La casa estaba en su apogeo con los esclavos trabajando a toda prisa ante la inminente llegada de los invitados.
Eran las fiestas en honor de Dionisio y en un cuarto apartado se hallaba mi madre con unas cuantas mujeres ensayando los bailes en su honor, ya había cumplido trece años y le pedí que me dejaran presenciarlos.

Después de consultarlo con las sacerdotisas éstas aceptaron mi presencia, la música. El baile me maravillaba al ver como los contoneos sinuosos cada vez tomaban más velocidad hasta caer desmayadas.
Al finalizar me dirigí a la más anciana –¿Puedo ser bailarina de Dionisio?-
Por unos instantes creí que no me había escuchado y  repetí la pregunta, ella llamó a mi madre y se lo expuso. Al ser hija de una antigua sacerdotisa tendría que aprender filosofía, el baile y lo que significaba dedicarse por entero al dios.
Con las voces de los hombres y la alegría del vino se dio por finalizados los ensayos.

Un amigo  de mi padre trajo a su hija menor para que disfrutara de las fiestas, era unos meses menor que yo más tímida y regordeta.
Nisea venía de Babilonia apenas hablaba griego por ello mis padres le pagaron las clases de Literatura. Cuando recitaba a Homero balbuceaba, los  niños se burlaban a lo que el maestro daba la clase por finalizada.

Con mi ayuda aprendía rápido y ella a cambio me enseñaba algunas palabras en persa. Por las tardes nos íbamos a la playa donde nos bañábamos los niños en una orilla y las niñas en la otra.

Me encantaba bucear buscando la casa de Poseidón, mientras ella solo se mojaba los pies. A medida que veía como me sumergía hasta donde la luz no llegaba, me pidió que la enseñara y así nos sumergiríamos desnudas hasta la frontera de la oscuridad.

Mi madre comenzó a explicarnos como las bailarinas que se consagran a Dionisio y las sacerdotisas solo yacen con el dios, beben vino y hacen toda clase de excesos que él les pida con la condición de no propagarlos.
Entonces Nisea nos relataba como en su país se adoraba a la diosa Cibeles y los bailes los realizaban los hombres, sobre todo jóvenes que llegaban al éxtasis  llegando a cortarse su virilidad en señal de máxima entrega a la diosa y los arrojaban hacia las puertas de las casas que permanecían abiertas durante los festejos.
Si al hacerlo entraban  en una casa los dueños debían cuidarlos hasta que se recuperaran, y los que se quedaban fueran seguían bailando hasta morir desangrados.
Al escucharlo un escalofrío recorrió mi cuerpo y le pregunté- ¿luego que hacen los eunucos?-
—Los compran los nobles y los más ricos comerciantes para que le sirvan, los mejores suelen ir al palacio del rey y cuidan del harén —
Me entró la curiosidad por la cultura persa y me dijo que cuando se fueran le pidiera permiso a mi padre y podríamos ir a Babilonia.
Los mejores maestros de filosofía, literatura, matemáticas y demás artes nos educaban al más alto nivel para poder hacer discursos de todo tipo incluso de política. Aunque no pudiésemos asistir a las asambleas en la enseñanza nos preparaban igual que a los hombres.

Una mañana Nisea me dijo que le había llegado el momento de partir a su hogar, me entristecí de su partida. Su padre llegaba esa tarde  para llevarla a Babilonia.
Comenzó a llenar sus baúles con los peplos de los colores más variados y hermosos que trajo y algunos que le compramos en el mercado como recuerdo de su estancia en Grecia.
Mi madre al vernos llorar abrazadas nos dijo que no había motivo para el llanto, que como hermanas ahora era yo la que debía compartir con ella su casa.
Los esclavos trajeron a nuestra habitación un enorme baúl decorado con bellos pájaros de colores. Helena mi madre, lo abrió y ante mis ojos se mostraron los peplos que tanto me gustaron en el mercado y todo lo necesario para pasar unas largas temporadas lejos de mi hogar.
Se preparaba un gran banquete de bienvenida a nuestros visitantes y nosotras muy excitadas al poder viajar juntas.

En dos días nos embarcamos poniendo rumbo a Babilonia, un largo viaje no exento de peligros de los que a penas era consciente, pues mi viajes por mar habían sido muy cortos.

Continuará

About Toñi Redondo