Página de escritores

Relatos,poesías,poemas y literatura

Categoría: NOVELAS POR CAPITULOS (página 1 de 30)

NOVELAS POR CAPITULOS

No me llames gatita 13

No me llames gatita 13

Veinte minutos después, John entra en el salón y el aroma de su colonia llega a mi olfato, que reconoce enseguida el aroma de nuestra única noche de pasión. Es increíble lo que este hombre me hace sentir con tan solo oler su colonia.

John deja sobre la mesa auxiliar una carpeta y, sentándose junto a mí en el sofá, saca unos dosieres y empieza a hablar con naturalidad y seguridad mientras yo trato de comprender cómo puede estar tan tranquilo teniendo en cuenta la situación que hay fuera y, peor aún, la que tenemos aquí dentro.

–  Hemos traído unas fotos de algunos sicarios que creemos que Parker podría haber contratado para que le hagan el trabajo sucio. – Me entrega uno de los dosieres con las fichas policiales de cientos de criminales y añade: – Quiero que le echéis un vistazo y tratéis de recordar si habéis visto a alguno de esos hombres últimamente. Por norma general, estos tipos suelen estudiar los movimientos de su objetivo personalmente.

Empiezo a ojear las fotos de los criminales del dossier y me sorprendo al encontrar una cara conocida. La cara del tipo que hace un par de horas me ha entrado en el bar. Le paso el dossier a Berta y le señalo la foto del tipo, ella la observa y dice asombrada:

–  ¡Es el bombón que estaba contigo en el bar! – Todos me miran sorprendidos y Berta se afana en aclarar. – Lo que quiero decir es que ese tipo se ha acercado a Cat esta noche en el bar, justo antes de que vosotros aparecierais.

–  ¿Te dijo algo? – Me pregunta John con el ceño fruncido y mirándome molesto.

–  Sí, me preguntó por qué estaba sola, le dije que estaba acompañada y se fue por donde vino. – Le contesto encogiéndome de hombros. – No me pareció peligroso, ni siquiera pensé en él como una amenaza, la verdad…

–  Ni se te ocurra salir de la casa, Cat. – Me ordena John mirándome con gesto serio. Abro la boca para protestar pero John, señalándome con el dedo índice con amenaza, me interrumpe antes de que logre pronunciar palabra: – No me hagas esposarte.

Levanto las manos en señal de inocencia y cierro la boca. Cuando John se pone tan rotundo es mejor dejar que se tranquilice solo, hablar con él es discutir y no sirve de nada.

–  De acuerdo. – Respondo resignada.

–  ¿De acuerdo? – Preguntan atónitos mis padres, los padres de Elliot, Elliot y Berta.

–  Sí, de acuerdo. – Les repito molesta. – No quiero que me maten y mucho menos que os maten a vosotros por mi culpa, así que estoy de acuerdo.

–  Chico, no sé cómo lo habrás hecho, pero has conseguido hacer cambiar de opinión a Cat y que no diga la última palabra. – Bromea mi padre.

–  Siento decepcionarte, pero no he tenido nada que ver con el cambio de opinión de Cat, yo también estoy sorprendido. – Le dice John a mi padre sin dejar de mirarme extrañado. – Cat, quiero que me expliques cómo viste a ese tipo qué te dijo exactamente.

–  Ya te lo he dicho. – Respondo malhumorada. – Berta fue a pedir las copas y yo busqué una mesa libre y me senté. Ese tipo se me acercó y me preguntó qué hacia una chica tan sola allí y le dije que no estaba sola, él asintió y se marchó. Luego llegó Berta y dos segundos después llegasteis vosotros.

–  ¿Nada más? – Insiste John.

–  Nada más. – Sentencio molesta.



Seguimos viendo fotografías, pero el único que recordamos haber visto es al tipo del pub. Agotados y muertos de sueño, nos retiramos a nuestras habitaciones, excepto Elliot y John, que se reúnen con sus agentes y comprueban que se hayan instalado en la casa de invitados.

A la mañana siguiente, me levanto y me doy una ducha antes de bajar a desayunar a la cocina. Extrañada, miro el reloj y me sorprendo al descubrir que es más de mediodía y nadie ha venido a despertarme.

