Relatos,poesías,poemas y literatura

Página literaria de relatos,poesías,poemas,reflexiones y concursos

No me llames gatita 2.

En cuanto salgo de la ducha y me miro al espejo me percato de las horribles marcas que los policías corruptos me han dejado alrededor del cuello y en la parte derecha de la mandíbula. Estoy horrible, parezco una adolescente disfrazada de zombie en una fiesta de Halloween. Decido olvidarme de las malditas marcas y, una vez seca, sin sangre por todas partes y con ropa limpia, regreso al salón donde escucho a esos dos hablar por teléfono, cada uno con su móvil.

John se percata de mi presencia y se vuelve hacia a mí con una sonrisa en los labios que se desvanece en cuanto sus ojos se posan sobre las marcas de mi cuello. Dirigiéndose a quién esté al otro lado de su teléfono, le dice:

–  Tengo que dejarte, llámame cuando tengas novedades y no lo comentes absolutamente con nadie. – Se vuelve hacia a mí mientras deja el teléfono sobre la mesa y, tras echar un rápido vistazo a Elliot que continúa hablando por su teléfono móvil, me pregunta preocupado: – Pero, ¿qué te han hecho esos hijos de puta?

Acaricia las marcas de mi cuello con la yema de sus dedos y, sin saber cómo ni por qué, me excito. Me retiro de su lado con un poco de brusquedad al notar cómo mi cuerpo ha reaccionado a su caricia y John me mira sorprendido para después decirme con ternura:

–  Lo siento, no debí…

–  Tranquilo, estoy bien. – Le interrumpo para acabar con esta situación incómoda. – ¿Tenemos alguna novedad?

–  Pues sí, pero no te van a gustar. – Me responde Elliot tras finalizar su llamada. – Han encontrado al juez asesinado en su casa. La buena noticia es que las testigos están bien y las han cambiado de ubicación dónde solo los hombres que las protegen y sus superiores saben dónde están. El fiscal también está a salvo, entraron en su casa dos tipos pero los pudo reducir.

–  Queda un mes y medio para el juicio, ¿crees que podrán mantener a las testigos a salvo hasta entonces? – Pregunto con ironía.

El móvil de John empieza a sonar y John se excusa para responder la llamada. Miro a Elliot abatida y resoplo con desesperación. Elliot me abraza y me besa en la frente al mismo tiempo que susurra:

–  No dejaremos que Parker se salga con la suya.

Nos mantenemos abrazados hasta que John regresa al salón y, sin ninguna expresión en su rostro, nos dice:

–  El caso es nuestro. – Sus ojos vuelven a posarse en mi cuello y me pregunta: – ¿Tienes cámaras de seguridad en tu casa? Me gustaría ver con mis propios ojos lo que ocurrió allí.

–  Desconfías de mí y sin embargo pretendes que yo confíe en ti y en tu equipo, pese a que Parker tiene el suficiente dinero y la suficiente falta de escrúpulos como para comprar a toda la ciudad. – Le respondo con sarcasmo. – Soy abogada y conozco la ley, una vez haya testificado no tendrás nada con lo que retenerme. ¿De verdad quieres perder el tiempo con esto en vez de ayudarme a impedir que Parker siga ordenando muertes?

–  Sólo quiero ver lo que ha pasado, quiero ver a esos tipos y cómo actúan, puede que eso nos lleve a alguna parte. – Me contesta. – Parker está utilizando a policías y políticos corruptos, pero puede que también haya contratado asesinos a sueldo al ver que la situación se le ha complicado.

Le pido permiso a Elliot para utilizar su ordenador portátil y accedo al sistema de seguridad de mi casa por internet. Busco los vídeos de hace escasas tres horas y le doy al play.

–  Aquí lo tenéis. – Les digo señalando la pantalla del ordenador.

Espero durante casi media hora hasta que terminan de ver el vídeo y ambos se quedan sorprendidos por la brutalidad de los agentes. Elliot me mira divertido y le dice a John:

–  Cuidado con la gatita que tiene uñas.

Ambos se ríen pero rápidamente vuelven a ponerse serios, justo cuando ven mi cara de pocos amigos.

–  Lo siento, gatita. – Me dice John guiñándome un ojo. – Tendrás que explicarme quién te ha enseñado a hacer todo eso, eres mejor que algunos de mis agentes.

–  Lo tendré en cuenta si decido dejar la abogacía. – Le respondo coqueteando.

–  ¿Podéis dejar de hacer lo que sea que estéis haciendo? – Nos reprocha Elliot. – Tenemos que salir de aquí antes de que decidan enviar a alguien más a buscarnos.

–  ¿A dónde vamos a ir? – Le pregunto con curiosidad.

–  De momento, a un hospital para que te vean esas heridas. – Me dice John.

–  No quiero ir a un hospital, estoy bien, solo necesito dormir un poco.

–  Al menos deja que uno de nuestros médicos te haga una pequeña revisión, me quedaré más tranquilo y creo que Elliot también. – Insiste suavizando su tono de voz.

–  Totalmente de acuerdo. – Le secunda Elliot.

–  De acuerdo, pero nada de hospital. – Les advierto.

–  Trato hecho. – Me dice John sonriendo. – Ahora nos vamos a la casa franco y el equipo de limpieza se encargará de todo esto. Elliot, tú te quedas con… – Se vuelve hacia a mí, me sonríe y me pregunta: – Gatita, ¿cómo has dicho que te llamas?

–  Cat, me llamo Cat y no gatita. – Le digo por enésima vez.

