El sábado por la noche, tres días después de nuestra llegada a Westcoast, Berta y yo decidimos salir a tomar un par de copas.

He tenido el móvil apagado desde que llegué a Westcoast y decido encenderlo para echarle un rápido vistazo mientras Berta va a la barra del bar a pedir un par de copas al camarero. Veintitrés llamadas perdidas de Elliot, seis de John y nueve de Max Bomer, el fiscal del caso Parker. Varias llamadas perdidas de compañeros de los juzgados y alguna que otra desde algún número conocido. Veo los mensajes y solo hay uno que me interesa, un nuevo mensaje de John:

“Cat, necesito hablar contigo. Llámame cuando leas éste mensaje. Es importante.”

Reviso la fecha y hora de todas las llamadas y descubro que la mayoría de llamadas de Elliot y John son de hoy, de hace una hora más o menos para ser más exactos. Decido apagar el móvil y no decirle nada a Berta, probablemente me obligaría a llamar a John y a Elliot y no me apetece en absoluto.

Un tipo se acerca a la mesa donde estoy sentada y me dice con una sonrisa impecable:

–  No puedo creer que una señorita tan encantadora como usted esté sola en un sitio como este.

–  Gracias, pero no estoy sola. – Le respondo con una educada sonrisa.

El tipo asiente entendiendo lo que quiero decir y se marcha por donde ha venido. Lo último que me falta esta noche es aguantar las insinuaciones de completos extraños.

–  No me lo puedo creer, ese bombón se te ha acercado y tú le has despachado sin siquiera mirarle y, por si no te has dado cuenta, está como un tren. – Me dice Berta sentándose a mi lado mientras deja las copas sobre la mesa. – ¿No estás de humor para ligar? Y te lo pregunto porque estoy viendo en este momento como Elliot y un tío que está con él vienen hacia aquí con cara de pocos amigos.

–  ¿Se puede saber por qué cojones no has cogido el puñetero teléfono? – Me espeta John agarrándome del brazo con fuerza.

–  Déjame, ¿se puede saber qué te pasa? – Le espeto deshaciéndome de su agarre.

–  Parker se ha escapado. – Musita John furioso. Me agarra de nuevo del brazo y les dice a Elliot y Berta antes de sacarme a rastras del local: – Vámonos de aquí, este no es un lugar seguro.

Salimos a la calle y veo un despliegue de agentes de las fuerzas de seguridad custodiando la zona. ¿Tan grave es la situación? Pero prefiero no preguntar, no es un buen momento.

–  Yo iré con Cat en su coche, tú ve con la señorita Fox en el tuyo. – Le dice John a Elliot. Se vuelve hacia nosotras y añade: – Los agentes nos escoltarán hasta llegar a casa de los Queen y los Burns, donde por el momento permaneceremos hasta que capturen a Parker.

–  ¿Qué estás haciendo aquí? – Le pregunto a John de sopetón.

–  Mi trabajo. – Me contesta furioso.

–  Claro, cómo no. – Murmuro entre dientes al mismo tiempo que camino los escasos cinco metros que hay hasta llegar a mi coche y me subo en el asiento del conductor.

John abre la boca para decir algo, pero finalmente decide cerrarla y subirse en el asiento del copiloto, eso sí, con su cara de pocos amigos.

Conduzco en silencio durante los escasos cinco minutos que tardamos en llegar a casa de mi padres, que ya está plagada de agentes de las fuerzas de seguridad. Aparco en la cochera y mis padres salen a recibirnos con una sonrisa en los labios.

–  ¿Os alegra que Parker se haya escapado? – Les pregunto molesta por saber cuál es el verdadero motivo de que ambos sonrían.

–  Catherine. – Me regaña mi padre. Acto seguido, se vuelve hacia a John y, sin borrar su sonrisa del rostro, le dice: – John, me alegro de tenerte por aquí, pero hubiera preferido que hubieras venido por placer y no por trabajo. – Le estrecha la mano con firmeza y añade abrazando a mi madre: – Ésta es Amelia, mi preciosa esposa y la madre de Cat.

–  Encantado de conocerla, señora Queen. – La saluda John estrechándole la mano con menos fuerza.

–  Lo mismo digo John y llámame Amelia, por favor.

No sé si reírme o llorar. Mis padres están encantados con John y ni siquiera le conocen. Esto es lo más surrealista que me ha pasado en la vida, no tiene ni pies ni cabeza, pero estoy demasiado nerviosa, enfadada y abatida que ni siquiera quiero protestar. ¿Qué más da? Igualmente no servirá de nada. En lugar de enfadarme más de lo que estoy, decido ir a la cocina y servirme una copa, quizás si me bebo un par incluso logre olvidar un rato lo que está pasando.

–  Cat, ¿por qué no le ofreces a John una copa o algo de beber? – Me sugiere mi madre al ver que me dirijo a la cocina. Se vuelve hacia John y le dice: – John, acompáñala y siéntete como en tu propia casa.