–  Buenos días, cielo. – Me saluda mi madre al verme entrar en la cocina. – ¿Has dormido bien?

–  Buenos días, mamá. – Le respondo dándole un beso en la mejilla. – He dormido, que ya es más de lo que esperaba. ¿Dónde está todo el mundo?

–  Elliot, Philip y Bárbara han ido a su casa a por algo de ropa acompañados de varios agentes, tu padre y John están en el despacho y Berta está abajo en el gimnasio, decía que si no hacía un poco de ejercicio se subiría por las paredes.

–  ¿De qué hablan papá y John para tener que encerrarse en el despacho? – Pregunto con la mosca detrás de la oreja y, cuando veo el gesto contrariado de mi madre, insisto: – ¿Qué está ocurriendo, mamá?

–  Tu padre ha recibido una llamada de teléfono, no sé de quién, y se ha puesto nervioso. Le he preguntado qué pasaba justo cuando ha aparecido John y los dos se han encerrado en el despacho. – Me responde mi madre preocupada. – No estoy segura, pero creo que quien ha llamado podría ser Ben y ya sabes cómo se pone tu padre con tan solo oír hablar de él.

–  ¿Ben? – Pregunto confundida.

Ben es mi ex novio. Por supuesto, mi padre lo odia. Es el chico malo de padres ricos de Westcoast, un niño grande cuyo único objetivo en la vida es divertirse y poco más, pero que conmigo siempre se ha portado como un auténtico caballero. Mi relación con él acabó hace poco más de dos años, cuando yo decidí aceptar la oferta de trabajo que me llevó a Sunset, pero hemos mantenido una relación de amistad desde entonces y, siempre que he venido a Westcoast de visita nos hemos visto, ya me entendéis.

Tras beberme un vaso de zumo de melocotón, le digo a mi madre:

–  Voy a ver qué pasa. – Salgo de la cocina y me dirijo al despacho de mi padre donde él y John hablan prácticamente en susurros. Llamo a la puerta del despacho y pregunto al mismo tiempo que la abro: – ¿Se puede?

Ambos me miran, intercambian una indescifrable mirada entre ellos y finalmente mi padre asiente con la cabeza y me hace un gesto con la mano para que me siente en la silla libre, al lado de John y frente a él. Busco la mirada de John, pero la esquiva. Parece tenso y, cómo ya es habitual en él, está con su cara de pocos amigos.

–  ¿Ocurre algo? – Le pregunto a mi padre preocupada.

–  Ha llamado Ben. – Me responde mi padre.

–  ¿Y cuál es el problema? – Pregunto sin entender a qué vienen las caras de ambos.

–  Ben siempre es el problema. – Puntualiza mi padre.

–  Papá. – Le advierto sin ganas de discutir. – ¿Qué quería Ben?

–  Pues no lo sé, no ha querido decírmelo. – Me contesta mi padre enfadado. – Dice que solo hablará contigo y que no piensa hacerlo por teléfono.

–  Yo me encargo de Ben. – Le respondo levantándome de la silla.

–  Cat, antes de que invites a tu amigo a venir, asegúrate de que realmente confías en él. – Me advierte John con una mirada fría. – Todo el mundo tiene un precio y el que Parker pagará por ti te aseguro que es muy elevado.

–  Yo me encargo de Ben. – Sentencio antes de salir del despacho. Subo a mi habitación y enciendo mi teléfono para llamar a Ben, a quién le digo nada más descolgar: – Espero que sea importante, me temo que esta llamada me va a traer más de un problema.

–  Me alegro de oírte, nena. – Me responde Ben. – Joder Cat, ¡en menudo lío andas metida! Necesito hablar contigo de algo, pero no puedo hacerlo por teléfono. ¿Podemos vernos?

–  Es imposible que me dejen salir de aquí y más imposible aún que pueda escaparme sin ser descubierta, ¿qué es lo que quieres, Ben?

–  Ayudarte, pero no me fío de esos agentes que te custodian ni de nadie. – Me contesta Ben preocupado. – Tú tampoco deberías fiarte de nadie, Cat.

