más salir de la oficina, pasó por su piso, hizo una pequeña maleta con ropa para el fin de semana, cogió su coche y se dirigió al bar de Fernando directamente esperando que Eli estuviera allí, pero allí estaban todos menos Eli, Olivia y su hermana Marta. Marcos le vio buscar a alguien con la mirada y supo al instante a quién buscaba, se acercó a él y, mientras le estrechaba la mano a modo de saludo, le dijo en voz baja para que nadie más que Alan le escuchara:

–  Las chicas están en la playa, pero Fernando dice que todas las tardes pasan por aquí.

Esperaron más de una hora hasta que las chicas aparecieron en el bar riendo divertidas por alguna anécdota que Olivia estaba contando. Marcos fue el primero que se acercó a ellas, seguido muy de cerca de Alan y Óscar.

–  ¡Qué bien vivís, todo el día en la playa! – Exclamó Marcos que rápidamente buscó una conversación para apartarse de los demás con Olivia. – He oído que la semana que viene estarás en Barcelona con Eli y Marta, si hacéis una fiesta de pijamas, ¿me invitarás?

–  Has oído bien, pero no tenemos previsto hacer ninguna fiesta de pijamas. – Le respondió Olivia sonriendo. – Los planes son: playa por la mañana, de compras por la tarde y fiesta por la noche, pero no de pijamas, fiesta de verdad.

Aquello no le gustó nada a Marcos, ¿fiesta de verdad? Ya se encargaría él de averiguar a dónde iban aquellas tres de fiesta para aparecer como por casualidad.

Marta, consciente del interés de su hermano en Elisabeth, agarró a Óscar por el brazo y le dijo mientras le arrastraba hacia a la barra del bar:

–  ¿Me invitas a una Coca-Cola? ¡Estoy muerta de sed!

Y Alan y Elisabeth se quedaron a solas. Sus miradas se cruzaron y se observaron durante algunos segundos, pero a ninguno de los dos le importó ni le incomodó ser observado por el otro.

–  ¿Hoy también me vas a dar una excusa para no jugar la revancha conmigo? – Le preguntó Elisabeth bromeando para romper el silencio. – Al final pensaré que tienes miedo a perder. Ya sabes lo que dicen, una retirada a tiempo es una victoria.

–  Vamos a jugar. – Sentenció Alan divertido, esa era la excusa perfecta para pasar un rato con ella.

Se pusieron a jugar de inmediato. Alan le cedió el primer turno a Eli y ella no lo desaprovechó: tres dardos, tres dianas. Alan también jugó bien, pero no lo suficiente para alcanzar a Eli que, tras cinco turnos, se hizo con la victoria dejando a Alan y a todos los allí presentes fascinados, nunca habían visto a alguien ganar tan rápido una partida de dardos y mucho menos una mujer.

–  Me debes una cena. – Le dijo Elisabeth burlonamente.

–  Yo siempre cumplo mi palabra, esta noche te invito a cenar en dónde tú elijas. – Le confirmó Alan fijando ya la cita antes de que se echara atrás o hiciera otros planes con su hermana y Olivia, aquel trío era peligroso. – A menos que ya tengas planes.

–  Oli y yo nos vamos a cenar por ahí. – Les anunció Marcos alegremente. – Nos vemos luego, o mañana si se nos hace tarde. – Añadió guiñándole un ojo a Olivia.

–  Yo también voy a cenar con tu hermano, he ganado la apuesta. – Le dijo Elisabeth a Marta. Se volvió hacia a Óscar y, como era tan tímido, decidió echarle una mano: – ¿Por qué no vais vosotros dos también a cenar? Estoy segura que lo pasaréis mejor juntos que por separado.

–  Es una buena opción. – Confirmó Óscar encogiéndose de hombros.

Las chicas se marcharon a sus respectivas casas para ducharse y arreglarse mientras los chicos se quedaron en el bar esperándolas.

