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Mi corazón en tus manos 13.

Tras hacer el amor, ambos se tumbaron en la cama completamente desnudos hasta que sus respiraciones se normalizaron. Juan no quería dejar de estrecharla entre sus brazos y, disfrutando de aquel maravilloso momento que la vida le brindaba, cogió a Mía en brazos y, mientras caminaba con ella hacia el baño, le dijo divertido:

–  Hora de ducharse, preciosa.

Tras una rápida ducha que les supo a poco y les dejó con ganas de más, Juan y Mía bajaron a la cocina donde Rosario ya había puesto la mesa y estaba sirviendo los platos. Para sorpresa de Mía, en cuanto se sentaron en la mesa Rosario desapareció y tampoco había ni rastro de Vladimir.

–  ¿Ellos no comen con nosotros? – Preguntó Mía.

–  No, nunca suelo comer en casa y supongo que Rosario y Vladimir han preferido dejarnos a solas.

Comieron la deliciosa comida que Rosario les había preparado y después pasaron al salón, donde comenzaron a ver una película hasta que Mía se quedó dormida y Juan decidió llevarla en brazos a su cama para que descansara y la arropó con una manta para evitar que cogiera frío.

Una vez hubo acomodado a Mía, Juan se dirigió a su despachó para adelantar algo de trabajo cuando Vladimir llamó a la puerta y, tras obtener permiso para entrar, le dijo a Juan:

–  El comandante de la región se acaba de hacer con el caso del accidente y viene de camino hacia aquí, sabe que ibas acompañado y también se ha interesado por ella.

Juan supo que había algo más que Vladimir quería decir, pero suponía que estaba buscando la forma de decirlo. Finalmente, Juan le animó:

–  ¿Hay algo más que deba saber?

–  No estoy seguro, pero me pareció extraño que el comandante de la región y tu amiga Mía tengan el mismo apellido, puede que sean parientes… – Dejó caer Vladimir.

–  Averígualo. – Le ordenó Juan sorprendido. ¿Tenía Mía algo que ver con aquel comandante? Si así era, quería estar al corriente antes de que el susodicho llegara.

–  No puedo acceder al historial del comandante, como es lógico al tener un rango superior, pero la base de datos tampoco me da acceso al historial de tu amiga, me lo deniega al tratarse de un archivo confidencial por el ejército. – Le informó Vladimir. – O tu amiga tiene algo que ver con el comandante o nos oculta algo, ¿crees que puedes fiarte de ella?

–  ¡Por supuesto que sí! – Le replicó Juan molesto.

–  Apenas hace unos días que la conoces, podría ser cualquier persona y podría estar metida en cualquier cosa. – Le advirtió Vladimir. – Creo que por lo menos deberías tenerla vigilada.

Aquellas palabras de Vladimir le dejaron bastante desconcertado. Vladimir era muy estricto en cuanto a seguridad se refería, pero no se equivocaba nunca.

Juan se levantó y se dirigió a su habitación. Abrió la puerta sin hacer ruido y se encontró a Mía durmiendo, tal y cómo la había dejado, ni siquiera se había movido. Se sentó a los pies de la cama y se quedó observándola hasta que llamaron al timbre y Juan bajó las escaleras para recibir a su invitado, el comandante Swan.

–  Buenas tardes, teniente Cortés. – Le dijo el comandante Robert Swan haciendo el saludo militar.

–  Buenas tardes, comandante Swan. – Le saludó Juan. – Puede llamarme Juan, hace años que me retiré del ejército.

Juan le invitó a sentarse y le pidió a Rosario que preparara dos cafés. Vladimir se quedó de pie en una esquina de la estancia, observándolo todo pero sin decir nada.

–  No quiero café, señor Cortés. – Rechazó la taza de café que le ofrecían. – He venido a buscar a mi hija, tengo entendido que usted no se ha separado de ella desde el accidente.

–  Así es, comandante Swan. – Le confirmó Juan manteniéndose firme. – Mía está descansando en este momento, salió del hospital esta misma mañana.

–  Mira muchacho, no sé qué pretendes con todo esto, pero mi hija ya tiene suficientes complicaciones en su vida, es la segunda vez que pasa por esto y esta vez no pienso permitir que acabe de nuevo en mitad de un tiroteo. – Le espetó Robert furioso.

