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Categoría: MICRORRELATOS (página 1 de 27)

Un Viaje Inesperado

Lo  encontré una tarde gris, recuerdo el frío traspasar mi piel, llovia igual que hoy, igual que ayer. Los ojos se me cerraban al caminar, la boina y el gabán calados gracias al aguacero y al olvido del paraguas. El viento frío como el hielo, impune e irreverente, me hacía caminar inclinado, invitaba a un encierro parcial en un hogar aclimatado de leña y fuego.

Pasamos al albergue de La Poza del Neón, un refugio caluroso en la angosta montaña donde los sin recursos podíamos comer, dormir y resguardarnos de las noches invernales de las viejas aldeas olvidadas de la  sierra madrileña.

Una única habitación gigantesca hacía las veces de salón y comedor, donde una chimenea antigua como las horas regurgitaba los troncos dando confort a los peregrinos.

El ama del lugar nos avió rápido en las viandas para que así pudiéramos descansar.

Yo mientras sorbía mi cuenco de sopa hirviente observaba el angosto lugar. Parecía más viejo que el mismísimo tiempo. De repente un sudor frío me subió por la espalda y  una fuerza brutal  le imponía un camino a mi mirada.  Y a mi alma.
Y allí, allí estaba observándome, llamándome a ciegas, sin una sola palabra. Encima del chisporroteante y acogedor fuego, en una repisa cubierta de un polvo amarillento, deslumbraba con letras de rojo carmesí, brillantes como ascuas, un único tomo que parecía antiguo como el tiempo y me llamaba, me atraía cual imán.
No pude resistirme a la tentación y en un descuido lo alojé en el interior de mi mochila sin saber muy bien por qué.
Esperando acabar la cena para subir a mi alojamiento y enfrascarme en la lectura de ese libro inadvertido del tiempo que me aclamaba, me llamaba, me ordenaba que lo rescatara de su eterno descanso.

Se acabó la hora de cenar y los amos del cobertizo, del refugio que nos libra de las noches lúgubres, se disponían a darnos nuestro termo diario de café caliente y a cerrar el salón por esta noche.

Se nos allegaba el silencio, la tropa de desahuciados se disponía a dormitar otra noche más.

Yo volví al calor de las ascuas del salón cuando todo se calló. Dispuesto a leer ese libro que me habia embrujado.
Me acurruquè cerquita del hogar, saqué el desvencijado ejemplar y me dispuse a leer el título.
No me había dado cuenta todavía que no sabia el título de la obra. Increíble que ese libro embrujado me hiciera codiciarlo sin aun saber su nombre.

Miré expectante la sobrecubierta empolvada…”El Señor de los Anillos”

Dios! Pensé, en estos tiempos de miseria y hambruna, un señor de oro, qué bueno!

 Abrí la cubierta y leí:

“Un anillo para gobernarlos a todos,
Un anillo para encontrarlos,
Un anillo para unirlos a todos
Y atarlos en las tinieblas”

Joder qué fuerte, me dije. Y me dispuse, vela en ristre a deshojar una a una todas las páginas de ese libro.

De pronto un golpe en la cabeza me hizo adentrarme en la oscuridad de la noche.

Continuará…

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El último cuento

El último cuento

El último cuento

-Vamos papa, ya he acabado de cenar y me he lavado los dientes, acuérdate que hoy te toca contarme un cuento!, mientras mama se ducha.

Si, mi tesoro venga vamos.- contestó el padre.

Cuenta la historia que había una vez una ardilla, que vivía en un pequeño árbol solitario, en lo más alto de la colina, el árbol estaba contento porque tenía una amiga desde hacía mucho tiempo y así no se sentía solo, un día, la ardilla estaba triste, no saltaba de rama en rama, como todas las mañanas, y bajaba para ir a buscar comida, y ….. nunca acabo ningún cuento carla, siempre te quedas dormida antes del final, pero bueno yo te lo cuento que seguro me estarás escuchando….

–  Toc, Toc, abre tú cielo que acabo de contar el cuento a la niña!
-Buenas noches, dígame. – dijo la madre!
-Buenas noches, la señora Perez? ,
-Si soy yo, en que le puedo ayudar, caballero?
-Soy el sargento Zamora, lo siento mucho señora pero tengo que decirle que su marido y su hija, han fallecido en un accidente de tráfico.
-Me está tomando el pelo señor agente, es una broma de mal gusto y a estas horas de la noche, mi marido está abajo contándole un cuento a mi hija para que se duerma.
-Carla! Javier! , contestar por favor Carla! Javier! donde estáis? Me estoy asustando, Carla!! Carla!!!…..

 

 

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Inocencia

Inocencia

Me llamo Pablo y tengo 12 años, no se muy bien que hago aquí pero os contaré una historia, resulta que mi abuelo era un hombre bueno, de esos en los que puedes confiar toda la vida que jamás te traicionará, ni te dejará solo, Mi abuelo me decía desde que era pequeño que los monstruos existían, que están ocultos entre la gente, que parece que no los puedes ver, pero de repente se revelan y salen, decía que todo el ser humano tenía un monstruo dentro, que en algunos casos se transformaba y en otros no. No logré entender muy bien todo esto pero seguro que tenía razón. Siempre me aconsejaba que fuera feliz, que no dejara que saliese ese ser malvado.
–  Pablo, Pablo te habla el sargento García, estás en la comisaría de policía que te ha pasado hijo?.
–  Señor, señor, no lo se, no lo se. contestó Pablo
–  Agentes ayudarme que venga emergencias este niño está lleno de sangre!!!!
–  Pablo me puedes explicar lo que te ha pasado, esta sangre es tuya?, contesta!!
–  No señor esta sangre no es mía, es de mi abuelo y de mi mama, están muertos en mi casa!!, ahora entiendo lo que mi abuelo me decía, los monstruos si existen!!!

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