Un par de días después de conocer a Brian, John está cada vez más irritado por la insistencia de su hermana Rachel en venir a vernos al apartamento, a pesar de que John le ha dicho que no es el mejor momento, ya que aún andan detrás de Héctor González, el sicario con el que coincidí en Westcoast, por decirlo de algún modo. 

John, harto de los reproches de su hermana y los míos propios por enfadarse con ella, decide responder a la llamada de Rachel y poner el manos libres tras hacerme un gesto para que escuche y no diga nada. Me siento en su regazo dispuesta a escuchar la conversación con su hermana. 

-  ¡Cuánto tiempo, hermanita! – Se mofa John nada más descolgar al mismo tiempo que empieza a acariciarme inocentemente las rodillas. 

-  ¡No te atrevas a mofarte! – Le amenaza Rachel haciendo que dé un respingo del sobresalto. – Me parece fatal que Brian haya conocido a la futura madre de tus hijos antes que yo. – Miro a John arqueando una ceja y él se encoge de hombros sonriendo. – Por cierto, Brian me ha dicho que si metes la pata con ella, piensa sacar partido de la situación, así que procura no cagarla. Me hace ilusión ver a mi hermano mayor por fin enamorado. Y no me digas que no estás enamorado porque por ella has roto todas tus reglas y… 

-  Rachel… – Le advierte John para después empezar a darme pequeños besos por la nuca y el cuello mientras sus manos pasan de mis rodillas a mis muslos para continuar allí con las caricias. 

-  No puedes negármelo, John. – Continúa hablando Rachel. – Tienes tres normas inquebrantables desde que te conozco. La primera y la más sagrada es esa de “donde tengas la olla no metas la…” 

-  ¡Rachel! – Le reprende John riendo para acto seguido continuar acariciándome y besándome como estaba haciendo. 

-  Ya me has entendido. – Resopla Rachel. – Joder John, moviste cielo y tierra para hacerte con su caso solo porque querías tener una excusa para seguir viéndola. Bueno, por eso y porque eres demasiado arrogante como para creer que alguien pueda protegerla mejor que tú. – Se burla Rachel mientras yo trato de ocultar la risa y John me da un azote en el trasero a modo de castigo. – Estoy segura de que ahora mismo está contigo en tu apartamento, tu preciado templo en el que están prohibidas las mujeres. Dime una cosa, aparte de mamá y de mí, ¿habías llevado a alguna chica a tu apartamento? – Y, sin dar tiempo a que John responda, añade: – No, porque tu apartamento es sagrado. Eso es lo que siempre decías. Y, la tercera norma que has roto es la de no mezclar tus relaciones sexuales con la familia. Nunca hablas de ninguna de tus muchas amigas. – Miro a John arqueando una ceja y él me dedica una sonrisa maliciosa mientras aprovecha mi confusión para meter sus manos bajo mi jersey y acariciar mis pechos al mismo tiempo que me hace notar su enorme y dura erección rozándola contra mi trasero. – Pero fuiste tú quién no dejó de hablar de ella cuando nos vimos el otro día. Solo con verte la cara supe que estabas enamorado, nunca te he visto hablar así de nadie. 

-  Algún día tenía que pasar, hermanita. – Le responde John pellizcándome un pezón y después me susurra al oído: – Gatita, ¿qué hacemos con mi hermana? 

-  Invítala a comer, tu hermana me cae bien. – Le respondo recostando mi espalda contra su pecho para facilitarle el contacto con mi cuerpo. 

-  Hermanita, Cat me está diciendo que te invite a comer. ¿Te apetece venir? – Le pregunta John sonriéndole al teléfono móvil que está sobre la mesa auxiliar. 

-  ¿Bromeas? ¡Ahora mismo voy para allí! – Exclama Rachel. – ¿Estará Cat contigo, verdad? 

-  ¿Para qué sino te iba a pedir que vinieras? – Bromea John. – Eso sí, tarda mínimo un par de horas en llegar. 

-  No hace falta que me des detalles. – Responde Rachel y añade antes de colgar: – Estaré allí dentro de dos horas exactas, así que haz lo que tengas que hacer antes de que llegue. 

-  Estoy completamente de acuerdo con Rachel. – Ronroneo en el oído de John. – Haz lo que tengas que hacer, John. 

-  Mm… Gatita, llevo dos días estudiando todas y cada de tus reacciones cada vez que te acaricio y te beso en cada parte de tu cuerpo y ahora mismo sé que estás muy excitada y eso me excita mucho más de lo que ya estoy. – Me susurra John quitándome el jersey y el sujetador, arrojando ambas prendas al sillón de en frente y dejándome desnuda de cintura para arriba. – Pero quiero que ahora seas tú quien me diga lo que quieres que haga, dónde quieres que te acaricie, que te bese… 

-  Mm. – Gimo cuando John me quita los shorts de algodón que llevo puestos y coloca sus mágicos dedos en mi entrepierna, buscando y encontrando mi clítoris, mientras que con la otra mano continua masajeando mis pechos y estirando y apretando mis pezones. – John… 

-  Lo sé, gatita. Lo sé. – Me susurra John al oído con voz ronca. – Quiero que te corras para mí, quiero que gimas y grites todo lo que quieras, no quiero que te reprimas. Después te meteré la polla en tu sensible coño y volverás a correrte otra vez. 

