Mía se despertó con el estruendo del sonido del timbre de su piso y, al ver que no cesaban de llamar al telefonillo, decidió levantarse y abrir la puerta. Eran las once de la mañana de un domingo de resaca y no estaba de humor, así que agarró el telefonillo y contestó malhumorada:

–  ¿Quién es?

–  ¡Tita! – Gritaron sus sobrinas al unísono.

Mía quiso matar a su hermana, sin duda alguna, ella era la adulta que acompañaba a las niñas a su casa sabiendo que había salido la noche anterior. Abrió la puerta y se dirigió a la cocina para tomarse un paracetamol, lo iba a necesitar si esos dos diablillos se quedaban más de cinco minutos allí.

–  ¿Estás visible? Espero no interrumpir nada…

–  Si no quisieras interrumpir nada no hubieras venido un domingo a las once de la mañana. – Le reprochó Mía a su hermana. Se volvió hacia a sus sobrinas y les dijo: – Princesas, la tita tiene un dolor terrible de cabeza. Id al comedor y poned la televisión mientras yo hablo con mamá, ¿de acuerdo?

Las niñas asintieron con la cabeza y desaparecieron para hacer lo que su tita les había pedido.

–  No sé cómo lo haces, pero te hacen más caso a ti que a mí. – Comentó su hermana tratando de sonar natural y espontánea.

–  Déjate de rollos, Karen. – Le dijo Mía. – ¿Qué cojones está pasando?

–  No sé por dónde empezar. – Le respondió Karen con un hilo de voz.

–  Empieza por el principio. – Le recomendó Mía.

–  Todo empezó hace un par de semanas, Tom llega todos los días tarde a casa y cuando le pregunto siempre me contesta que ha salido tarde del trabajo, pero el viernes por la tarde me encontré a la mujer de un compañero suyo que lleva a sus hijos al mismo colegio que llevo a las niñas y, hablando de una cosa y otra, me dijo que va todas las tardes con su marido a clases de baile de salón, que empiezan a las seis y terminan a las ocho de la tarde. – Le dijo su hermana con los ojos anegados de lágrimas. – Tom no llega a casa antes de las nueve de la noche, creo que me está engañando con otra, Mía.

Mía pensó en su cuñado Tom, al que siempre había considerado un buen tipo que vivía por y para complacer a su hermana y a sus dos hijas. No podía imaginarse a su cuñado siéndole infiel a Karen, Tom era demasiado bueno para hacer algo así y estaba enamorado de su hermana, no hacía falta más que ver cómo la miraba y sonreía.

–  Analicemos la situación. – Le dijo Mía tratando de aclarar la situación. – No tienes ninguna prueba de que Tom te sea infiel, puede que trabaje en otro departamento distinto al de su compañero y por eso él se tenga que quedar trabajando hasta tarde. – Le miró a los ojos y se arriesgó a preguntar: – ¿Ha cambiado algo en vuestra relación? ¿Seguís…? Ya me entiendes.

–  Sí, seguimos haciendo el amor. – Le contestó Karen sorprendida. – ¿Desde cuándo te da tanto reparo hablar conmigo de sexo?

–  Desde siempre, solo que hoy no me siento con fuerzas para disimularlo. – Le contestó Mía rodando los ojos. – Sinceramente, no creo que Tom te ponga los cuernos.

Mía pasó la mañana hablando con su hermana sobre Tom y vigilando a los dos diablillos de pelo rubio que trotaban por la casa tocándolo todo. Cuando su hermana se marchó con sus sobrinas casi a las dos de la tarde, Mía contempló su apartamento, en el que parecía haber entrado un huracán removiéndolo todo.

Abrió la nevera y calentó en el microondas las sobras de la cena del viernes. Después de comer, recogió el desorden que sus adoradas sobrinas habían causado en su piso y se echó una siesta, estaba cansada y le dolía la cabeza.

A última hora de la tarde, Mía recibió la llamada de teléfono de Natalia, quien se había pasado la mayor parte de la fiesta de casa de Daniel hablando con Miguel Cortés, el tipo que le propinó un puñetazo a Pablo.

–  Está confirmado, los príncipes azules existen. – Le dijo Natalia alegremente desde el otro lado del teléfono. – Miguel es perfecto, creo que me he enamorado de él.

–  Suelta por esa boquita todo lo que hiciste, quiero saber hasta el último detalle. – La animó Mía divertida. – Te acompañó a casa, ¿no?

–  Me acompañó a casa, pero no subió. – Le aclaró Natalia y añadió bromeando: – Las princesas no se tiran a los príncipes azules la primera noche. – Se puso seria y le dijo a Mía: – Se portó conmigo como un auténtico caballero, me acompañó a casa y, tras pedirme el número de teléfono, se despidió dándome un beso en la mejilla y prometiendo que me llamaría hoy y se marchó.

–  ¿Te ha llamado? – Le preguntó Mía pese a que conocía la respuesta por la alegría en el tono de voz de su amiga.

–  ¡Sí! Y me ha invitado a cenar mañana. – Exclamó Natalia eufórica.

–  Debe de gustarte mucho para aceptar una invitación a cenar un lunes por la noche. – Opinó Mía teniendo en cuenta que Natalia a penas salía entre semana, iba del trabajo a casa y de casa al trabajo.

–  Lo sé, pero no he podido negarme. – Le confesó Natalia. – Mañana por la noche, en cuanto llegue a casa, te llamo y te cuento.

–  Más te vale. – Le advirtió Mía. – Hasta mañana, Nati.

–  Hasta mañana, deséame suerte. – Se despidió Natalia antes de colgar.

Mía sonrió ante las ocurrencias y puntos de vista de su amiga y decidió darse una ducha antes de irse a dormir. Al día siguiente tenía que madrugar y los lunes siempre eran duros en la redacción.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!