Morir matando

Me pregunta un desconocido que si tengo sueños. Claro que tengo sueños. Vivo dentro de una quimera convertida en pesadilla. Terror clásico mezclado con realidades mugrosas. No veo el mundo a través de mis ojos, si es eso lo que quieres saber. Es complicado de explicar. A veces voy caminado y me pierdo entre pensamientos, fantasías y payasadas varias. Ahondo tanto que sueño despierto. Entonces dejo de ver la realidad tal como es y me traslado. Morfeo es mi colega. Odiamos a Neo. Nos cagamos en Matrix. No es nada personal. La culpa es del tiparraco que me preguntó por los malditos sueños, una cosa ha llevado a otra y aquí estoy, usando Matrix como si fuese una taza del váter.

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Me pregunta que cuándo voy a presentar algún libro. De momento no hay ninguna fecha. Es más, odio presentar y leer en público. No por miedo escénico. Es que me parece una idiotez. No digo que no valga la pena darse a conocer. Se trata de pereza social. No me apetece salir de casa y conocer gente nueva, eso es todo. Prefiero salir por ahí a beber, y si surge que doy a con algún lector errante, pues eso que me llevo. Detesto el populismo, aunque pueda parecer lo contrario. Vuelvo a Matrix.

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Ahora que ha terminado la tanda de preguntas absurdas no tengo nada que decir. Qué lástima, ¿verdad? Con lo que gustan mis textos —modo irónico ON—. A día de hoy solo me quedan historias sórdidas no relacionadas conmigo. Pura ficción barriobajera. Historias de asesinos con una mota en el ojo, de políticos incapaces de mentir, de ositos de peluche con alma de dictador, de niños que manipulan chucherías y las convierten en explosivos, de limpiacristales suicidas y de empresarios empachados. Soy pura lírica de vertedero, ficción realista con trazas surrealistas. Cosa que prefiero. Hablar de mí no merece la pena. Si me diera por escribir unas memorias serían demasiado tristes. Una niñez marcada por la desdicha: padre alcohólico, maltrato colegial y burlas en las clases de kárate. Qué decir de la preadolescencia: una mierda de época en la que no sabía si estaba loco o tenía heridas mentales abiertas y sangrantes. Menos mal que llegó la explosión adolescente, acompañada de esa colleja que me hizo cambiar de rumbo. Me la dio una chica —la colleja—, Raquel, actualmente, y hablo con conocimiento de causa, convertida en una auténtica ciudadana de hipoteca por vena y besos de gomaespuma a la luz de una linterna. Recibí aquel golpe y desperté, fue el gran detonante —no porque la colleja me la diese una mujer—. Tras el hecho en cuestión decidí ir al psicólogo, psicóloga en este caso, y entonces cambié, dejé salir al monstruo, a la bestia de dos cabezas. El apocalipsis entró en mí y ahora vagamos por la nada convertidos en un escritor con aspecto de criminal. Gracias Raquel, eras tonta antes y lo sigues confirmando con tus actos mundanos e insípidos.

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Suelo desaparecer de la vida de las personas, ese es mi gran poder. Cuando las cosas se tuercen, cosa que me suele ocurrir demasiadas veces, me largo y empiezo de nuevo. Por eso me siento joven. Por eso me asquea este mundo estancado. Pros y contras de cambiar de rumbo. Solo me acompañan un cuaderno de soledades —guiño a Juan Cabezuelo— y una cabeza llena de mala literatura —guiño a Lucas Albor—. El resto de palabras que pueda añadir sobran, incluida esta frase. Ahora me despido de vosotros. Lo siguiente será un relato sangriento que probablemente no publique en la red.

About Dani Aragones

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9 respuestas a Morir matando

  1. teresa dijo:

    Una alegoría a lo auténtico, aunque incomode. Toda introspección social.

  2. Miriamgp1976 dijo:

    Muy sórdido todo. Muy rara la mente del escritor. Quien nos entienda que nos compre. Quién comprenda qué hay dentro de nuestra cabeza llena de cables revueltos que rara vez se aparean, entonces es porque también escribe!! Muy bueno Danny!!!

  3. Pues a mí me ha gustado éste. Aunque mi opinión no puntúe un carajo.

  4. Pues a mí me ha gustado éste. Aunque mi opinión no puntúe un carajo.

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