–  Gracias, Amelia. – Le responde John con una encantadora sonrisa.

John me sigue hasta la cocina en silencio y, cuando abro la nevera, le pregunto con indiferencia:

–  ¿Qué quieres beber?

–  Nada. – Me responde con la voz de hielo. Le miro a los ojos y entre nosotros la tensión aumenta, y no solamente la sexual. – ¿Vas a contarme qué cojones te pasa?

–  Nada. – Le respondo con la misa frialdad.

Me sirvo mi copa y me bebo la mitad de un solo trago bajo la atenta mirada de John, que ha pasado de mirarme con frialdad a mirarme con frialdad y reproche. Por suerte, Elliot y Berta entran en la cocina, seguidos de mis padres y los padres de Elliot. Tras hacer las presentaciones oportunas, John toma las riendas de la situación y empieza a hablar muy profesionalmente. Faltaría más, ya me ha dejado muy claro que está aquí por trabajo.

–  Cómo ya todos sabéis, Alan Parker estaba en prisión preventiva y se ha fugado. Creemos que estará tratando de salir del país pero es posible que, mientras lo consigue, dé órdenes a sus sicarios para que terminen de hacer el trabajo para el que les contrató. – Dice John sin mirarme ni una sola vez.

–  ¿Qué tratas de decirnos? – Le pregunta mi madre preocupada. – ¿Crees que van a venir a por Cat?

–  Es una posibilidad. – Le contesta John contrayendo el gesto. – Pero también pueden tratar de llegar hasta a ella utilizándoos a vosotros, por eso estamos aquí. Si todos permanecéis en una sola casa no tendremos que dividir a nuestros agentes y, por lo tanto, tendremos el doble de seguridad. – Se vuelve hacia mis padres y los de Elliot y añade: – Elliot me ha dicho que son prácticamente cómo de la misma familia, ¿habría algún inconveniente en que se instalaran juntos?

–  Ninguno. – Contestan los cuatro a la vez con una sonrisa en los labios.

–  Perfecto entonces. – Sentencia John.

–  Y vosotras dos os trasladáis a la casa principal. – Nos advierte Elliot. Me desafía con la mirada y finalmente dice: – Ya hablaremos tú y yo más tarde.

–  ¿Vas a aprovechar que tienes delante a un juez para juzgarme? – Le replico molesta.

–  Soy policía, no necesito a un juez para juzgarte. – Me responde Elliot.

–  Catherine, ¿qué te ocurre? – Me pregunta mi padre alertado por mi malhumor.

–  No le ocurre nada, es así. – Musita John lo suficientemente bajo para que tan solo Elliot y yo lo oigamos.

–  Vete a la mierda. – Le digo a John alto y claro para que todos lo oigan.

–  ¡Catherine! – Me regañan mis padres al unísono.

–  Genial, si Parker no aparece pronto, yo misma acabaré con mi vida. – Les respondo con sarcasmo mientras me sirvo otra copa.

Todos me miran sorprendidos y preocupados, pero ninguno sabe qué decir. Preferiría estar en cualquier otra parte antes que estar aquí, con todos adorando a John y tachándome como a la mala de la película o, mejor dicho, la bruja mala de la película.

–  Cat está un poco nerviosa, deberíamos dejar de agobiarla. – Dice John echándome una mano.

–  Iremos a recoger nuestras cosas de la casa de invitados, así pensará en otra cosa. – Dice Berta dispuesta a sacarme de allí.

–  Buena idea, pero me llevo la botella. – Le respondo antes de dar media vuelta con la botella en una mano y la copa en la otra para dirigirme a la casa de invitados. Una vez atravesamos la puerta principal de la casa, le digo a Berta: – Gracias, no sabes cuánto necesitaba salir de allí.

–  De nada, para eso están las amigas. – Me contesta abrazándome. Entramos en la casa de invitados y continuamos hablando mientras recogemos nuestras cosas y hacemos el equipaje: – Pero vas a tener que empezar a controlar tu ira si no quieres que te encierren en un psiquiátrico. ¿Cómo se te ocurre mandar a la mierda a John delante de todos? Por cierto, no te ha quitado el ojo de encima en ningún momento y ha tratado de salvarte el culo cuando tú misma te has puesto la soga al cuello.

–  ¿Ahora tú también estás de su parte? – Le pregunto arqueando una ceja.

–  No, yo siempre estaré de tu parte, Cat. – Me contesta. – Pero John no tiene que estar al otro lado, él también está de tu parte, está aquí para salvarte la vida.

–  Está haciendo su trabajo, no lo hace por mí. – Le contesto.

–  Hazte un favor y, la próxima vez que le veas, observa cómo te mira. – Me sugiere Berta. – Después seguimos hablando y me cuentas si sigues pensando lo mismo.

–  Lo haré. – Le respondo sacando la lengua como una niña pequeña.

 

 

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!