–  Gatita, Cat. ¿No es lo mismo? – Me pregunta burlonamente. – Elliot se quedará contigo en la casa franco junto con una docena de hombres que la custodiarán.

–  ¿No te quedarás con nosotros? – Le pregunta Elliot.

–  Creo que a tu amiga Cat no le entusiasma la idea. – Le contesta John. Se vuelve hacia a mí y añade con picardía: – Pero si prefieres que me quede, solo tienes que pedírmelo.

–  Entonces, quédate con nosotros. – Me oigo decir. – Y puestos a pedir, me gustaría que los agentes de seguridad de la casa franco sean los compañeros de Elliot: Billy, Samuel y Tom.

–  De acuerdo, nosotros cinco viviremos en la casa franco y tres decenas de hombres vigilarán la casa dividiéndose en tres turnos de ocho horas. – Sentencia John. – ¿Te sentirás más segura ahora?

–  Creo que sí. – Le contesto. – Pero no pienso dejar de llevar mi pistola.

John me sonríe y coge mi maleta para después hacernos un gesto a Elliot y a mí para que caminemos delante de él.

Escoltados por dos agentes de John, nos dirigimos a las afueras de la ciudad, a una pequeña cabaña en mitad del bosque, rodeada por un muro de piedra y con una pequeña torre para divisar la llegada de cualquier visitante.

Elliot me ayuda a bajar del coche cuando llegamos y me coge de la mano hasta que entramos en la cabaña y nos encontramos con Billy, Samuel y Tom.

–  ¡Joder, Cat! – Exclama Samuel en cuanto me ve y añade mofándose: – ¿Es que no puedes evitar meterte en líos?

–  Tenía ganas de verte y no sabía qué inventarme. – Le respondo bromeando. Nos saludamos con un afectuoso abrazo y Billy y Tom se unen a abrazarnos.

–  Os habéis vuelto muy cursis, será la edad. – Me mofo de ellos al mismo tiempo que me zafo de su abrazo colectivo.

–  Menudo humor. – Protesta Billy entre dientes.

–  La gatita ha sacado sus uñas y sabe cómo usarlas, no os recomiendo que la hagáis enfadar. – Les dice John mirándome y sonriéndome burlonamente.

–  Te he dicho que no me llames gatita, me llamo Cat. – Le espeto furiosa.

–  Gatita, Cat. ¡Es lo mismo! – Me responde con sorna.

–  Entonces, será mejor que me llame señorita Queen, agente Stuart.

–  Capitán Stuart. – Me corrige con una sonrisa que muestra lo mucho que se está divirtiendo. – Cómo usted quiera, señorita Queen.

–  ¿Nos hemos perdido algo? – Pregunta Samuel.

–  ¿No os preocupa que vuestro jefe sea bipolar? – Les pregunto dejándoles a todos con la boca abierta y atónitos. – A mí me preocuparía.

–  Gatita, no puedes acusarme de ser bipolar cuando tú has querido matarme en cuanto me has visto y un minuto después me has salvado la vida. – Me replica John divertido. – No me soportas pero me pides que me quede aquí, contigo. ¿Se supone que el bipolar soy yo?

–  Sí. – Le respondo rotundamente. – Para empezar, yo nunca he querido matarte, simplemente trataba de protegerme. Te salvé la vida porque cuando viste a Elliot vi en tus ojos que le conocías y le querías. No te soporto, pero sé que no nos traicionarías porque te traicionarías a ti mismo y a tus principios, por lo que contigo cuento con un agente que nos defenderá, un escudo más.

–  Me alegra saber que no eres bipolar y que tan solo tratas de… ¿Cómo era? – Me pregunta John con una sonrisa retorcida en los labios. – Ah, sí. Tan solo tratas de defenderte.

–  Solo trato de mantenerme con vida para asegurarme de encerrar a Parker. – Le contesto ya sin ganas de bromear. Respiro para relajarme y añado: – Necesito descansar un poco, ¿dónde voy a dormir?

–  Escoge cualquiera de las cuatro habitaciones que hay. – Me dice John malhumorado. – El médico estará aquí a las diez de la mañana, así que descansa antes de que llegue.

Cojo mi pequeña maleta y camino por el estrecho pasillo hasta abrir la primera puerta que me encuentro. Es una habitación amplia, con una enorme cama de matrimonio y cuarto de baño. Sin duda, me quedo con esta habitación. Pongo la maleta sobre una banqueta y saco toda mi ropa y mis cosas para guardarlas en el armario antes de meterme en la cama y caer rendida en los brazos de Morfeo.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!
Si te gusta comparte!!Share on Facebook11Share on Google+4Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn0Pin on Pinterest0Print this pageEmail this to someoneShare on VKShare on Tumblr0

5 Comentarios

  1. Madre mía qué retraso llevo!!! Con lo que me gusta leerte… Besazos!!

    • Rakel Relatos

      18 Mayo, 2017 at 20:05

      Aixx, si es que los días tendrían que tener 40 horas por lo menos para que diéramos a basto a leer todo, jejeje. Besotes, guapa! 😉

      • Anda que hoy he estado escuchando a un tal Garnier que dice que podemos duplicar el tiempo. Habrá que escucharle con atención 😂😂😂😂😂😂

        • Rakel Relatos

          18 Mayo, 2017 at 21:15

          Tendremos que escuchar a ver qué dice, no me vendría mal, jeje. En la empresa en la que trabajaba daban cursos de gestión del tiempo, aunque creo que no sirvieron de mucho… 😉

Deja tu comentario, así nos haces grande

A %d blogueros les gusta esto:
Copyright-protected by Digital Media Rights