Las rudas y obscenas palabras de John me llevan directamente al orgasmo y gimo y grito todo lo que quiero sin reprimirme. Todavía con los espasmos posteriores al orgasmo, John me penetra de una sola estocada y empieza a bombear dentro de mí sin dejar de acariciarme los pezones y el clítoris. Tal y cómo me había adelantado John, vuelvo a correrme. Ambos nos corremos a la vez y John se deja caer en el sofá conmigo encima y sin salir de mí. Varios minutos después, cuando logro recuperarme, trato de levantarme pero John me lo impide. 

-  No te vayas, cariño. – Me ruega. 

-  ¿Cariño? Creía que te gustaba más gatita. – Me mofo echándome a un lado del sofá para abrazarle con mayor comodidad. 

-  Gatita, no querrás que te llame así delante de tus padres, ¿verdad? – Me contesta divertido. – Creo que llamarte cariño es más apropiado cuando no estemos solos y debo empezar a usarlo para acostumbrarme. 

-  Cariño, necesito un baño. – Le digo besándole en los labios. 

-  ¿Puedo acompañarte? – Me pregunta juguetón. 

-  No pensaba ir sin ti, cariño. – Le susurro al oído. 

Tras un relajante baño y una nueva sesión de sexo en la bañera, nos vestimos y recogemos el apartamento para que todo esté limpio y ordenado cuando llegue Rachel. A pesar de que la idea ha sido mía, lo cierto es que estoy bastante nerviosa. Quiero que salga bien, al fin y al cabo, puede que sea mi futura cuñada. 

-  Relájate, mi hermana te adorará en cuanto te vea. – Me dice John abrazándome. 

Rachel llega al apartamento justo dos horas después de su llamada, puntual como un reloj suizo. John me da un beso en los labios y abre la puerta para recibir a Rachel: 

-  Hermanita, pasa. – Le dice John tras saludarla con un beso en la mejilla. Me acerco hasta a ellos con timidez y, agarrándome por la cintura y dándome un beso en los labios, añade: – Aquí tienes a Cat, pero no la agobies demasiado, no quiero que la espantes. 

Le doy un codazo a John a modo de reprimenda y saludo a Rachel: 

-  Encantada de conocerte, Rachel. 

-  Lo mismo digo. – Me responde besándome en la mejilla. – Debes de ser una santa para aguantar al gruñón y mandón de mi hermano. 

-  Es una mala estrategia criticarme delante de Cat si pretendes que sea tu cuñada. – Se mofa John con sorna. 

-  Me reitero en lo dicho, no sé cómo te aguanta. – Le contesta Rachel a su hermano al mismo tiempo que me agarra del brazo y me acompaña al salón donde nos sentamos juntas en uno de los sofás. – Cat, ¿qué tal te trata mi hermano? ¿Contigo también es tan mandón? 

-  Rachel. – Le advierte John en tono de guasa. 

-  No sé cómo será contigo, pero conmigo siempre tiene que tener la última palabra y, por supuesto, nadie le puede rebatir. – Contesto divertida a la pregunta de Rachel. 

-  Pero luego Cat siempre termina haciendo lo que le da la gana, así que tampoco importa mucho lo que yo le ordene. – Replica John. 

-  Una chica con carácter, me alegro. – Sentencia Rachel sonriendo. – Por cierto, aprovechando que te tengo delante, me gustaría invitarte al primer cumpleaños de mi hijo Jake. – Me propone Rachel. – Será una pequeña reunión familiar en casa de mis padres. – Me anima Rachel. – Así conocerás a mis padres, ellos están ansiosos por conocerte. 

-  Rachel… – La interrumpe John. – ¿Acaso quieres que Cat salga huyendo? 

-  Tarde o temprano tendrá que conocerlos, mejor que sea cuanto antes para que se vaya acostumbrando. – Bromea Rachel. 

John se percata de mi preocupación y me abraza para tranquilizarme al mismo tiempo que me susurra: 

-  No pasa nada, no estás obligada a ir si no quieres. 

-  Es dentro de un par de semanas, tendrás tiempo de pensarlo hasta entonces. – Me dice Rachel para que no me niegue en rotundo. – Pero te aseguro que, si decides venir, yo misma me encargaré de que te sientas tan cómoda con nosotros que hará que quieras volver. 

-  Es una oferta interesante. – Respondo más relajada entre los brazos de John. – ¿Qué te parece a ti, John? 

-  Me encantaría que vinieras, no me apetece nada pasar el día sin ti. – Me responde John susurrándome al oído. – Pero tampoco quiero que te veas obligada a ir, podemos posponer el encuentro para cuando te sientas más preparada. 

-  Ahora en serio, ¿quién eres y qué has hecho con mi hermano? – Se mofa Rachel de John. Se vuelve hacia a mí y añade: – Eres mi heroína, has conseguido domesticar a la fiera de mi hermano. 

-  ¡Rachel! – Le regaña John furioso mientras yo me echo a reír. – Genial, ¿las dos contra mí? 

John me mira sonriendo y me atrae hacia a él para volver a abrazarme y besarme delante de su hermana, que se sorprende pero no dice nada, se limita a mirarnos complacida e incluso emocionada. 

Comemos los tres juntos y después Berta y Elliot vienen a tomar café y ambos están demasiado amables y sonrientes cuando por norma general deberían estar coqueteando descaradamente para luego no pasar de las palabras, pero hoy se comportan de una manera extraña aunque apropiada, así que me abstengo de decir nada. Ya tendré ocasión de enterarme de eso en otro momento. 

Finalmente y tras la insistencia de Rachel, acepto a ir a la fiesta de cumpleaños del pequeño Jake, aunque eso implique conocer a la familia de John a pesar de que hace escasos dos meses que nos conocemos. 

 

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!