Llevo días reflexionando sobre la entrada de hoy en el blog, con un conflicto interior. A diferencia de otras ocasiones el problema no ha venido por la ausencia de ideas, sino por la presencia de una idea.

Una única idea. Interesante,  ambiciosa, complicada, exigente.

Habiendo escrito el borrador la he tenido todo el día rondando la cabeza, alternando entre la ilusión por la propia idea y la frustración de sentir que no llegaba a tiempo para expresarla en toda su calidad, trabajarla el tiempo necesario, hornearla con paciencia y mimo, pulirle las aristas…

Heme aquí, yo, frente a la disyuntiva de gastar esa bala (pese a no estar seguro del resultado) o guardarla en la recámara y renunciar a la única idea en la que estaba trabajando (enfrentándome así al vacío creativo), en aras de darle posteriormente a esa idea el trabajo que siento que realmente requiere y se merece.

Después de mucho sopesar he decidido decantarme por la segunda opción, poniendo a esa idea por delante de mi seguridad y confort, quedándome sólo frente a la página en blanco, soportando de forma alterna la mirada expectante del cursor implacable.

Lo reconozco, para rehuir esta situación adversa he utilizado la propia cuerda que me ataba como vía de escape y he recurrido al recurso fácil de convertir en texto el propio bloqueo creativo. Sin embargo no me gustaría que este texto quedase como una excusa elaborada y nada más. Me gustaría compartir en él una idea que ya he visto presente en la reflexión de otros autores y que creo y siento como profundamente cierta:

“La escritura, en cierto modo, no es algo que haces, es algo que te sucede.”

Hay un punto límite en el proceso creativo, una fina frontera: la duda de si el autor se sirve de la idea, o es realmente la idea la que se sirve del autor como medio para hacerse manifiesta, como una especie de posesión metafísica.

En ciertas ocasiones, como la que nos atañe hoy, es claramente lo segundo: he sido secuestrado por mi idea, requerido al cumplimiento de una paciencia forzada.

Sin embargo estoy [casi] seguro de que la espera (la mía, la vuestra) valdrá la pena. En palabras del dramaturgo español Antonio García Gutierrez:

“Quien quiere acertar, aguarda.”

 

 

About Carlos Cercós Pérez

Escritor errático, profesor en prácticas, poeta ocasional, simulacro de economista, eterno aprendiz... Escribo como liberación (ex-presión), como creación, como regalo al mundo. Una voz más en el coro de la humanidad...
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