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La niña

 

LA NIÑA

 

Hace unos días me pasó una curiosa experiencia que me gustaría compartir con vosotros. De ella extraje una gran enseñanza, y creo que lo justo es compartirla.

Estaba yo sola, descansando, en el sillón de mi casa, cuando escuché una vocecita infantil que me decía:

—¡Hola! Hace mucho que no juegas conmigo, te echo de menos. ¿Qué pasa? ¿Qué ya te has olvidado de mí?

Podréis imaginaros el sobresalto que me llevé, puesto que yo estaba sola en casa, pero imaginé que estaría soñando. La cuestión era que yo escuchaba su voz muy cercana a mí, pero no veía a nadie a alrededor. Y además yo me sentía muy despierta, así que ya dudaba incluso de que fuese un sueño lo que estaba viviendo. ¿Alguna experiencia sobrenatural, tal vez?

—¡Hola! —le respondí. —Perdóname, pero ahora mismo no sé quién eres. De hecho, ni siquiera sé si eres real.

—¡Lo sabía! ¡Ya te has olvidado de mí! ¿Pero cómo es posible? ¡Con lo bien que lo hemos pasado juntas!

La voz de la pequeña empezaba a quebrarse, como si fuese a romper a llorar, y yo, que no tengo hijos y no sé manejarme bien en estas situaciones, intenté arreglar la situación lo mejor que pude.

—No llores, por favor. Seguro que no me he olvidado de ti. Es solo que en los últimos tiempos estoy un poco descentrada y no me entero muy bien de las cosas. ¿Puedes decirme quién eres, por favor? Y, sobre todo, ¿dónde estás? Puedo oírte, pero no puedo verte, y yo hace un ratito estaba completamente sola en casa—le supliqué.

—¿Cómo que dónde estoy? ¿Pues dónde voy a estar? ¡Donde siempre! ¿Dónde quieres que esté? ¿Has olvidado que tú nunca estás sola, que siempre estoy yo contigo? Hace tiempo lo pasábamos muy bien juntas, jugábamos mucho, pero luego creciste y con eso de la madurez, te has olvidado de mí…

¿Que la niña estaba conmigo? ¿Que habíamos jugado mucho juntas? ¿Que me había olvidado de ella al crecer? De pronto, una lucecita se encendió dentro de mí. ¡Vaya aviso! No quiero ni pensar en lo que hubiese podido ocurrir si ella misma no viene a avisarme. Y es cierto, ya no me acordaba. Era para darse cabezazos contra la pared.

—Tranquila, ven aquí que te abrace. Por poco me olvido de ti, ¿sabes? Pero por suerte has venido a recordarme que siempre tenemos que estar unidas. A partir de ahora, te dedicaré más tiempo y jugaremos más juntas, ¿vale? Y recuerda que te quiero —le dije, abrazando su pequeño cuerpecito de niña.

La niña sonrió, dio su trabajo por finalizado y volvió al lugar de donde había salido. Yo decidí comenzar a cumplir mi promesa en ese preciso instante, así que me levanté del sillón, encendí el equipo de música a todo volumen y comencé a bailar y a brincar como una loca.

Después me enfundé mi abrigo, salí a la calle y comencé a tocar los timbres de las casas, mientras salía corriendo para que no me pillaran. Hasta que llegué al parque y pasé un buen rato montada en el columpio, cada vez más alto, cada vez más alto, hasta casi dar la vuelta por completo.

Cuando llegué a casa, no podía parar de reírme a carcajadas, me encontraba más relajada que nunca y casi podría decir que hasta feliz. Mi niña interior y yo lo habíamos pasado en grande.

Recordad que todos nosotros llevamos dentro el niño que fuimos. No le olvidemos y démosle el cariño y la diversión que se merece. De lo contrario, la rutina y la desidia se apoderarán de nuestras vidas, y eso es algo que no nos podemos permitir. ¡Pasadlo bien jugando con vuestro niño interior!

About Ana Centellas

Soy Ana profesional de los números,apasionada del mundo de la letras,iniciando mi aventura literaria, aprendiendo un poquito más cada día y compartiendo mi sueño con una familia genial.
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11 Comentarios

  1. Pues claro que sí, Ana 😉

  2. atardecerensantboidellobregat

    11 Mayo, 2017 at 15:23

    Se nos olvida la parte infantil que llevamos dentro, sí y la verdad es que deberíamos recuperarla más a menudo. Precioso relato Ana. Besazos todos guapísima.

  3. Parece que no la olvido… ¡Acabo de convidarle un exquisito helado!

  4. Ana tu niña interior esta presente en cada relato, en cada escrito, la descubro hace rato, solo que a veces estamos tan timoratos, con la cien adusta sin encontrarnos, que por miles de kilómetros nos separen, tu a su lado no la has notado, mientras que aquí a la distancia la sigo disfrutando…

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