No me llames gatita 5.

Una semana después de llegar a la cabaña, el nuevo juez del caso Parker anuncia que el juicio se celebrará el próximo lunes, dentro de siete días.

Creía que el juicio lo iban a adelantar para celebrarlo ésta semana, pero al parecer no se celebrará hasta la próxima semana. Lo que significa que tendré que pasar otros siete días en ésta cabaña.

Desde que John y yo pactamos una tregua hace una semana, nuestra relación se ha vuelto más educada y menos tensa, pero también más fría y banal.

Elliot tenía razón, entre John y yo hay una tensión sexual tan grande que me tiene asustada y lo único que se me ha ocurrido para no perder el control es evitar a John, al que solo veo en el desayuno, la comida y la cena. Yo me paso el día en mi habitación trabajando con mi portátil y él pasa las mañanas fuera de la cabaña, regresa a la hora de comer y se pasa la tarde en el salón pegado al teléfono o al ordenador hasta la hora de cenar.

Después de cenar, les doy las buenas noches a todos y subo a mi habitación dispuesta a meterme en la cama y quedarme dormida.

Un par de horas más tarde, me despierto al notar una corriente de aire y al abrir los ojos veo una silueta cruzar la habitación. Me incorporo de inmediato y trato de encender la luz, pero alguien me sujeta de los brazos y trata de inmovilizarme. Doy una patada tras otra para intentar zafarme del tipo que me sostiene e intenta ponerme un pañuelo en la boca y la nariz, probablemente un pañuelo empapado con cloroformo.

De repente, la luz de la habitación se enciende y el tipo que me inmoviliza sale volando por los aires y veo a John pegarle un puñetazo tras otro hasta que el tipo cae al suelo inconsciente.

John se me acerca despacio, precavido por mi posible reacción y con la preocupación en los ojos. Asustada y aturdida por lo que acaba de suceder, me arrojo a los brazos de John, que me devuelve abrazo con fuerza y me susurra al oído:

–  Tranquila, gatita. Esto no va a volver a suceder.

Dos segundos más tarde, aparecen en mi habitación Elliot, Samuel, Billy y Tom y es entonces cuando me doy cuenta que tanto John como yo estamos en ropa interior, es decir medio desnudos, y abrazados, pegados el uno al otro. John me sostiene entre sus brazos mientras todo mi cuerpo tiembla por el susto que me acabo de llevar. Todos nos miran de arriba a abajo y John, que se da cuenta en ese mismo momento de que voy en ropa interior, tira con fuerza de la sábana y me cubre con ella para ocultar mi semi desnudez.

–  ¿Estáis bien? – Nos pregunta Elliot.

–  Diría que estaban mejor antes de que les interrumpieran. – Se mofa Samuel.

–  Se nos ha colado un tipo habiendo diez agentes fuera y otros cinco dentro, ¿os parece graciosa la situación como para bromear? – Les espeta John furioso. – Puede que hayan más asaltantes. Elliot, quédate con Cat en la habitación, nosotros iremos a comprobar si nuestro amigo venía acompañado.

Continuo abrazada a John y cuando le oigo ordenarle a Elliot que se quede conmigo le aprieto la cintura con fuerza, haciéndole saber que no pienso separarme de su lado. John me mira a los ojos y veo la indecisión en ellos. Elliot también debe verla porque nos mira y le dice a John:

–  Creo que Cat estará más tranquila contigo, nosotros nos encargamos de asegurar la cabaña.

–   Tened cuidado. – Les dice John.

Los cuatro salen de la habitación mientras yo sigo temblando entre los brazos de John, que me abraza con ternura y me pregunta:

–  Gatita, ¿estás bien?

–  No, no lo estoy. – Le respondo con un hilo de voz. – ¿Cómo ha podido entrar? Hay diez agentes vigilando el perímetro de la cabaña. Si no llegas a aparecer a tiempo yo…

–  No pienses en eso, gatita. – John me coge en brazos y me lleva a su habitación, donde me deposita sobre la cama y añade: – Tranquila, no dejaremos que se acerque a ti.

John coge una pistola de uno de los cajones de la cómoda y después se sienta a los pies de la cama frente a la puerta, justo a mi lado. Por alguna razón, siento la necesidad de mantener el contacto con John y le abrazo, dejándole un poco aturdido, pero me corresponde estrechándome con fuerza entre sus brazos al mismo tiempo que me susurra con voz dulce:

–  Tranquila Cat, no voy a dejar que te hagan daño.

Nos miramos a los ojos fijamente y nuestros labios empiezan a acercarse peligrosamente, pero cuando están a tan solo un milímetro de distancia, la puerta se abre y aparecen Elliot y Samuel, que se nos quedan mirando con una cómplice sonrisa en los labios.

