Mi amigo invisible

Primer certamen artístico

Otro relato del primer certamen literario “Las mil y una cara de la Navidad” escrito por Lídia Castro

Cuando se aproximaba el final del trimestre, antes de las vacaciones de
Navidad, en mi colegio hacíamos el “amigo invisible”. Se trataba de que a
cada uno nos tocaba un compañero a quien tendríamos que hacer un regalo el
último día de clase. Pero, en los días previos, debíamos dejar pistas
sobre nosotros. Era algo muy divertido.Recuerdo un año en que esa celebración fue muy especial y cambió mi vida
para siempre:
Entré en el aula y fui hacia mi pupitre. Me senté con desdén, pues me
tocaba matemáticas y no era mi materia preferida precisamente. Al meterlas
manos en el cajón para sacar el libro, algo inusual captó mi atención: ¡Era
una nota! Un pedacito de papel cuadriculado, manuscrito y muy bien
doblado. Lo abrí como quien manipula pólvora y lo leí.
“Hola, soy tu amigo invisible y esta es la primera pista: Soy muy tímido.
Espero que esta ‘chuche’ te anime el día”.
Volví a hurgar en el cajón y encontré una gominola. Esbocé una sonrisa
tonta y me comí el dulce antes de que llegara la profe.
Al día siguiente, volví a encontrarme con otra nota y, de nuevo, iba
acompañada de un caramelo. La pista decía:
“Odio las mates y mi asignatura preferida son las sociales”.
¡¿Y quién no odia las mates?!-pensé.

Cada mañana me levantaba con gran entusiasmo para leer las pistas de mi amigo invisible (y comerme las chuches).
Un día la nota iba acompañada de un chupa chups de esos que te pintan la
lengua. Y en la pista ponía:
“No tengo amigos y siempre juego solo a la hora del recreo”.
Esa confesión me hizo entristecer. ¿Cómo una persona tan detallista podía
no tener amigos? Entonces decidí escribirle yo. Le puse que yo sería su
amiga. Si me decía dónde estaba a la hora del recreo iría y jugaría con
él. Ese mismo día, después de la clase de educación física y antes del
descanso, me encontré con una respuesta:
“Siempre estoy en el ático del ala norte del edificio, hay muy buenas
vistas del recreo”.
¿Qué demonios hacía en el ático? No nos dejaban ir allí. Y, además, ¿cómo
había podido responderme si estábamos en el gimnasio?
Aparté esos pensamientos de mi mente, las ganas de saber quién era fueron
más fuertes. Así que, cogí mi bocata, mi abrigo y me dirigí al ático. Subí
todos los peldaños sin respirar, cuatro pisos, hasta toparme con una
puerta de madera muy envejecida que estaba medio abierta. La empujé con temor, sabiendo que estaba incumpliendo las normas, pero a la vez con
expectación… ¿Quién sería mi “amigo invisible”?.

El ático hacía a sus veces de almacén, con lo que estaba lleno de cajas y trastos viejos. Al fondo habían unas ventanas con los cristales muy sucios
y que, efectivamente, daban al patio. Mientras estaba asomada mirando
hacia abajo, una voz a mi espalda me sobresaltó.
-Gracias por venir. -Me dijo con vergüenza.
De forma instintiva me giré, pero no había nadie. Estaba oculto.
-¿Por qué te escondes?
-No sé… Es que nadie excepto tú me había hecho caso.
-No seas tonto. Quiero verte.
-¿Me prometes no salir corriendo?
-¿Por qué tendría que salir corriendo?
Al tiempo que decía eso, una figura salió de detrás de los pupitres
antiguos que se apilaban en un rincón. Desde luego, no era un compañero de
mi clase. Se trataba de un niño muy delgado y el color morado de sus
ojeras destacaba sobre su tez grisácea. Su vestimenta me recordó a los uniformes que antaño habían llevado los alumnos del colegio. Además, su perfil
estaba difuminado, como si una fina niebla lo envolviese. Entonces, de repente, lo entendí todo: mi “amigo invisible” era un
espíritu y yo tenía un don.
*Mi nombre: *Lídia Castro Navàs
*Mi blog:* Mis historias y otros devaneos (
https://genereialtreshistories.wordpress.com)

Saludos,

About Pedro Altamirano

Autor Pedro Altamirano, me encanta el mundo de la informatica, y hasta hace muy poco no sabía que tenía la capacidad de escribir donde conocí a gente maravillosa en la red y formamos un sueño " El poder de las letras"