–  Sabes algo. – Afirmo. – Ven a casa de mis padres, yo me encargo de que te dejen entrar y de que nos dejen hablar a solas. Pero más te vale que sea algo importante y relevante, de lo contrario nos matarán a los dos y yo te odiaré por meterme en más líos de los que ya tengo, que no son pocos.

–  Estaré allí en media hora. – Me responde y añade antes de colgar: – Se trata de algo relevante y muy importante para tu seguridad, pero tampoco te voy a negar que la idea de volver a verte me vuelve loco.

Como era de esperar, a mi padre no le hace ninguna gracia recibir la visita de Ben, pero a John tampoco parece gustarle en absoluto, aunque no me dice nada y simplemente se limita a mirarme furioso, cosa de la que ya estoy acostumbrada.

 

No me llames gatita 12.

Justo en el mismo momento en el que le estoy sacando la lengua a Berta, aparecen John y Elliot y me ven, pero me pongo seria al instante y el mal humor regresa a mí.

–  ¿Habéis recogido vuestras cosas? – Nos pregunta Elliot.

–  Sí, ya está todo. – Respondo cerrando mi maleta.

Por el rabillo del ojo veo como John le hace un gesto a Elliot y éste sale de la casa de invitados con Berta, dejándonos a John y a mí a solas.

–  Cat, ¿podemos hablar un momento? – Me pregunta con el tono de voz suave.

–  ¿Acaso me has dejado otra opción? – Le contesto molesta.

–  Tú tampoco me has dejado otra opción. – Me reprocha. Se acerca a mí despacio y susurra: – Gatita, dime qué te pasa, qué he hecho para que estés tan enfadada conmigo.

–  No me llames gatita. – Le espeto molesta.

–  Dime por qué. – Insiste John. – El martes me fui del apartamento de Elliot y no estabas enfadada conmigo, pero el miércoles te fuiste sin decirme nada y no he podido ni hablar contigo y, cuando hace un rato nos hemos vuelto a ver, te encuentro furiosa conmigo. Es imposible que haya hecho nada que te haya molestado, Cat.

–  ¿Quieres saber por qué? – Le espeto furiosa. – Pues piensa qué has podido hacer en ese intervalo de tiempo que me haya podido molestar y tendrás la respuesta.

–  Gatita… – Me susurra John agarrándome de los brazos y acorralándome contra la pared y su cuerpo, haciendo que pierda la razón. – Estamos como al principio, viviremos juntos te guste o no. Puedes poner de tu parte o ponérmelo difícil, pero seguiré estando aquí. – Me mira a los ojos y añade: –  ¿Vas a contarme por qué estás enfadada?

Respiro profundamente y le respondo:

–  Te vi en el centro comercial y…

–  Gatita…

–  No. – Le interrumpo. – No soy de esa clase de persona, John. Yo no me acuesto con los novios, maridos ni padres de nadie, ¡joder!

–  ¿Qué? – Me dice John echándose a reír a carcajadas. – Gatita, eres adorable. – Intenta besarme pero me aparto y le pongo la mejilla. – Supongo que me viste con Rachel y Jake, mi hermana y mi sobrino. La noche anterior fui a cenar a casa de mis padres y me quedé a dormir allí. Al día siguiente llevé a mi hermana al centro comercial, el primer cumpleaños de Jake es dentro de poco y quería comprarle un regalo. ¿No crees que si fueran mi mujer o mi hijo viviría con ellos? Has estado en mi apartamento, Cat.

–  Tu hermana y tu sobrino. – Repito tratando de asimilarlo. – Me alegra saber que no soy una rompe hogares.

–  Yo nunca haría algo así. – Me responde defendiéndose. – Y te aseguro que no me gustó en absoluto enterarme de que te habías largado sin decirme nada.

–  Lo siento, no sabía que tenía que mantenerte informado de a dónde iba. – Le contesto con sarcasmo.

–  Gatita, necesito una tregua.

–  No me llames gatita. – Le replico furiosa.

–  De acuerdo. Cat, necesito una tregua. – Me dice John molesto. – ¿Podemos comportarnos como dos adultos mientras que estemos aquí y dejar las discusiones para cuando Parker esté detenido?

–  Me parece sensato. – Le respondo encogiéndome de hombros. – Te prometo que lo intentaré, pero no puedo prometerte que lo vaya a conseguir.

