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Mi corazón en tus manos 6.

Mía entró en el ascensor y Juan entró tras ella. Juan pulsó el botón de la planta baja y las puertas del ascensor se cerraron. Mía tuvo que recordar cómo se respiraba para no desmayarse al verse encerrada con él en esas cuatro paredes metálicas de tan solo tres o cuatro m2. Cuando el ascensor llegó a la planta baja, las puertas se abrieron y Mía dio gracias en silencio.

Salieron del edificio bajo el asombro y las miradas de todo el personal de la empresa con los que se cruzaron, pero Juan actuó con normalidad y volvió a colocar su mano sobre la espalda de Mía para guiarla hacia a la salida. Mía se sentía rara con todas esas miradas centradas en ellos y, cuando estuvieron fuera de aquel majestuoso y elegante edificio, las miradas de las personas que por la calle caminaban también se posaban sobre ello. Los hombres le miraban con respeto, las mujeres le miraban tratando de seducirle.

Al volver la esquina, cruzaron la calle y entraron en un elegante restaurante, donde uno de los camareros les atendió nada más verles y les acompañó hasta una de las mejores mesas del lugar. Allí donde fuera, Juan era tratado como un rey y Mía no podía entender cómo podía comportarse con tanta naturalidad sabiendo que todo el mundo estaba pendiente de él, por lo que se acercó un poco y le preguntó en voz baja:

–  ¿No le resulta incómodo ser el centro de todas las miradas a donde quiera que vaya?

–  Supongo que estoy acostumbrado. – Le respondió Juan encogiéndose de hombros. – Y por favor, trátame de tú.

–  De acuerdo, Juan. – Le dijo Mía sonriendo. – ¿Te parece bien si grabo la conversación mientras empiezo a hacerte preguntas?

–  Me parece bien. – Le confirmó Juan.

–  ¿Cómo surgió la idea de montar una empresa de seguridad? – Comenzó a preguntar Mía. – Viniendo de una familia de médicos, supongo que todo el mundo esperaría que tú también lo fueras.

–  Desde pequeño tuve claro que no sería médico, no sirvo para eso y mi familia lo sabe. – Respondió Juan. – Me alisté en el ejército después del primer año en la universidad y acabé la carrera a distancia. Tras cinco años en el ejército, decidí crear mi propia empresa de seguridad privada. La seguridad es algo que me gusta y de lo que entiendo, una buena forma de ganar dinero.

–  ¿Cómo fue el principio?

–  El principio fue duro. – Reconoció Juan mientras bebía un trago de su copa de vino. – Mis padres pensaban que era una idea descabellada y una forma rápida de perder dinero, mis amigos simplemente creían que me había vuelto loco. Invertí todos mis ahorros en la empresa y poco a poco fui teniendo más clientes y aumentando la cantidad de empleados.

Mía continuó haciendo preguntas y Juan las respondió todas prestando atención y sin mostrar ni un solo gesto de impaciencia.

Pasaron más de dos horas sentados en aquel restaurante comiendo mientras charlaban. Juan pidió la cuenta y se empeñó en pagar pese a que Mía insistió en que no era necesario. Al salir del restaurante, Juan no quería separarse de ella tan pronto y, tratando de disfrutar un rato más de su compañía, le dijo:

–  Bueno, pues ya tienes tu entrevista, siento haberte hecho esperar.

–  No te preocupes, ya lo he olvidado. – Le respondió Mía sonriendo. – Pero aún falta que Roberto te haga la fotografía que acompañará el reportaje, tendrás que quedar con él.

–  ¿Tenéis estudio fotográfico en la redacción? – Preguntó Juan.

–  Sí, por supuesto. – Le confirmó Mía.

–  El viernes por la mañana tengo un hueco libre, puedo pasar por la redacción y hacerme esa foto, ¿te parece bien? – Le propuso Juan.

–  No los sé, depende de la agenda de Roberto, él es el fotógrafo.

Juan sacó de su bolsillo una de sus tarjetas de presentación y un bolígrafo y apuntó por detrás de la tarjeta su número de móvil personal. Se guardó el bolígrafo de nuevo en el bolsillo y le entregó la tarjeta a Mía al mismo tiempo que le dijo:

–  Habla con el fotógrafo y, cuando tengas una respuesta, llámame para confirmarlo. – Le dedicó una amplia sonrisa y añadió: – Te he apuntado mi número de móvil personal detrás de la tarjeta, así podrás localizarme directamente sin necesidad de hablar con Berta.

