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Categoría: MICRORRELATOS (página 1 de 27)

Nunca saldrás vivo

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Carlos era un joven disciplinado, trabajador, y reservado, vivía solo porque había perdido hacia cuatro años a sus padres y hermana menor en un accidente de tráfico por culpa de un conductor ebrio que se saltó un semáforo. Él se salvó de milagro aunque estuvo mucho tiempo en el hospital. Paso por muchos psicólogos para superar ese tremendo drama, en su última sesión le dijo al doctor que en sus sueños una voz le decía que nunca saldrá del cementerio. Como todos los años, en la fecha del accidente Carlos iba a visitarlos, les llevaba flores, y les contaba cómo iba viviendo y superando su muerte. Ese día se entretuvo más de lo normal puesto que en la entrada había una joven muy guapa, y se quedó hablando con ella, al ir hacía la tumba donde yacían, resbaló y cayó dándose un golpe, se desmayó, cuando pudo cobrar la conciencia había oscurecido, no había nadie, fue a donde estaban sus padres, les dejo las flores, cuando detrás de él escucho una voz que dijo esta vez no saldrás del cementerio….

 

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Otra del capitán

No es común que alguien salga en medio de un torrencial aguacero.
Todo lo contrario, las personas buscan donde refugiarse y escampar
ese temporal.
A través de la ventana de cristal se le podía mirar, parecía a aquellas golondrinas que surcan como locas de alegría los aires cuando va a llover.
Y le observé.
Nada me inmuto, ni siquiera aquellas mezcladas charlas dentro del café.
El lugar estaba concurrido, el clima ameritaba un aromático en espera que
dejara de llover. Sin perder detalle, le mire detenidamente, sin dejar de percibir el aroma que el humo emanado de la taza daba a mis fosas nasales.

Corría, saltaba y disfrutaba sobre los charcos de agua, elevaba sus brazos
con la mirada al cielo y toda su existencia recibía aquel diluvio.
Festejaba y bailaba hasta abrazarse del poste de una lámpara.
Con un brazo sobre ese poste y con la otra mano colocada sobre sus ojos
cual vigía de un navío en busca de tierras cercanas.
Y con un pedazo de cartón encontrado, elaboró un barco que colocó
sobre la corriente que bajaba sobre la avenida.
¡Vamos! ¡avancemos! que ninguna tormenta nos detendrá. Gritos eufóricos
de un capitán de los mares con andrajosas ropas empapadas de lluvia.
El barco se perdió entre la fuerte corriente, llamo gaviotas a las pocas
golondrinas que cercano a él pasaban.

Se detuvo y observó cómo su pedazo de cartón era destruido, hundido
perdiéndose calle abajo. Metió sus manos a las bolsas del pantalón,
miro al cielo y dando media vuelta se enfilo hacia la avenida.
Camino perdido, sin rumbo a la deriva bajo la tempestad y la lluvia, de la misma manera que su barco de cartón.
Una vez más el loco capitán, aquel que del manicomio escapó, volvió
a vivir otra fantasía marina ahora provocada por la lluvia tormentosa.
Enfrento su mundo como el capitán más valiente, festejo bajo la lluvia
mientras los demás acobardados nos tomábamos un café caliente
observándolo.
Yo a su vez escribía esta historia con cierta tristeza y admiración.

Xavier H.©

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Hadas de oscuridad

De oscuros matices y vuelos nocturnos confundidas con las mariposas negras
que pelean por la claridad de aquellos faros que angustiosamente luz dan
a las calles semidesiertas.
Hadas negras de gótica presencia, juventud en flor que despierta sensaciones,
oscuridad de una identidad que desapercibida debe pasar.
Prescinden de los faros, pues tienen su lugar, su santuario, ganando sin luchar
las presas que las mariposas negras esperan en una esquina.
Entre nubes negras del humo su fisonomía contorsiona y baila sensual cual
danza árabe en su mejor esencia.
Hechiceras de la noche, seductoras de almas lujuriosas que se pierden en la
oscuridad de su santuario, venerandoles, deseandoles.
Admiradas y pretendidas donde todo se es capaz de perder por una noche
en su cama.
Hadas oscuras que atrapan por una juventud, donde la belleza y casi perfección
no da tregua a un maldito no, para sucumbir entre sus labios, para asesinar
el tiempo de toda una noche sin salir de allí.
Y qué más da si un hada negra solo despertó al deseo sin llegar a matarlo
dentro de un cuarto de hotel.
Para eso están las mariposas negras esperando afuera, entre la frialdad de
la madrugada y revoloteando entre la discreta luz del farol.

Xavier H.©

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