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Lo esencial es invisible a los ojos

Me apasiona detenerme a contemplar el ir y venir de  los coches. Sin hacer nada más. Como si todos tuvieran un destino. Un camino ya trazado y yo no le encuentro, ni lo exijo. Solo observo. Con sus prisas, sus ganas de llegar, para luego volver a empezar el camino desandado, y siempre igual.

Es la apatía de esto, lo que nos come y no nos guía. El sentirnos utilizados por la vida y llegar un momento en el que el propio camino nos parece agobiante, poco emocionante y lo hacemos más lento, sin ganas, casi muertos.

Me relaja sentarme a observar. Las urgencias, las caras de angustia. Pocas de felicidad. Deduzco en muchos el anhelo de decirle todo a alguien, y callan. Esas bocas cerradas no expresan nada, pero su expresión lo grita todo.

Es una lástima tantas mentes cerradas.

Me concentro en sus andares. Su desgana.

Contemplo aquel que está ante su pantalla, buscando algo más, moviendo arriba y abajo. Deseándolo encontrar. Y no llega, no es lo que necesita. No entiende que ahí no es donde lo hallará.

Mirar la carretera, mirar la pantalla, todo parece igual. Ni el trayecto contenta, ni la recompensa es la que se espera.

Nadie tropieza con lo que busca, si se centra en esperar. Nada es fácil. Nada llega sin forzar. Un encuentro, una llamada, un beso que lo dice todo, o la mirada que ya no puedes apartar.

Me apasiona reflexionar tal cual una psicóloga fuera, estando más o menos acertada. Ni soy ejemplo, ni vendo mi pensar. No muestro mis triunfos, ni escondo mis errores. Me contento con haberlos cometido, es mi ganancia al final.

Yo también me siento observada. También me apremia la prisa, de no saber hasta dónde llegará. Después de todo, formo parte de ese mismo mundo, que me obceco en criticar. Tan intenso y caótico. Siguo el mismo rol. Aunque en ocasiones desee abandonar.

Me apasiona el sentarme a contemplar esas sonrisas sinceras de los niños que juegan en el parque y no les importa nada más.

Después de una película. De estas que una tarde te repantigas en el sofá, por acompañar. Fue el mensaje, grande, hasta me atravería a decir que el libro de obligada lectura, ahora lo sé.

Y su lema lo es aun más. LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS.

No lo puedo negar, me ha llegado al alma. Me ha gustado reflexionar junto a mi hija. Y ver que todos seguimos el mismo camino, que la vida nos hace seguir, pero depende de nosotros mismos, trazarlo felices y dando un motivo de estar en este mundo o continuar como autómatas sin rumbo, ni sentido, simplemente por que si. No te engañes, la vida no es un fraude, es un experimento, en el que cada cual hace su propio descubrimiento.

La mejor versión de uno mismo, es proponerse amanecer de nuevo, para empezar a experimentar. Ese es nuestro error, creer que es un día más.

Iluso el ser humano. Siempre, es un día menos. Hagamos como El Principito. Sintamos más. Lo esencial.

Lo que se siente por una rosa, por el aire que respiras tan necesario, vital, por un suspiro lanzado al aire, por sonreir mucho, por llorar de felicidad o de soledad, por correr, conversar, mirarnos a los ojos, abrazarnos, por besar más, no pensar en el futuro, no esperar tanto de los demás. Vivamos más.

By Miriam Giménez Porcel.

About Miriam Giménez

Adoro escribir y contarles desde mi punto de vista, que la vida es todo lo bonita que nosotros la queramos vivir.

2 Comentarios

  1. Vivamos más Miriam, eso se nos olvida siempre. Cada día es diferente aunque nos cueste ver las diferencias y en cada uno siempre hay detalles únicos y especiales. Contemplar la vida como un hermoso regalo y no como algo rutinario y sin valor es cuestión de actitud. Me ha encantado querida amiga. Besazos todos guapísima!!!

  2. Solo se puede ver bien con el corazón… Imprescindible. Besazos, guapa!

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