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Latiendo …

No había ningún motivo para estar enfadados, no obstante, cualquiera diría que así era.
Cada uno miraba a su vera como si no existiera el otro, aún sabiendo que allí andaba, se necesitaban el uno al otro pero lo obviaban.

Durante mucho tiempo vivieron esta extraña situación. Dos personas adultas cuyo deseo más intimo era conocido perfectamente por el otro, fingían no sentir nada y se sumían en la rutina diaria sin más.

Es cierto que siempre fue una relación extraña, vivieron en el mismo barrio durante muchos años, coincidieron después en la universidad y de repente un día, la empresa donde Laila trabajaba externalizo algunos servicios y ella fue la encargada de dirigir el proyecto.

El mundo, sin duda, un pañuelo. Él, Juanjo trabajaba allí, de hecho es que era el responsable de coordinar el proyecto.

Aquel día ella fue más cuidadosa en elegir su ropa de trabajo, normalmente la gustaba ir más cómoda sin dejar a un lado la elegancia, pero aquel día quería además de estar elegante, resultar encantadora, si hubiera sabido a que se iba a enfrentar, tal vez, lo habría reconsiderado.

Estaba acostumbrada a tratar con muchos ejecutivos, reuniones en los bancos, empresas consultoras, auditoras, eran parte de su apretada agenda. Entro en la sala con calma pero con decisión, la que casi perdió cuando se encontró allí de pie, junto a la puerta a Juanjo, él se entero unos minutos antes de quien sería su compañera de trabajo durante casi el próximo año.

Esperaba encontrarse algunos de esos muchachos recién horneados en la universidad, con tres master, cinco idiomas, que creían ser los amos del mundo y tener respuestas para todo, pero no fue así. Resulto un equipo muy compenetrado, comprometido y conocedor de su trabajo, aquello la produjo gran satisfacción. Su nuevo reto no sería tan complicado si no tenía que pelear de continuo con el equipo.

Tras una larga reunión Laila no tuvo más remedio que comer con Juanjo, no sería una buena idea empezar aquel trabajo con mal pie, y el restaurante ya estaba reservado.

El gusto exquisito, el lugar elegante pero cómodo, una sobremesa que se alargo sin apenas darse cuenta durante las dos horas siguientes, en cuyo transcurso no pararon de llegar mensajes a ambos, que en ningún momento fueron atendidos.

Temas generales, nada personal salio de sus labios en aquel encuentro, sólo un “estas increíble” y un “no has cambiado nada”

Rutinas repetidas durante mucho tiempo y encuentros que se fueron acoplando a la esencia de cada uno de ellos, envueltos en el trabajo, desde la prudente distancia se observaban mutuamente y sus pensamientos enredaban en su mente, sin ser ajenos, el uno al otro de aquello que siempre les había ocurrido….

Ambos querían acabar aquel proyecto con buen pie, sabían a ciencia cierta que las interferencias personales no eran las más apropiadas.

Tenían ambos razón, no podían imaginarse a que extrañas circunstancias tendrían que enfrentarse.

Cada noche ella al llegar a casa, al tumbarse en su cama, cerraba los ojos despacio con calma y elevaba su pensamiento hacia otros mundos, donde nadie, pudiera conectar con ella, siendo profundos sus sueños, nunca supo realmente que ocurría durante sus momentos de descanso, sólo que despertaba radiante y descansada, no le preocupaba más.

Si ella supiera….

Juanjo era otro extraño viajero de la noche, en su profundo desconocimiento ignoraba que su origen era otro, que en sus viajes se conectaba sin saberlo con la mente de Laila desde muy temprana edad, pero como saberlo si ambos eran ingenuos navegantes del otro lado del universo.

Cada mañana puntuales se encontraban y sus miradas brillaban, siempre ese sentido de conocerse profundamente les había acercado, aún sin rozarse, sin tener ningún intimo encuentro, retazos quedaban en su mente, en su piel, que decían lo contrario.

Una noche acabaron muy tarde de trabajar, cogieron unos sándwiches y unas bebidas y se sentaron en el parque bajo el manto de estrellas, en una plazuela muy amplia, donde antaño parecían haber ocupado espacio unas grandes estatuas.

Las noches de aquel caluroso octubre eran sin embargo frescas, ella sintió frío y un pequeño malestar, el curiosamente tampoco se encontró demasiado bien. Lo achacaron al cansancio, ambos habían trabajado demasiadas horas en las últimas semanas.

Él rozo su mano, ella la suya, estaban tan fríos, como la plata………..

Un violín comenzó a lanzar notas al viento, el aire se lleno de una linda melodía que invitaba a bailar….

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Y allí volvieron a reencontrarse después de tanto tiempo, amantes desaparecidos abrazados en su más intimo baile, sintiendo en la piel la caricia de un sentir….

….. Todos, antaño, pensaron que habían sido robadas……

Ahora la plazuela del concierto volvía a estar repleta de vida……..

Marijose.-

About María José Luque

Mi pasión las letras "siente la música de la vida, aún en el desierto,cuando el viento te envuelve, suave, cálidamente"

8 Comentarios

  1. Eres valiente, conocer y hablar de esas artes nocturnas te puede llevar directa a la hoguera. ¡¡Que lo sepas!! Jajaja. Un beso.
    ¿Son masters o martes?

    • Marijose Luque Fernández

      8 Octubre, 2016 at 21:48

      Masters el teclado del móvil. je,je, je,
      habla bajito Shhhh en susurros … por si acaso.. Besos!! Gracias siempre Carlos….

  2. Eres valiente, conocer y hablar de esas artes nocturnas te puede llevar directa a la hoguera. ¡¡Que lo sepas!! Jajaja. Un beso.
    ¿Son masters o martes?

    • Marijose Luque Fernández

      8 Octubre, 2016 at 21:48

      Masters el teclado del móvil. je,je, je,
      habla bajito Shhhh en susurros … por si acaso.. Besos!! Gracias siempre Carlos….

  3. Bonita historia, y plateada !
    Saludos

  4. Una historia muy bonita .
    Te sonrío con el Alma.

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