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Categoría: MICRORRELATOS (página 2 de 28)

Volviendo a amar

Cuando creemos que un corazón no puede volver a sentir, no puede volver a amar y nunca más renacerá; llega el alma perfecta para complementarnos y regalarnos una nueva oportunidad de vida.

Él pasaba por el principio de sus cuarenta años, sin esperar apenas nada acerca del amor.

Todos los días latiendo, ir a la oficina, tomarse el obligado café e iniciar su trabajo.

Si bien, en éste era bueno, de cierto es que le faltaba la chispa otorgada por la vida verdadera en su devenir.

Con una familia a cuestas, porque a su edad, ¿Qué hombre no tiene historia?

Apegado a sus vástagos, a quienes entregaba hasta su mínimo pensamiento;  sin embargo, dormido como hombre; cargando a cuestas indiferencia y mentira siempre derivada de una mal contrato matrimonial.

Ella sobreviviendo al desamor igual que él, bañada por las mentiras de una y otra infidelidad. Atada por más de veinte años en los que regaló su juventud, sus ilusiones y casi su persona.

Llevando a cabo su trabajo, con la mera ilusión de cumplirlo pero sin expectativas que impresionen a nadie.

Todos los días tomando el puente, siempre la misma rutina, 7:30 am dirección norte, cruzándose ya por tantos veranos y sin haberse mirado.

Estaba escrito.

En el libro de ambos estaba escrito para ser desde hace más de diez lunas. Claro para todos menos para ellos que caminaban con el corazón tan hecho pedazos que no alcanzaban a verse.

Esa mañana, entraron a  la misma cafetería; afortunadamente llovía tanto que necesitaron resguardo.

Respiraron el alentador aroma de café y cada uno pidió el suyo, lo recibieron por nombre y se sentaron en la barra. Aún sin hablarse, aún sin verse por lo que fue necesario que Hades provocara que ella derramara un poco de su Capuccino sobre su impecable pantalón negro para que iniciaran una conversación.

-Lo siento, soy una tonta. De verdad lo siento.

– No importa, puedo regresar a casa por otro. De todos modos creo que hoy no llegaré a la oficina.

La lluvia, en su complicidad, no cesó haciéndose más copiosa conforme pasaban los minutos, obligando a ambos a iniciar lo que sería, en pleno otoño, el primer gran amor de su vida.

Desde aquella afortunada lluvia, y en muy pocas horas supieron de su vida, sus amores, sus temores y hasta hicieron el pacto formal de no mentirse nunca, siendo ésta la primera verdad en esta nueva historia.

Bastó una suma de algunos minutos para que se encontraron sus miradas ansiosas de un fuego nuevo. La lluvia fue suficiente para saber que se habían fundido en una sola alma y en un solo ser como estaba escrito.

Se terminaron las mañanas de soledad en el puente, juntos cruzaban a las 7:30 am, tomados de la mano sabiendo que al primer aviso de la caída de la tarde irían juntos de regreso, rumbo a su refugio terrenal.

Ahí en su casa, donde ella tenía siempre todo preparado para llegar y poseerse por apenas unos minutos antes de tener que volver a su gris rutina nocturna.

Gozando de su deliciosa clandestinidad en la que ambos guardaban su amor como un celado secreto, a escondidas, a sabiendas de su falta de libertad y de sus temores.         Las níveas paredes fueron por primera y por muchas veces más, el mudo testigo del juego que salía por sus manos invadiendo cada milímetro de su piel.

Como si fuera su vez primera, recorrieron su cuerpo y su alma aprendiendo cada rincón, cada expresión y hasta cada respiración.

Un solo beso fue suficiente para devolver la chispa de vida a cada uno de los dos, sobre todo si seguían la pauta que ella marcaba para cada uno.

-En cada beso te quitaré el aliento y hasta la respiración. Dame tan sólo sesenta minutos para amarte desde el alma hasta los pies.

– Me has quitado en aliento, pero me has devuelto el alma.

Han pasado apenas 6 lunas, siendo para ambos una deliciosa eternidad, renaciendo cada día con la ilusión de verse, sentirse y tocarse.

¿A quién le importa la palabra?

Si de hoy a su tiempo final, son amantes. Amantes en vida plena. Amantes en cuerpo, en alma, en secreto para el mundo y gritado al universo.

Si son amantes entre ellos y nada más.

Nunca saldrás vivo

nunca saldrás vivo

nunca saldrás vivo

Carlos era un joven disciplinado, trabajador, y reservado, vivía solo porque había perdido hacia cuatro años a sus padres y hermana menor en un accidente de tráfico por culpa de un conductor ebrio que se saltó un semáforo. Él se salvó de milagro aunque estuvo mucho tiempo en el hospital. Paso por muchos psicólogos para superar ese tremendo drama, en su última sesión le dijo al doctor que en sus sueños una voz le decía que nunca saldrá del cementerio. Como todos los años, en la fecha del accidente Carlos iba a visitarlos, les llevaba flores, y les contaba cómo iba viviendo y superando su muerte. Ese día se entretuvo más de lo normal puesto que en la entrada había una joven muy guapa, y se quedó hablando con ella, al ir hacía la tumba donde yacían, resbaló y cayó dándose un golpe, se desmayó, cuando pudo cobrar la conciencia había oscurecido, no había nadie, fue a donde estaban sus padres, les dejo las flores, cuando detrás de él escucho una voz que dijo esta vez no saldrás del cementerio….

 

Otra del capitán

No es común que alguien salga en medio de un torrencial aguacero.
Todo lo contrario, las personas buscan donde refugiarse y escampar
ese temporal.
A través de la ventana de cristal se le podía mirar, parecía a aquellas golondrinas que surcan como locas de alegría los aires cuando va a llover.
Y le observé.
Nada me inmuto, ni siquiera aquellas mezcladas charlas dentro del café.
El lugar estaba concurrido, el clima ameritaba un aromático en espera que
dejara de llover. Sin perder detalle, le mire detenidamente, sin dejar de percibir el aroma que el humo emanado de la taza daba a mis fosas nasales.

Corría, saltaba y disfrutaba sobre los charcos de agua, elevaba sus brazos
con la mirada al cielo y toda su existencia recibía aquel diluvio.
Festejaba y bailaba hasta abrazarse del poste de una lámpara.
Con un brazo sobre ese poste y con la otra mano colocada sobre sus ojos
cual vigía de un navío en busca de tierras cercanas.
Y con un pedazo de cartón encontrado, elaboró un barco que colocó
sobre la corriente que bajaba sobre la avenida.
¡Vamos! ¡avancemos! que ninguna tormenta nos detendrá. Gritos eufóricos
de un capitán de los mares con andrajosas ropas empapadas de lluvia.
El barco se perdió entre la fuerte corriente, llamo gaviotas a las pocas
golondrinas que cercano a él pasaban.

Se detuvo y observó cómo su pedazo de cartón era destruido, hundido
perdiéndose calle abajo. Metió sus manos a las bolsas del pantalón,
miro al cielo y dando media vuelta se enfilo hacia la avenida.
Camino perdido, sin rumbo a la deriva bajo la tempestad y la lluvia, de la misma manera que su barco de cartón.
Una vez más el loco capitán, aquel que del manicomio escapó, volvió
a vivir otra fantasía marina ahora provocada por la lluvia tormentosa.
Enfrento su mundo como el capitán más valiente, festejo bajo la lluvia
mientras los demás acobardados nos tomábamos un café caliente
observándolo.
Yo a su vez escribía esta historia con cierta tristeza y admiración.

Xavier H.©

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