–  Papá, ¿qué estás haciendo aquí? – Preguntó Mía que se había despertado por los gritos de ambos. Al no obtener respuesta de ninguno de los dos hombres que la miraban con el ceño fruncido y gesto de enfado, se acercó a ellos y le preguntó a Juan de mal humor: – ¿Le has avisado tú? – Juan negó con la cabeza y Mía, tras analizar un instante la situación, le pidió a Juan: – ¿Puedes dejarnos un minuto a solas, por favor?

Juan asintió y, seguido por Vladimir, salieron del salón dejando a padre e hija solos.

–  ¡No me puedo creer que me haya tenido que enterar de todo esto por la policía! ¿Se puede saber en qué estabas pensando? ¿No se te ocurrió llamarnos a tu madre y a mí para decírnoslo? ¿O acaso pretendes que me dé un infarto? – Le reprochó Robert a su hija.

–  Papá, pensaba decírtelo cuando volvieras. Nunca te coges unos días libres y para una vez que sales de esta maldita ciudad no quería hacerte regresar tan pronto. – Se excusó Mía. – Y deberías portarte mejor con Juan, se ha portado conmigo como un auténtico caballero y me mantiene protegida, como tú mismo puedes ver. ¡Está cuidando de mí y tú le has montado un pollo que pa’ qué!

–  Lo siento, pitu. Estaba preocupado. – Le dijo su padre abrazándola. – ¿Quieres quedarte aquí con él o prefieres regresar a la base?

–  Deja que hable con él, no quiero ir a la base pero tampoco sé si está dispuesto a seguir teniéndome en su casa. – Le contestó Mía encogiéndose de hombros. – No te preocupes, vete a hacer tu trabajo y, si finalmente decido quedarme en la base, te llamaré antes de salir, ¿de acuerdo?

–  De acuerdo, pero sigo pensando que deberías venirte conmigo a la base. – Le dijo Robert dejando muy clara su postura. – Por cierto, deberías decirle a tu amigo que deje de intentar acceder a nuestros historiales, ambos son confidenciales y queda registrado cuando alguien intenta acceder a ellos.

–  Se lo diré. – Le dijo Mía a su padre despidiéndose de él con un beso en la mejilla.

El comandante Swan se marchó sin despedirse de Juan Cortés, estaba demasiado molesto y furioso con él por haberle mantenido al margen de todo a lo que a la pequeña niña de sus ojos le había ocurrido, era mejor no volver a verle hasta que se calmara. La única razón por la que había permitido que Mía se quedara con el hijo mayor de los Cortés era porque sabía que tenía los medios necesarios para proteger a su hija y porque ella misma así lo deseaba. Hacía ya mucho tiempo que había aprendido la lección de no entrometerse en los asuntos privados de Mía y no iba a romper la promesa que le hizo.

Mía regresó al salón donde Juan y Vladimir la esperaban al oír el ruido de la puerta principal al cerrarse. Por un instante, Juan pensó que podría haber sido ella la que se hubiera ido y sintió como el corazón le dolía, literalmente hablando. Aquella sensación no le gustó por eso en cuanto la vio regresar la agarró por la cintura, la atrajo hacia a sí y la besó con urgencia y necesidad. Mía le devolvió el beso y, en cuanto se separaron, le preguntó:

–  ¿Se puede saber qué buscabas en mi historial y en el de mi padre?

–  Solo quería averiguar por qué ambos llevabais el mismo apellido, sospeché que podríais ser parientes y, por lo que he visto, no me equivoqué. – Se defendió Juan. – ¿Por qué no me dijiste que eras la hija del comandante de la región?

–  Porque no es algo que vaya diciendo por ahí, pero si me lo hubieras preguntado te hubiera contestado la verdad. – Le dijo Mía encogiéndose de hombros.

Entonces Mía se percató que Vladimir no estaba en el salón, en algún momento de la conversación había salido de la estancia sin hacer un solo ruido. Es como un fantasma, pensó Mía.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

2 Comentarios

  1. A ver a dónde nos llevas ahora con estos enredos!! Un beso.

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