–  Todo está controlado y los tres asaltantes detenidos, vamos a interrogarlos. – Dice Elliot. – ¿Quieres estar presente en el interrogatorio o vas a quedarte aquí con Cat?

John me mira buscando una respuesta en mis ojos, pero comprendo que es su trabajo y que quiera estar presente en el interrogatorio, así que le digo:

–  Ve, yo estaré bien.

–  ¿Estás segura? – Me pregunta. Asiento con la cabeza y añade: – Quédate aquí y descansa un poco, habrán dos agentes en la puerta y yo volveré en cuanto termine, ¿de acuerdo?

Vuelvo a asentir con la cabeza y John me da un beso en la frente antes de separarse de mí, levantarse y ponerse una camiseta y unos tejanos.

John desaparece con Elliot y yo me quedo tumbada en su cama. Trato de dormir, pero lo único que consigo es ponerme aún más nerviosa de lo que ya estoy. Finalmente, en algún momento previo al amanecer logro quedarme dormida.

Cuando abro los ojos de nuevo, ya es de día y la luz de la mañana, pese a que el día está nublado, alumbra toda la habitación. No hay ni rastro de John, creo que aún no ha vuelto del interrogatorio. Me levanto de la cama y cojo del armario una de sus camisas para cubrir mi semidesnudez. Estoy a punto de salir de la habitación cuando escucho el ruido de algo caer al suelo, un ruido que proviene del otro lado de una puerta que hay en la habitación y que supongo que es el baño. ¿Qué clase de delincuente se encierra en un baño? Echo un vistazo a mi alrededor para buscar algún objeto que me pueda servir de arma para defenderme y lo encuentro, un atizador de chimenea de hierro. Cojo el atizador y camino despacio hacia a la puerta del baño, cuento hasta a tres y abro la puerta de golpe, amenazando con el atizador a quien sea que esté ahí. Pero entonces noto como alguien me empuja contra la pared y me acorrala. Me doy cuenta de que se trata de John, envuelto en una toalla desde la cintura a las rodillas, y suelto el atizador de golpe al mismo tiempo que me disculpo sintiéndome fatal:

–  John, lo siento. No he pensado que podrías ser tú.

–  Gatita, te recuerdo que ésta es mi habitación. – Me dice sonriendo. Me mira de arriba a abajo y añade divertido: – Te sienta bien esa camisa.

–  Lo siento, no tenía nada que ponerme y…

–  Lo sé, solo bromeaba. – Me interrumpe. Me estrecha entre sus brazos con ternura y añade: – Soy yo el que debe disculparse, no debería haberte despertado y asustado de esa manera. Te vi dormir tan tranquila que no quise despertarte. – Me da un beso en la frente y todo mi cuerpo empieza a temblar, pero esta vez no tiemblo de miedo. – Cat, ¿te encuentras bien? Estás temblando.

–  Acabas de darme un susto de muerte y últimamente estoy un poco susceptible. – Le contesto con un hilo de voz.

–  Vuelve a la cama, apenas habrás dormido cuatro horas y necesitas descansar. – Me dice John. – Siento lo que ocurrió anoche, Cat.

–  ¿Sientes haberme salvado la vida otra vez? – Le pregunto bromeando. – Nunca pensé que me alegraría tanto de verte cómo me alegré anoche.

John me abraza de nuevo, me estrecha entre sus brazos meciéndome para calmarme, y yo me dejo abrazar dócilmente. En este momento, lo único que me relaja y me hace sentirme un poco mejor es estar entre los brazos de John.

–  Si hubiera hecho bien mi trabajo lo de anoche no hubiera ocurrido, no entiendo cómo se pudieron colar en la casa sin que ninguno de los diez agentes les vieran, pero he triplicado la seguridad y nos trasladaremos después de comer a otra casa franco más segura. – Me susurra sin dejar de abrazarme. – Te prometo que lo de anoche no volverá a repetirse, Cat.

–  Deja de culparte por algo de lo que no eres responsable. – Le reprendo. – Necesito darme un baño, ¿te importa si uso tu baño?

–  Dame diez minutos, tengo que afeitarme.

–  La bañera está al otro lado del muro, tú no me verás y yo no te veré. – Le contesto. – ¿Te supone un problema afeitarte mientras me baño?

–  Ninguno. – Murmura entre dientes.

–  Genial, voy a bañarme. – Le respondo sonriendo.

John me devuelve la sonrisa y empieza a rebuscar en su neceser hasta encontrar su máquina de afeitar mientras yo acciono el grifo del agua caliente de la bañera y pongo el tapón en el desagüe para que la bañera se llene mientras me desnudo.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

Acerca de Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!
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