–  Lo mismo digo, gatita. – Me responde sonriendo burlonamente.

–  No me llames gatita. – Le espeto furiosa y John se echa a reír.

Coge mi maleta con una mano y coloca su mano libre sobre mi espalda para acompañarme hasta la casa principal, dónde todos se deben estar preguntando dónde nos hemos metido.

Entramos en el salón y todos se vuelven a mirarnos para comprobar que la sangre no ha llegado al río mientras John sonríe satisfecho y yo pongo mi cara de pocos amigos, que últimamente me acompaña a todas partes. Mi padre me mira con el ceño fruncido y me dice:

–  Catherine, hemos decidido que los agentes descansen por turnos en la casa de invitados, es bastante amplia y allí estarán cómodos. Mira a John y añade: – Nos quedan dos habitaciones libres aquí, tú y Elliot os quedaréis con nosotros.

–  Gracias por su amabilidad, pero no es necesario George. – Le agradece John con sorprendente familiaridad.

–  Puede que no sea necesario, pero nosotros nos sentiremos más seguros si Elliot y tú estáis aquí. – Le dice mi madre a John. – Cat te acompañará a tu habitación y no se hable más.

John me mira sin saber qué hacer, el pobre está contra la espada y la pared. Decido sacarle del apuro igual que él ha hecho antes conmigo y porque se supone que hemos pactado una tregua:

–  Sígueme, te acompaño a tu habitación.

John me mira sorprendido, lo último que esperaba es que yo me lo tomara tan bien y no entiendo por qué. ¿Acaso esperaba que montara en cólera? Él también me ofreció su casa mientras me protegía de los sicarios de Parker, no sé por qué se sorprende tanto.

Subo las escaleras, seguida muy de cerca por John y me paro frente a la habitación de invitados que hay justo al lado de la mía.

–  Aquí está, tienes cuarto de baño en la habitación y, si necesitas algo, solo tienes que pedirlo. – Le respondo lo más amablemente que puedo pero sin ningún entusiasmo.

–  Necesito saber dónde está tu habitación. – Me responde y, al ver que le miro sorprendida por sus palabras, se afana en aclarar: – Tengo que dejarte la maleta en tu habitación, ¿no?

–  Sí, claro. – Le contesto ruborizada. – Es la habitación contigua.

John me sonríe pícaramente y camina un par de pasos hasta llegar a la puerta de mi habitación y entra en ella para dejar la maleta. Le sigo y le veo observando con atención todas las puertas y ventanas.

–  ¿Ocurre algo? – Le pregunto preocupada.

–  ¿A dónde dan esas puertas? – Me pregunta frunciendo el entrecejo.

–  Al cuarto de baño y al vestidor. – Le respondo sin comprender.

–  ¿Se puede entrar al baño o al vestidor desde otro sitio que no sea tu habitación?

–  No, solo desde mi habitación. – Le respondo. – No pienso escaparme, si es eso lo que estás pensando. ¿Te lo ha contado Elliot?

–  Me recomendó que me leyera el expediente Tanco y le hice caso. – Me responde encogiéndose de hombros. – No logro entender cómo pudiste escapar de una comisaría llena de agentes cuya única misión era no perderte de vista.

–  Tu ejército entero no ha podido retenerme, ¿qué te hace pensar que tú solo podrías conseguirlo? – Le pregunto divertida.

–  Gatita, soy capaz de ponerte unas esposas y atarte a mi muñeca para no perderte de vista, pero eso supondría tener que pasar las veinticuatro horas del día juntos y echaría por tierra nuestra tregua. – Me susurra al oído con la voz ronca.

–  Deja de llamarme gatita. – Protesto molesta y aprovecho para separarme de John y poder pensar con claridad. – ¿Es que no te tomas la tregua en serio?

Inesperadamente, John me agarra de la cintura, me estrecha contra su cuerpo y me besa apasionadamente en los labios mientras yo me dejo arrastrar por ese beso que me hace perder la razón. Pero, apenas quince segundos después, oímos a alguien carraspear a nuestro lado y nos separamos bruscamente, notablemente excitados y avergonzados:

–  Ejem, ejem. – Finge toser Elliot. – Me envían a comprobar que no os estéis matando, ¿qué se supone que les debo decir para justificar vuestra demora? – Nos pregunta divirtiéndose a nuestra costa.

