John y yo continuamos bebiendo y charlando sin discutir, mientras la gente a nuestro alrededor también baila ríe y se divierte. John le da un largo trago a su copa y se la termina, me mira divertido y le pregunto coqueteando:

–  ¿Quieres bailar, capitán Gruñón?

–  Ah no, gatita. – Me contesta sonriendo. – Yo no bailo.

–  Claro que sí, vamos. – Le digo tirando de él y arrastrándole a la pista de baile. Justo en ese momento empieza a sonar “Propuesta indecente” de Romeo Santos, una bachata muy sugerente. – Solo tienes que seguir el ritmo, un, dos, pam.

–  Esto no va a salir bien.

–  Por favor, deja de quejarte. – Le contesto con impaciencia. – Déjalo, será mejor que me olvide de bailar.

–  Gatita, espera. – Me susurra al oído abrazándome desde la espalda y empezando a moverse al ritmo de la música. – Deja al menos que lo intente.

John baila perfectamente bien, me guía y sigue los pasos dentro del tiempo.

–  Me has engañado, me has dicho que no sabías bailar. – Protesto.

–  ¿Cómo crees que acabará esto, gatita? – Me susurra al oído.

–  No lo sé, tendremos que averiguarlo. – Le respondo con picardía.

John me estrecha entre sus brazos, dejando de bailar de golpe, y mirándome a los ojos me dice:

–  Gatita, eso ha sonado muy sugerente y, a pesar de lo que puedas pensar, te aseguro que no soy de piedra.

–  Chicos, siento interrumpir. – Dice Elliot apareciendo de repente. – Cat, esta noche no duermo en casa, no me esperes despierto, pero estoy seguro de que John estará encantado de llevarte a casa, ¿verdad John?

–  Por supuesto, Elliot. – Le responde John.



–  Genial, pásatelo bien. – Me dice Elliot despidiéndose de mí con un beso en la mejilla antes de desaparecer.

John vuelve a estrecharme entre sus brazos y continuamos bailando hasta que la canción termina. Entonces, me coge de la mano y me lleva de nuevo hacia a la barra y le pide a William que nos sirva un par de copas.

Estoy dando un trago a mi copa cuando veo a Oliver entrar en el local, no podía aparecer en peor momento.

–  Mierda. – Musito entre dientes.

–  ¿Qué pasa? – Me pregunta John mirando en la misma dirección que miran mis ojos y cuando ve a Oliver me dice: – Tu novio.

–  No es mi novio y nunca lo ha sido. – Le aclaro. – Pero estoy segura de que nos va a dar problemas.

–  En ese caso, deja que al menos le dé algún motivo. – Me susurra agarrándome por la cintura para pegarme a su cuerpo y besándome en los labios apasionadamente durante un buen rato, hasta que retira lentamente sus labios de los míos y me susurra con la voz ronca: – Gatita, vas a volverme loco.

–  No me culpes a mí de tu locura, yo ya te conocí así. – Le respondo bromeando. Echo un vistazo a nuestro alrededor y, tras comprobar que no hay ni rastro de Oliver, le digo: – No veo a Oliver por ninguna parte, vámonos antes de que nos topemos con él.

John no se lo piensa dos veces, me abraza desde mi espalda, me rodea la cintura con sus brazos y me guía hacia la salida del Club para dirigirnos al coche, pero entonces ambos nos damos cuenta de que Oliver está apoyado en el coche de John y puedo notar como todo su cuerpo se tensa antes de decirle a Oliver con tono amenazador:

–  Será mejor que desaparezcas, estás empezando a tocarme las narices, O’Neill.

–  ¿He interrumpido a la parejita? – Nos espeta Oliver con graves indicios de embriaguez. – ¿Él es la razón por la que me has estado evitando?

–  Oliver, lo que yo haga con mi vida…

–  Lo sé, no es de mi incumbencia, ¿verdad? – Me interrumpe Oliver. Se vuelve hacia John y empieza a decir con sarcasmo: – Catherine Queen tiene fobia al compromiso, en cuanto vea que empiezas a enamorarte de ella te dejará.

–  ¡Basta ya! – Le espeta furioso John cogiéndole con fuerza por el cuello. – Si vuelves a acercarte a Cat o a cualquier persona que guarde relación con ella, te mataré. ¿Lo has entendido?

Se deshace de él de un empujón y, furioso, tira de mí para sentarme en el asiento del copiloto de su coche y acto seguido él se sienta en el asiento del conductor, arranca el motor y conduce en silencio hasta llegar al parking del edificio donde viven Elliot y John.

