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Categoría: MICRORRELATOS (página 2 de 29)

Sin cobertura

Sin cobertura

Era una noche despejada había luna llena, Ed y Mia decidieron ir con su coche a las afueras de la ciudad para combatir el calor y poder admirar las estrellas, aparcaron el coche al lado de la carretera en un claro junto a un árbol, estaba todo en silencio, empezaron a besarse y a demostrar su amor contemplando el cielo, cuando decidieron irse, Ed intenta arrancar el coche pero éste no arranca, lo intentó varias veces sin conseguirlo, entonces dijo:
-Mia quedate aquí en el coche que iré al pueblo a pedir ayuda, está solo a pocos kimometros no tardaré mucho, de acuerdo?
-No Ed, yo voy contigo, no me quedo aquí sola.- contestó asustada, ademas porque no llamamos por teléfono y que vengan a buscarnos?
-Aquí no hay cobertura, Mia es imposible.
-Cariño que sera un momento, es peligroso andar por esta carretera ya sabes de los accidentes que hay siempre, y más de noche.
Ella accedió aunque asustada. Cerró todo el coche y se quedó sentada en el asiento del copiloto, con su móvil.
El tiempo pasaba y Ed no aparecía, su miedo crecía cada vez más, entonces escuchó un ruido fuera, como si alguien arañaba la parte trasera del coche. Su cuerpo se estremeció, nerviosa miró por todos los espejos a ver si podía ver algo incluso se giró para poder ver mejor pero no vio nada. Agotada del cansancio se quedó dormida.




Cuando ya el sol yacía en lo mas alto, unos agentes de policía la despertaron, un agente le dice:
-Señorita salga de coche por favor?.
-Pero que ocurre agente? mi novio ayer por la noche salió a pedir ayuda porque el coche estaba averiado, dijo Mia
Cuando Mia salió se dio cuenta que estaba desnuda y llena de sangre, empezó a gritar asustada, giró la cabeza a la parte trasera del vehículo cuando pudo observar a más agentes haciendo fotos al suelo, avanzó unos metros para poder ver que había, cuando de repente vio a su novio descuartizado y un brazo apoyado detrás del coche.

 

Volviendo a amar

Cuando creemos que un corazón no puede volver a sentir, no puede volver a amar y nunca más renacerá; llega el alma perfecta para complementarnos y regalarnos una nueva oportunidad de vida.

Él pasaba por el principio de sus cuarenta años, sin esperar apenas nada acerca del amor.

Todos los días latiendo, ir a la oficina, tomarse el obligado café e iniciar su trabajo.

Si bien, en éste era bueno, de cierto es que le faltaba la chispa otorgada por la vida verdadera en su devenir.

Con una familia a cuestas, porque a su edad, ¿Qué hombre no tiene historia?

Apegado a sus vástagos, a quienes entregaba hasta su mínimo pensamiento;  sin embargo, dormido como hombre; cargando a cuestas indiferencia y mentira siempre derivada de una mal contrato matrimonial.

Ella sobreviviendo al desamor igual que él, bañada por las mentiras de una y otra infidelidad. Atada por más de veinte años en los que regaló su juventud, sus ilusiones y casi su persona.

Llevando a cabo su trabajo, con la mera ilusión de cumplirlo pero sin expectativas que impresionen a nadie.

Todos los días tomando el puente, siempre la misma rutina, 7:30 am dirección norte, cruzándose ya por tantos veranos y sin haberse mirado.

Estaba escrito.

En el libro de ambos estaba escrito para ser desde hace más de diez lunas. Claro para todos menos para ellos que caminaban con el corazón tan hecho pedazos que no alcanzaban a verse.

Esa mañana, entraron a  la misma cafetería; afortunadamente llovía tanto que necesitaron resguardo.

Respiraron el alentador aroma de café y cada uno pidió el suyo, lo recibieron por nombre y se sentaron en la barra. Aún sin hablarse, aún sin verse por lo que fue necesario que Hades provocara que ella derramara un poco de su Capuccino sobre su impecable pantalón negro para que iniciaran una conversación.

-Lo siento, soy una tonta. De verdad lo siento.

– No importa, puedo regresar a casa por otro. De todos modos creo que hoy no llegaré a la oficina.

La lluvia, en su complicidad, no cesó haciéndose más copiosa conforme pasaban los minutos, obligando a ambos a iniciar lo que sería, en pleno otoño, el primer gran amor de su vida.

Desde aquella afortunada lluvia, y en muy pocas horas supieron de su vida, sus amores, sus temores y hasta hicieron el pacto formal de no mentirse nunca, siendo ésta la primera verdad en esta nueva historia.

Bastó una suma de algunos minutos para que se encontraron sus miradas ansiosas de un fuego nuevo. La lluvia fue suficiente para saber que se habían fundido en una sola alma y en un solo ser como estaba escrito.

Se terminaron las mañanas de soledad en el puente, juntos cruzaban a las 7:30 am, tomados de la mano sabiendo que al primer aviso de la caída de la tarde irían juntos de regreso, rumbo a su refugio terrenal.

Ahí en su casa, donde ella tenía siempre todo preparado para llegar y poseerse por apenas unos minutos antes de tener que volver a su gris rutina nocturna.

Gozando de su deliciosa clandestinidad en la que ambos guardaban su amor como un celado secreto, a escondidas, a sabiendas de su falta de libertad y de sus temores.         Las níveas paredes fueron por primera y por muchas veces más, el mudo testigo del juego que salía por sus manos invadiendo cada milímetro de su piel.

Como si fuera su vez primera, recorrieron su cuerpo y su alma aprendiendo cada rincón, cada expresión y hasta cada respiración.

Un solo beso fue suficiente para devolver la chispa de vida a cada uno de los dos, sobre todo si seguían la pauta que ella marcaba para cada uno.

-En cada beso te quitaré el aliento y hasta la respiración. Dame tan sólo sesenta minutos para amarte desde el alma hasta los pies.

– Me has quitado en aliento, pero me has devuelto el alma.

Han pasado apenas 6 lunas, siendo para ambos una deliciosa eternidad, renaciendo cada día con la ilusión de verse, sentirse y tocarse.

¿A quién le importa la palabra?

Si de hoy a su tiempo final, son amantes. Amantes en vida plena. Amantes en cuerpo, en alma, en secreto para el mundo y gritado al universo.

Si son amantes entre ellos y nada más.

Nunca saldrás vivo

nunca saldrás vivo

nunca saldrás vivo

Carlos era un joven disciplinado, trabajador, y reservado, vivía solo porque había perdido hacia cuatro años a sus padres y hermana menor en un accidente de tráfico por culpa de un conductor ebrio que se saltó un semáforo. Él se salvó de milagro aunque estuvo mucho tiempo en el hospital. Paso por muchos psicólogos para superar ese tremendo drama, en su última sesión le dijo al doctor que en sus sueños una voz le decía que nunca saldrá del cementerio. Como todos los años, en la fecha del accidente Carlos iba a visitarlos, les llevaba flores, y les contaba cómo iba viviendo y superando su muerte. Ese día se entretuvo más de lo normal puesto que en la entrada había una joven muy guapa, y se quedó hablando con ella, al ir hacía la tumba donde yacían, resbaló y cayó dándose un golpe, se desmayó, cuando pudo cobrar la conciencia había oscurecido, no había nadie, fue a donde estaban sus padres, les dejo las flores, cuando detrás de él escucho una voz que dijo esta vez no saldrás del cementerio….

 

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