–  Diles que bajamos en un minuto y, por favor, sé discreto. – Le dice John a Elliot.

–  Por supuesto. – Responde Elliot con sorna. Se vuelve hacia a mí y añade: – Cat, me debes una cena.

–  No vuelvo a apostar contigo. – Le respondo malhumorada por perder la apuesta.

–  ¿Debo preguntar qué habéis apostado? – Nos pregunta John.

–  No quieres saberlo, créeme. – Le respondo mirándole con cara de no haber roto un plato en mi vida.

–  Elliot, déjanos a solas. – Le ordena John. – Cat y yo bajaremos en un minuto.

Elliot me guiña un ojo antes de marcharse sonriendo y John cierra la puerta y me mira furioso. Oh, oh. Al capitán Stuart no le ha gustado saber que apuesto.

–  Gatita, quiero saberlo. – Me susurra atrayéndome hacia a él. – ¿Qué apostaste?

–  Que lo que acaba de ver no pasaría. – Le respondo incómoda.

–  ¿Por eso huiste de mí? ¿Para que esto no pasara?

–  No lo sé, John. – Le respondo agotada. – No sé por qué hago lo que hago. Desde que te conozco mi vida es muy complicada y no sé si he perdido la razón y la verdad es que no me lo pones fácil.

–  Lo sé, gatita. Pero no puedo resistirlo. – Me dice John besándome de nuevo. – Cuando todo esto acabe, tú y yo tendremos una larga conversación. – Me besa en la frente, me sonríe y añade de buen humor: – Voy a darme una ducha de agua fría antes de bajar, ¿te importa adelantarte sin mí?

–  La ducha de agua fría es una solución temporal, pero para nada efectiva a largo plazo. – Le contesto sonriendo burlonamente.

–  Gatita, no me provoques que no respondo. – Me susurra dándome un pequeño azote en el trasero bromeando para después advertirme muy serio: – No te escapes o tendré que azotarte de verdad.

–  Puede que tenga que escaparme para poder recibir el castigo. – Le susurro con picardía antes de salir de la habitación.

John sale de la habitación detrás de mí y me alcanza para susurrarme al oído antes de desaparecer para entrar en su habitación:

–  Cuando regresemos a Sunset, te azotaré, gatita. – Me da una palmada en el trasero y añade: – Me muero de ganas por hacerlo.

Riendo como una loca, bajo las escaleras y entro en el salón, donde mis padres, los padres de Elliot, Elliot y Berta charlan alegremente y me uno a ellos.

No me llames gatita 11.

El sábado por la noche, tres días después de nuestra llegada a Westcoast, Berta y yo decidimos salir a tomar un par de copas.

He tenido el móvil apagado desde que llegué a Westcoast y decido encenderlo para echarle un rápido vistazo mientras Berta va a la barra del bar a pedir un par de copas al camarero. Veintitrés llamadas perdidas de Elliot, seis de John y nueve de Max Bomer, el fiscal del caso Parker. Varias llamadas perdidas de compañeros de los juzgados y alguna que otra desde algún número conocido. Veo los mensajes y solo hay uno que me interesa, un nuevo mensaje de John:

“Cat, necesito hablar contigo. Llámame cuando leas éste mensaje. Es importante.”

Reviso la fecha y hora de todas las llamadas y descubro que la mayoría de llamadas de Elliot y John son de hoy, de hace una hora más o menos para ser más exactos. Decido apagar el móvil y no decirle nada a Berta, probablemente me obligaría a llamar a John y a Elliot y no me apetece en absoluto.

Un tipo se acerca a la mesa donde estoy sentada y me dice con una sonrisa impecable:

–  No puedo creer que una señorita tan encantadora como usted esté sola en un sitio como este.

–  Gracias, pero no estoy sola. – Le respondo con una educada sonrisa.

El tipo asiente entendiendo lo que quiero decir y se marcha por donde ha venido. Lo último que me falta esta noche es aguantar las insinuaciones de completos extraños.

