Tras aquellos reproches, ambos se pusieron de mal humor. Juan no entendía por qué Mía no le había dicho que era la hija del comandante de la región y Mía no entendía por qué Juan creía que tenía que decírselo. No era algo que a ella le gustara contar, a Mía siempre le había gustado ganarse las cosas por sus propios medios y eso en ocasiones le hacía omitir que era la hija de su padre, no quería que se le acercaran por el interés.

–  De acuerdo, no pasa nada. – Sentenció Juan tratando de calmarse. – Tu padre quiere que te quedes en la base pero, si permites que te dé mi opinión, creo que lo mejor y más cómodo para todos es que te quedes aquí, aunque tu padre se empeñe en todo lo contrario.

Juan estaba molesto y no podía ocultarlo, no le había gustado nada la idea de no seguir disfrutando de la compañía de Mía después de haberse hecho a la idea que pasaría unos días con ella. Mía se percató que Juan estaba molesto y trató de suavizar la situación, suavizó su tono de voz y le preguntó:

–  ¿Eso significa que me puedo quedar aquí?

Juan la miró, le dedicó una sonrisa que la desarmó y, mientras tiraba de ella para abrazarla en el sofá, le susurró al oído:

–  Sí, ¿voy a tener que secuestrarte para que te quedes?

–  Creo que no te va a hacer falta. – Bromeó Mía colocándose sobre él a horcajadas.

–  Mm… Me temo que tendremos que seguir en mi habitación con esta conversación, a menos que quieras escandalizar a Rosario. – Bromeó Juan disfrutando de la entrega de Mía. La cogió en brazos y la llevó a su habitación donde la tumbó en la cama y le preguntó divertido: – ¿Por dónde íbamos, preciosa?

–  Por eso de escandalizar. – Le dijo Mía juguetona.

Juan no la dejó hablar más, rápidamente sus ropas volaron hasta aterrizar en el suelo y de nuevo regresaron las caricias y los besos.

Después de casi tres horas dando rienda suelta a la pasión, ambos decidieron darse un descanso y se quedaron tumbados sobre la cama. Juan atrajo a Mía hacia a sí y la abrazó, sentía la necesidad de tenerla cerca y a ella no pareció importarle que él la abrazara.

Mía se quedó dormida y Juan se dedicó a observarla. Nunca se había sentido así por ninguna mujer y mucho menos por una a la que acababa de conocer, pero con Mía todo era distinto. Mía abrió los ojos y se encontró con el relajado rostro de Juan que le dedicaba una amplia sonrisa.

–  Hola dormilona.

–  No puedes culparme de dormir tanto si eres tú quién me deja agotada. – Protestó Mía entre risas.

Como si de un juego se tratara, ambos se vistieron y bajaron a la cocina a preparar la cena. Como era de esperar, la hermana de Mía la volvió a llamar y Mía, al tener las manos manchadas, activó el manos libres del móvil:

–  ¡Hola Pitu! ¿Cómo estás? – Preguntó Karen nada más descolgar.

–  Estoy perfectamente, Karen. – Respondió Mía rodando los ojos mientras Juan la observaba.

–  Me alegro que estés bien porque papá está hecho una fiera, me ha llamado esta tarde y me ha dicho que está preocupado por ti, ni siquiera lo había visto así con lo de Pablo.

–  Ya conoces a papá, Karen. – Se resignó Mía. – ¿Cómo están mis princesas?

–  No dejan de preguntar por su tita Mía, ¿vendrás mañana a verlas? – Le dijo Karen. – Te echan de menos, Pitu… Y yo también.

–  Te prometo que mañana pasaré a verte. – Le prometió Mía.

–  ¿Te quedarás a comer? Puedes traer a tu amigo si quieres, alguien tendrá que agradecerle que te haya cuidado y me parece que papá no está por la labor. – Le dijo Karen.

Mía miró a Juan antes de responder a su hermana. Una cosa era ir ella a comer a casa de su hermana y otra muy distinta era ir con Juan. Estaba segura que no la dejarían ir sola, por lo que si no iba con Juan la obligarían a ir con Vladimir y esa no era una opción.

–  Mañana por la mañana te llamo y te lo confirmo. – Le dijo finalmente Mía.

–  De acuerdo Pitu, pero no me falles. – Le dijo su hermana antes de colgar.

Mía suspiró aliviada porque aquella conversación hubiera finalizado, si lo hubiera sabido ni siquiera hubiera contestado al teléfono en ese momento. Juan se sorprendió porque Mía no le hubiera confirmado que iría con él y no pudo evitar preguntar:

–  ¿No quieres que vaya contigo a comer a casa de tu hermana, Pitu?

–  No quiero ponerte en un compromiso, pero si la otra opción es ir con Vladimir… – Mía no pudo terminar la frase, Juan estalló a reír a carcajadas. – ¡No tiene gracia! – Le reprochó.

Juan la abrazó y le susurró al oído:

–  ¿Quieres que vaya contigo mañana?

–  Sí, pero no quiero causarte más molestias. – Le confesó Mía.

–  Te acompañaré encantado y no será ninguna molestia. – Le dijo Juan. – Háblame de tu hermana y de tus princesas.

Mía y Juan se pasaron horas hablando de su familia, Mía le habló de sus padres, de su hermana, de su cuñado, de sus sobrinas y de todos sus amigos mientras que Juan le habló de sus padres, de su hermano Miguel y de su hermana pequeña Noelia.

–  No me habías dicho que tenías una hermana. – Comentó Mía sorprendida porque no la hubiera mencionado en la entrevista.

–  Es mi hermana pequeña y siempre trato de protegerla, sobre todo ante la prensa. – Se justificó Juan.

Después de cenar, charlar y ver una película, decidieron irse a dormir. Cuando entraron en la habitación, Mía se quedó un poco desconcertada. Juan se dio cuenta y le dijo:

–  No te preocupes, yo dormiré en el sofá.

–  Ya hemos compartido cama, no creo que pase nada porque durmamos juntos. – Sugirió Mía.

–  ¿Estás segura? – Preguntó Juan.

–  Completamente. – Le contestó Mía.

Juan la besó en la frente con un gesto cariñoso y le dijo tras darle una palmada en el trasero:

–  A dormir, Pitu.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!