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Mi corazón en tus manos 5.

El martes por la mañana Mía se levantó a las siete, se duchó y se dirigió a la redacción. Se sentó en su mesa y se puso al día sobre varios asuntos antes de hacer una pausa para desayunar y repasar el borrador de las preguntas para la entrevista con Juan Cortés.

A las diez y media de la mañana, Roberto llamó a la puerta del despacho de Mía y le dijo:

–  Ya es la hora, ¿estás lista?

–  Sí, dame un segundo que cojo el bolso y nos vamos.

Roberto y Mía llegaron a las oficinas de la empresa de Juan Cortés y ambos se quedaron fascinados con el moderno y lujoso edificio diseñado exclusivamente para que el señor Cortés instalara las oficinas de su empresa. Mía había visto muchas veces el edificio desde la calle, pero nunca había tenido la ocasión de entrar y le causó una muy buena impresión. Los suelos eran de mármol oscuro y las paredes estaban pintadas de un gris oscuro que contrastaba con la blanca luz de los techos.

Se dirigieron a la recepción donde una exuberante pelirroja les indicó cómo llegar al despacho del director, situado en la última planta del edificio.

Cuando llegaron a la décima planta, las puertas del ascensor se abrieron y les recibió una mujer de unos cincuenta y cinco años que mostraba su perfecta dentadura con una sonrisa.

–  Buenos días. – Les saludó la mujer amablemente. – Soy Berta Toledo, supongo que ustedes deben ser Mía Swan y Roberto García, de Society, ¿cierto?

–  Así es, señora Toledo. – Le dijo Mía mientras la saludaba estrechándole la mano. – Encantada de conocerla.

–  Por favor, llámame Berta. – Le dijo ella con una amplia sonrisa. El señor Cortés está reunido pero no tardará en recibirles, ¿les apetece que les traiga un café?

–  Eso me recuerda algo. – Le dijo Mía divertida. Le entregó una bolsa de papel y añadió: – Chocolate suizo, bombones parisinos y un par de cupcakes caseros que te encantarán.

–  Acabas de ganarte una amiga para siempre. – Le respondió Berta divertida.

Berta les hizo pasar al interior de la oficina y les acompañó hacia una estancia abierta que hacía de sala de espera situada frente al despacho del director y junto al escritorio de Berta, su secretaria.

Berta desapareció y regresó cinco minutos después con una bandeja cargada con dos cafés y dos magdalenas de chocolate y la depositó sobre una pequeña mesa auxiliar que había frente a ellos:

–  Tomad un segundo desayuno mientras el señor Cortés termina su reunión, no tardará en recibiros.

Pero Berta se equivocó. Llevaban esperando casi una hora a que el señor Cortés se dignara a recibirles cuando Roberto se puso en pie y le dijo a Mía:

–  No puedo esperar más, tengo que hacer las fotos de otro reportaje y si me quedo cinco minutos más llegaré tarde. – Miró hacia a la puerta cerrada del despacho del director y añadió: – Te va a hacer perder el tiempo, tú también deberías marcharte.

–  Esperaré un rato más, no quiero irme sin la entrevista. – Le dijo Mía. – Ya haremos las fotos otro día, no te preocupes por eso.

Mía esperó veinte minutos más hasta que por fin la puerta del despachó se abrió y de ella salieron dos tipos con cara de pocos amigos que se marcharon sin despedirse. Berta llamó a Juan Cortés a su despacho y le anunció que Mía aún seguía esperando. Tras colgar, Berta le dijo a Mía con una amplia sonrisa:

–  Puedes pasar, Mía.

Mía se puso en pie y entró al despacho caminando con seguridad y sin poder ocultar se expresión de molestia por la desfachatez que el señor Cortés había tenido recibiéndola una hora y media más tarde de la cita acordada.

Juan Cortés estaba con los codos apoyados sobre la mesa y las manos sobre su cabeza. Parecía cansado y no estar de muy buen humor, por lo que Mía decidió decirle:

–  Si no es un buen momento, puedo volver mañana.

Juan levantó la cabeza y su rostro se iluminó al ver la cara angelical de Mía, que le miraba con el ceño fruncido y le pareció realmente irresistible.

–  Discúlpeme por haberla hecho esperar tanto, señorita Swan. – Le dijo Juan mostrando su mejor sonrisa. – ¿Su fotógrafo se ha marchado?

–  Tiene una agenda muy apretada y no podía esperar más a que usted nos recibiera, espero que podamos concertar otra cita en la que puedan realizarle la fotografía para el reportaje. – Le contestó Mía molesta por aquella demora.

–  Touchée. – Le respondió Juan. – ¿Qué le parece si la invito a comer a modo de disculpa y prometo contestar a todo lo que me pregunte?

–  Es una oferta tentadora, siempre y cuando sea capaz de cumplirla, señor Cortés. – Le reprochó Mía empezando a jugar un juego peligroso.

Juan le dedicó una sonrisa traviesa antes de descolgar el teléfono para llamar a Berta y decirle:

–  Berta, cancela mis citas para el resto del día. – Colgó el teléfono y se volvió hacia a Mía para preguntarle sin dejar de sonreír: – ¿Dónde le apetece ir a comer, señorita Swan?

Puedo comer aquí mismo si tú eres la comida, pensó Mía. Pero trató de serenarse para que su voz sonara calmada y le contestó:

–  Cualquier lugar que escoja estará bien, señor Cortés. – Sacó su móvil del bolsillo y añadió: – Si me disculpa, he de hacer una llamada antes de salir. – Juan asintió con la cabeza y Mía se dispuso a llamar a su hermana, de la que tenía nueve llamadas perdidas.

–  ¿Se puede saber dónde estás? ¡Llevo una hora llamándote! – Le dijo Karen en cuanto descolgó el teléfono. – Necesito que nos veamos, tengo que hablar contigo.

–  Estoy trabajando, Karen. – Le dijo Mía armándose de paciencia. – Te llamaré en cuanto pueda y hablamos, trata de calmarte mientras tanto y no hagas ni digas ninguna tontería, que nos conocemos.

Mía se despidió de su hermana y Karen no insistió más, sabía que por el tono de voz de Mía aquel no era un buen momento para molestarla.

Mía salió del despacho seguida de Juan Cortés y se paró para despedirse de Berta, quien le hizo prometer que volvería pronto para saludarla. Juan observó aquella escena, Berta había sido su niñera cuando él era pequeño y más que una empleada siempre había sido una más de la familia y nunca le había gustado ninguna mujer en la que Juan pudiera fijarse, sin embargo, igual que él, Berta también parecía haberse prendido de aquella chica alegre y llena de energía.

Tras despedirse de Berta con una amplia sonrisa y un guiñándole el ojo con un gesto de complicidad, Juan colocó su mano sobre la parte inferior de la espalda de Mía y la guió por el pasillo hacia el ascensor.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

2 Comentarios

  1. Ese fotógrafo no es muy hábil que le van a quitar la chica a poco que se descuide. Y entretanto nosotros quedamos a la espera de conocer el menú. Habrá postre? Un abrazo.

    • Por supuesto que habrá postre, jejejej!!! Me parece a mí que el fotógrafo tiene poco que hacer con ella… La semana que viene, un nuevo capítulo. Muchas gracias por tu comentario y otro abrazo enorme para ti! 😉

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