–  No me lo puedo creer, ese bombón se te ha acercado y tú le has despachado sin siquiera mirarle y, por si no te has dado cuenta, está como un tren. – Me dice Berta sentándose a mi lado mientras deja las copas sobre la mesa. – ¿No estás de humor para ligar? Y te lo pregunto porque estoy viendo en este momento como Elliot y un tío que está con él vienen hacia aquí con cara de pocos amigos.

–  ¿Se puede saber por qué cojones no has cogido el puñetero teléfono? – Me espeta John agarrándome del brazo con fuerza.

–  Déjame, ¿se puede saber qué te pasa? – Le espeto deshaciéndome de su agarre.

–  Parker se ha escapado. – Musita John furioso. Me agarra de nuevo del brazo y les dice a Elliot y Berta antes de sacarme a rastras del local: – Vámonos de aquí, este no es un lugar seguro.

Salimos a la calle y veo un despliegue de agentes de las fuerzas de seguridad custodiando la zona. ¿Tan grave es la situación? Pero prefiero no preguntar, no es un buen momento.

–  Yo iré con Cat en su coche, tú ve con la señorita Fox en el tuyo. – Le dice John a Elliot. Se vuelve hacia nosotras y añade: – Los agentes nos escoltarán hasta llegar a casa de los Queen y los Burns, donde por el momento permaneceremos hasta que capturen a Parker.

–  ¿Qué estás haciendo aquí? – Le pregunto a John de sopetón.

–  Mi trabajo. – Me contesta furioso.

–  Claro, cómo no. – Murmuro entre dientes al mismo tiempo que camino los escasos cinco metros que hay hasta llegar a mi coche y me subo en el asiento del conductor.

John abre la boca para decir algo, pero finalmente decide cerrarla y subirse en el asiento del copiloto, eso sí, con su cara de pocos amigos.

Conduzco en silencio durante los escasos cinco minutos que tardamos en llegar a casa de mi padres, que ya está plagada de agentes de las fuerzas de seguridad. Aparco en la cochera y mis padres salen a recibirnos con una sonrisa en los labios.

–  ¿Os alegra que Parker se haya escapado? – Les pregunto molesta por saber cuál es el verdadero motivo de que ambos sonrían.

–  Catherine. – Me regaña mi padre. Acto seguido, se vuelve hacia a John y, sin borrar su sonrisa del rostro, le dice: – John, me alegro de tenerte por aquí, pero hubiera preferido que hubieras venido por placer y no por trabajo. – Le estrecha la mano con firmeza y añade abrazando a mi madre: – Ésta es Amelia, mi preciosa esposa y la madre de Cat.

–  Encantado de conocerla, señora Queen. – La saluda John estrechándole la mano con menos fuerza.

–  Lo mismo digo John y llámame Amelia, por favor.

No sé si reírme o llorar. Mis padres están encantados con John y ni siquiera le conocen. Esto es lo más surrealista que me ha pasado en la vida, no tiene ni pies ni cabeza, pero estoy demasiado nerviosa, enfadada y abatida que ni siquiera quiero protestar. ¿Qué más da? Igualmente no servirá de nada. En lugar de enfadarme más de lo que estoy, decido ir a la cocina y servirme una copa, quizás si me bebo un par incluso logre olvidar un rato lo que está pasando.

–  Cat, ¿por qué no le ofreces a John una copa o algo de beber? – Me sugiere mi madre al ver que me dirijo a la cocina. Se vuelve hacia John y le dice: – John, acompáñala y siéntete como en tu propia casa.

–  Gracias, Amelia. – Le responde John con una encantadora sonrisa.

John me sigue hasta la cocina en silencio y, cuando abro la nevera, le pregunto con indiferencia:

–  ¿Qué quieres beber?

–  Nada. – Me responde con la voz de hielo. Le miro a los ojos y entre nosotros la tensión aumenta, y no solamente la sexual. – ¿Vas a contarme qué cojones te pasa?

–  Nada. – Le respondo con la misa frialdad.

Me sirvo mi copa y me bebo la mitad de un solo trago bajo la atenta mirada de John, que ha pasado de mirarme con frialdad a mirarme con frialdad y reproche. Por suerte, Elliot y Berta entran en la cocina, seguidos de mis padres y los padres de Elliot. Tras hacer las presentaciones oportunas, John toma las riendas de la situación y empieza a hablar muy profesionalmente. Faltaría más, ya me ha dejado muy claro que está aquí por trabajo.