–  Me gusta hablar con Berta, ¿cuál es el problema?

–  No hay ningún problema, puedes hablar con Berta cuando quieras. – Le aclaró Juan. – Tan solo trataba de decir que me gustaría que me llamaras a mí directamente para comunicarme si el fotógrafo estará libre el viernes por la mañana.

–  Descuida, lo haré. – Le confirmó Mía. Le estrechó la mano para despedirse y añadió: – Te llamaré mañana y te confirmaré la cita con Roberto para el viernes.

Juan vio como Mía alzaba el brazo para coger un taxi y, sin querer separarse de ella, la agarró del brazo con suavidad y le dijo:

–  Tengo el coche en el parquin de la oficina, puedo llevarte a donde quiera que tengas que ir.

Mía se quedó realmente sorprendida por aquel ofrecimiento, nunca hubiera pensado que un tipo como Juan Cortés se ofreciera a llevarla a casa teniendo en cuenta lo valioso que debía ser su tiempo y lo insignificante que era ella en comparación con sus ricos y famosos clientes.

–  Te lo agradezco, pero cogeré un taxi. – Logró contestar con una sonrisa tímida. – No quiero causarte ninguna molestia.

–  No es ninguna molestia, te acompañaré. – Sentenció Juan aferrándose a lo único que podía para pasar un rato más con ella. – ¿A dónde he de llevarte?

–  A casa, la loca de mi hermana está en plena crisis de psicosis y, tras darme una ducha y quitarme estos zapatos que me están matando, tendré que tratar de calmarla. – Bromeó Mía.

Ambos se dirigieron al parquin del edificio de Cortés para subirse al Audi R8 de Juan. Tras darle la dirección de su casa, Juan condujo hasta el barrio y aparcó frente al edificio donde Mía vivía.

–  Ya hemos llegado, ¿has visto que rápido? – Le dijo Juan en cuanto aparcó.

–  Gracias por traerme a casa, Juan. – Le agradeció Mía.

–  No tienes nada que agradecerme, ha sido un placer. – Le aseguró él. – Espero tu llamada para confirmarme si finalmente tu fotógrafo me puede atender el viernes.

–  Mañana por la mañana te llamaré para confirmarlo. – Le aseguró Mía. Le dio un beso en la mejilla a modo de despedida y salió del coche para encaminarse a la portería de su edificio bajo la atenta mirada de Juan, que solo podía pensar en que aquel barrio era demasiado peligroso para que una mujer viviera sola.

Entonces se dio cuenta de que no sabía nada sobre la vida de Mía, podía estar casada felizmente o incluso tener hijos y él no saber absolutamente nada. Pensar en ello le hizo sentir mal, deseaba que Mía solo fuera suya, que los hijos que tuviera fueran hijos suyos y que el único hombre que tuviera derecho a tocar y acariciar su piel fuera él.

Se despidió con una amplia sonrisa en los labios sabiendo que al día siguiente hablaría con ella y que el viernes próximo la vería, y regresó a su oficina. Pese a que le había dicho a Mía que se iba a tomar el resto de la tarde libre, Juan tenía muchas cosas en las que pensar relacionadas con el trabajo y otras muchas más relacionadas con ella, que acababa de poner todo su mundo patas arriba.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!
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4 Comentarios

  1. Y de postre? Ahora dudo si se escribe parquin. Parquing. Parking. Garage, garaje. Un simple Aparcamiento quedaría bien? Un beso.

  2. Garaje con j, eso seguro, jejeje. En cuanto a lo del parking o parquin, creo que por la RAE es Parking o aparcamiento, pero depende del corrector que utilice me aparece parking, parquin, así que sinceramente, no sé si parquin es correcto… jajaja. Con tanto anglicismo ya no sé ni hablar ni escribir! Besotes! 😉

    • Yo tampoco lo sé, por eso me decanto al final por poner un sinónimo que conozca bien. Si que sabes escribir, y muy bien además, lo que pasa es que a mi me gusta que me avisen de los fallos que cometo, sobre todo con la h, que para ser muda hay que ver como canta si no la pones. Y creo que a los demás les gusta igual. Un beso.

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