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Mi corazón en tus manos 1.

Como todos los sábados por la mañana, Mía Swan se levantaba al amanecer, se ponía su ropa de deporte y salía a correr por la calle principal del barrio que conducía hacia a la playa, por donde a ella le gustaba correr mientras contemplaba el amanecer.

Llegó a su piso de 55 m2, con dos habitaciones, un cuarto de baño y una cocina-comedor-salón, situado en un barrio obrero de clase media de la gran ciudad, donde Mía había nacido y crecido. Se dio una larga ducha antes de desayunar. La casa de sus padres se encontraba a un par de manzanas, lo cual siempre venía bien para cualquier emergencia, pero a veces le daba la sensación de que seguía viviendo con ellos a pesar de haberse independizado hacía ya cuatro años, cuando se licenció en periodismo en la universidad de la ciudad.

Ahora trabajaba en una revista de ocio de la que era redactora y le encantaba escribir reportajes variados, no siempre sobre la misma temática. Le gustaba su trabajo y además le dejaba libre los fines de semana, con la excepción de tener que acudir a algunos eventos en nombre de la empresa, pero la mayoría de esos eventos eran fiestas y entregas de premios en los que Mía se divertía y conocía a un montón de gente.

Como todos los sábados, Mía se dirigió a la terraza del bar de la plaza donde se reunía con sus amigas para tomar unas cañas antes de ir a comer a casa de sus padres.

–  ¡Hola chicas! – Saludó Mía a sus dos amigas al mismo tiempo que se sentaba junto a ellas en la terraza del bar. Levantó su brazo para llama la atención del camarero y le hizo un gesto para que le trajera una ronda de cañas.

–  Mía, le estaba contando a Natalia que Daniel da una fiesta esta noche en su casa y me ha dicho que estamos invitadas. – Dijo Olga. – ¿Os apetece ir?

–  ¿Estáis pensando en asistir a la fiesta de Daniel? – Preguntó Álex, el novio de Olga, cogiendo una silla y uniéndose a ellas. – A mí también me ha invitado y la verdad es que estoy pensando ir.

–  Yo me apunto, con un poco de suerte me encuentro allí a mi príncipe azul. – Les dijo Natalia, la más inocente y soñadora del grupo.

–  Yo también me apunto, aunque seguro que lo único que encontraré serán ogros. – Se mofó Mía riendo divertida tras beber un trago de su caña. – Yo ya no creo en el príncipe azul, en todo caso creo en los ogros verdes como Shrek.

–  Cielo, el príncipe azul existe, pero tú no quieres verme. – Le dijo bromeando Javi a Mía, uniéndose al resto de la pandilla. – ¿Vais todos a la fiesta de Daniel?

–  Eso parece. – Le confirmó Mía sin demasiado entusiasmo.

–  Cenamos en mi casa y de allí nos vamos todos juntos en un coche. – Propuso Olga con la aprobación de Álex.

–  Eso suena genial, ¿a qué hora quieres que estemos allí? – Le dijo Javi incapaz de rechazar la invitación a una cena.

–  A las nueve es buena hora. – Apuntó Álex.

–  Pues nos vemos esta noche a las nueve, yo tengo que irme ya, antes de que mi madre envíe a mi padre a buscarme. – Bromeó Mía recordando épocas pasadas. – Os veo luego, chicos.

Mía se despidió de sus amigos y se dirigió caminando a casa de sus padres, lo bueno de seguir en el barrio era que allí tenía todo lo que le importaba.

Entró en casa de sus padres y la recibieron sus sobrinas gritando a pleno pulmón:

–  ¡Tita Mía!

Aquellos dos diablillos de pelo rubio y ojos azules de tan solo cuatro años la tenían fascinada y totalmente a sus pies. Su hermana mayor se casó cinco años atrás y en la luna de miel se quedó embarazada de las dos pequeñas, unas preciosas y también traviesas hermanas gemelas.

–  ¡Hola, princesas! – Las saludó Mía con un abrazo.

–  Hola, cariño. – La saludó su madre abrazándola como pudo tratando de sortear a sus nietas. – Tu hermana y tu cuñado han salido a comer con unos amigos y me han dejado a las niñas, o al menos eso es lo que nos han dicho.

–  ¿A qué te refieres, mamá? – Le preguntó Mía preocupada.

–  No sé, últimamente están muy raros. – Le dijo su madre. – Le he preguntado a tu hermana si le pasa algo pero me dice que todo va bien, a pesar de que sus ojos dicen lo contrario. Podrías hablar con ella, vosotras dos siempre os lo habéis contado todo y puede que quiera hablar de ello contigo.

–  De acuerdo, hablaré con ella. – Le confirmó Mía a su madre. Entró en el salón seguida por sus dos sobrinas y saludó a su padre, que estaba viendo la clasificación de la Fórmula 1, como todos los fines de semana que habían carreras. – Hola, papá.

–  Hola cielo, ¿has estado en la plaza? – La saludó su padre con un beso en la mejilla. – Esta mañana me preguntó por ti el hijo de Mariano, el del bar. Parece un buen chico, ¿verdad?

–  Papá, deja de intentar liarme con los hijos de tus amigos. – Le advirtió Mía.

–  Yo solo lo decía por hablar de algo. – Se defendió su padre.

–  Seguro, papá. – Le dijo Mía conocedora de lo que su padre pretendía.

Mía comió con sus padres y sus dos sobrinas y regresó a su casa para echarse una siesta, sus sobrinas la habían dejado agotada y necesitaba reponer fuerzas si esa noche quería ir a la fiesta de Daniel.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

2 Comentarios

  1. Rakel me encanta ya me tienes enganchado desde el primer capitulo solo por la trama y segundo xq la hermana de Mia tiene gemelas de 4 años jajajaja como yo kas mías son mellizas de 4 jajaja gracias Rakel de aqui salen un par de libros te lo digo yo

    • Jajaja, menuda guerra tienes que tener en casa con esas mellizas! 😉
      Mil gracias por tu comentario, espero que esta historia os guste tanto o más que la anterior! Un abrazo enorme!

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