–  Cómo ya todos sabéis, Alan Parker estaba en prisión preventiva y se ha fugado. Creemos que estará tratando de salir del país pero es posible que, mientras lo consigue, dé órdenes a sus sicarios para que terminen de hacer el trabajo para el que les contrató. – Dice John sin mirarme ni una sola vez.

–  ¿Qué tratas de decirnos? – Le pregunta mi madre preocupada. – ¿Crees que van a venir a por Cat?

–  Es una posibilidad. – Le contesta John contrayendo el gesto. – Pero también pueden tratar de llegar hasta a ella utilizándoos a vosotros, por eso estamos aquí. Si todos permanecéis en una sola casa no tendremos que dividir a nuestros agentes y, por lo tanto, tendremos el doble de seguridad. – Se vuelve hacia mis padres y los de Elliot y añade: – Elliot me ha dicho que son prácticamente cómo de la misma familia, ¿habría algún inconveniente en que se instalaran juntos?

–  Ninguno. – Contestan los cuatro a la vez con una sonrisa en los labios.

–  Perfecto entonces. – Sentencia John.

–  Y vosotras dos os trasladáis a la casa principal. – Nos advierte Elliot. Me desafía con la mirada y finalmente dice: – Ya hablaremos tú y yo más tarde.

–  ¿Vas a aprovechar que tienes delante a un juez para juzgarme? – Le replico molesta.

–  Soy policía, no necesito a un juez para juzgarte. – Me responde Elliot.

–  Catherine, ¿qué te ocurre? – Me pregunta mi padre alertado por mi malhumor.

–  No le ocurre nada, es así. – Musita John lo suficientemente bajo para que tan solo Elliot y yo lo oigamos.

–  Vete a la mierda. – Le digo a John alto y claro para que todos lo oigan.

–  ¡Catherine! – Me regañan mis padres al unísono.

–  Genial, si Parker no aparece pronto, yo misma acabaré con mi vida. – Les respondo con sarcasmo mientras me sirvo otra copa.

Todos me miran sorprendidos y preocupados, pero ninguno sabe qué decir. Preferiría estar en cualquier otra parte antes que estar aquí, con todos adorando a John y tachándome como a la mala de la película o, mejor dicho, la bruja mala de la película.

–  Cat está un poco nerviosa, deberíamos dejar de agobiarla. – Dice John echándome una mano.

–  Iremos a recoger nuestras cosas de la casa de invitados, así pensará en otra cosa. – Dice Berta dispuesta a sacarme de allí.

–  Buena idea, pero me llevo la botella. – Le respondo antes de dar media vuelta con la botella en una mano y la copa en la otra para dirigirme a la casa de invitados. Una vez atravesamos la puerta principal de la casa, le digo a Berta: – Gracias, no sabes cuánto necesitaba salir de allí.

–  De nada, para eso están las amigas. – Me contesta abrazándome. Entramos en la casa de invitados y continuamos hablando mientras recogemos nuestras cosas y hacemos el equipaje: – Pero vas a tener que empezar a controlar tu ira si no quieres que te encierren en un psiquiátrico. ¿Cómo se te ocurre mandar a la mierda a John delante de todos? Por cierto, no te ha quitado el ojo de encima en ningún momento y ha tratado de salvarte el culo cuando tú misma te has puesto la soga al cuello.

–  ¿Ahora tú también estás de su parte? – Le pregunto arqueando una ceja.

–  No, yo siempre estaré de tu parte, Cat. – Me contesta. – Pero John no tiene que estar al otro lado, él también está de tu parte, está aquí para salvarte la vida.

–  Está haciendo su trabajo, no lo hace por mí. – Le contesto.

–  Hazte un favor y, la próxima vez que le veas, observa cómo te mira. – Me sugiere Berta. – Después seguimos hablando y me cuentas si sigues pensando lo mismo.

–  Lo haré. – Le respondo sacando la lengua como una niña pequeña.

 

 

Antiguas entradas
A %d blogueros les gusta esto:
Copyright-protected by Digital Media Rights