Entramos en el ascensor para que nos lleve al apartamento y, como John sigue sin decir nada y parece bastante molesto, me quito los zapatos y saco las llaves del apartamento de Elliot mientras subimos en el ascensor para no tener que pararme en el pasillo.

John se percata de lo que hago y me mira con disimulo de reojo mientras yo finjo que no me doy cuenta. ¿Por qué nos complicamos tanto la vida con lo fácil que sería decir lo que ambos deseamos, que estoy segura de que en estos momentos es lo mismo?

Las puertas del ascensor se abren, John me hace un gesto para que pase delante de él y salgo del ascensor contoneando mis caderas, dispuesta a volverlo loco, cómo él mismo me ha dicho en el Club.

Cuando estoy a punto de meter la llave en la cerradura de la puerta del apartamento de Elliot, John me agarra de la cintura, me estrecha contra su cuerpo y me besa en los labios con verdadera necesidad. Le devuelvo el beso con la misma pasión y me coge en brazos agarrándome del trasero con una sola mano y colocando mis piernas alrededor de su cintura con la otra, para así poder abrir la puerta de su apartamento sin despegarse de mí.

Entramos en su apartamento y John deja caer mis zapatos, que aún llevo en las manos, camina hacia a la cocina donde me deja sentada sobre la encimera de la isla mientras sirve un par de copas de lo mismo que estábamos bebiendo en el Club.

–  Si pretendes emborracharme para que me acueste contigo llegas tarde, me temo que ya estoy borracha. – Bromeo.

John me mira sonriendo y apenas echa un dedo de ron en mi copa para rellenarla de hielo y limón antes de entregármela y servir su copa para acto seguido brindar conmigo:

–  Por nosotros, gatita. – Ambos bebemos de nuestras respectivas copas y añade susurrándome al oído mientras vuelve a cogerme en brazos para llevarme hasta el salón, donde se sienta en el enorme sofá y me coloca a horcajadas sobre su regazo: – Estás muy callada, si quieres ir a casa de Elliot…

–  ¿Me has oído quejarme? – Le interrumpo sonriendo. – No estás de servicio y, personalmente, me gusta más John que el capitán Stuart.

–  A mí me gustas de todas las maneras. – Me dice John a un centímetro de mis labios. – Bésame, gatita.

No me hago de rogar y le beso en los labios mientras empiezo a desabrocharle la camisa y él desliza sus manos desde mis muslos hasta mi cintura arrastrando con ellas mi vestido. John masajea lascivamente mi trasero con sus manos y me estrecha con fuerza sobre su cuerpo, levantando ligeramente la pelvis para que note su abultada entrepierna bajo mi ya húmedo sexo.

Desabrocho su pantalón y cuando me dispongo a coger su duro y erecto miembro, John me agarra de la mano para detenerme y me pregunta mirándome a los ojos:

–  ¿Estás segura de que quieres seguir adelante con esto, Cat?

–  ¿De verdad crees que me voy a echar atrás ahora? – Le pregunto divertida. – No empiezo nada que no tenga pensado terminar, capitán.

John me devuelve la sonrisa y vuelve a besarme. Nuestros besos y nuestras caricias se tornan cada vez más apasionadas y nuestra ropa acaba tirada por el suelo del salón. Una vez estamos completamente desnudos, John acaricia mi sexo con la yema de sus dedos y, cuando comprueba mi humedad, me dice antes de penetrarme de una sola estocada:

–  Me encanta que estés tan húmeda, gatita.

John entra y sale de mí una y otra vez, me besa, me acaricia y me abraza mientras nuestras respiraciones se aceleran y nuestros gemidos aumentan de volumen. Cuando está a punto de correrse, trata de salir completamente de mí pero se lo impido al mismo tiempo que le susurro al oído:

–  Tomo la píldora, no te preocupes. – Le beso levemente en los labios y añado: – Pero deberías haberte puesto preservativo.

–  Estoy completamente sano, me hago análisis todos los meses, al igual que todos los agentes. – Me contesta lamiéndome los pezones. – Gatita, quiero oírte gemir. – Me susurra mientras masajea mi clítoris con el pulgar. – Quiero ver cómo te corres.

Oírle hablar con la voz ronca me excita, pero oírle decir lo que ha dicho me vuelve loca y el orgasmo invade mi cuerpo mientras John da un par de estocadas más y se corre dentro de mí.

Me desplomo sobre John y él me envuelve entre sus brazos, así nos quedamos hasta que nuestras respiraciones se normalizan.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!