Elisabeth fue la primera en llegar de las chicas y Alan aprovechó para marcharse antes de que Oli y Marta llegaran y organizaran alguna especie de cena en grupo. Salieron del bar y caminaron hasta donde el coche de Alan estaba aparcado. Subieron al coche y, tras arrancar el motor, Alan le preguntó:

–  ¿A dónde quieres ir a cenar?

–  Será mejor que elijas tú el sitio. – Sugirió Elisabeth encogiéndose de hombros.

–  Tendrás que darme alguna pista, ¿qué te apetece cenar?

A ti, pensó Elisabeth, pero eso no se lo podía decir.

–  Me gusta la carne, el pescado y la pasta, pero la verdura y el marisco no me gustan demasiado. – Le dijo Elisabeth encogiéndose de hombros.

–  Te voy a llevar a mi restaurante favorito, estoy seguro de que te gustará.

Alan condujo por la autopista hasta entrar en Barcelona. Elisabeth observaba por la ventanilla las calles de la ciudad y le gustó lo que vio. Las terrazas de los bares estaban abarrotadas de gente variopinta que salía a tomar unas cañas acompañados por compañeros de trabajo, amigos o familia. Se pasó todo el camino distraída hasta que entraron en el parking de un edificio y Alan aparcó. A Elisabeth le resultó familiar aquel lugar y no le costó recordarlo pese a que hacía diez años que no entraba en aquel edificio.

–  ¿Ocurre algo? – Preguntó Alan al ver que Elisabeth se había quedado quieta nada más bajar del coche y miraba el parking de manera extraña.

–  Estamos en el edificio del apartamento de mis abuelos. – Le contestó sin mirarle.

–  ¿En serio? Yo vivo aquí. – Le dijo Alan sorprendido. – El restaurante está a la vuelta de la esquina, por eso he aparcado el coche aquí, encontrar aparcamiento en esta zona es complicado.

–  ¿Vives aquí? Entonces, vamos a ser vecinos. – Comentó Elisabeth. – ¿En qué piso vives? El apartamento de mis abuelos es el Ático B.

–  ¡No me lo puedo creer, vivo en el Ático A! – Exclamó Alan gratamente sorprendido.

–  Pues lamento comunicarte que el lunes tendrás vecinas nuevas, al menos durante una semana. – Le explicó Eli divertida.

–  ¿Lamentas? ¿Por qué lamentas?

–  Lo lamentarás tú la primera noche. – Le aseguró Elisabeth divertida.

–  ¿Quieres que hagamos otra apuesta?

–  De acuerdo. – Accedió Elisabeth divertida. – Si aguantas la primera noche sin quejarte porque hagamos ruido, te invito a cenar a dónde tú quieras.

–  No me convence, dame más.

–  Te escucho.

–  Si no me quejo ni una sola vez durante la primera noche que pases en el apartamento, me das un día en el que tendrás que responder con la verdad absoluta a todo lo que te pregunte. – Le propuso Alan. – Un día de sinceridad, podemos llamarlo.

–  Si pierdes, ¿serás tú quién conteste con la verdad absoluta a mis preguntas durante las veinticuatro horas del día? – Quiso saber Elisabeth.

–  Por supuesto, a menos que tengas otra cosa en mente. – Le dijo Alan sonando de lo más seductor.

–  Un día de sinceridad está bien, aunque te advierto que soy muy preguntona.

–  No me preocupa, no pienso dejar que ganes la apuesta.

–  Ya veremos qué pasa, ahora vamos a ese restaurante tan fabuloso, estoy hambrienta.

Alan le hizo un gesto a Elisabeth para que caminara delante de él y se montaron en el ascensor para salir del parking. A él le gustaba lo activa y divertida que era Eli, por no mencionar que era muy hermosa, y a ella le gustaba el misterio que aquellos ojos oscuros escondían.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

2 Comentarios

  1. Vaya casualidad, ahora resulta que van a ser vecinos!!!! A la espera de la próxima entrega. Besazos amiga.

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