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Infiel (I/III).

A Sonia nunca le habían gustado los viajes de trabajo, detestaba tener que levantarse un lunes a las cuatro de la mañana para coger un avión y viajar a cualquier lugar de Europa donde pasaría los siguientes dos días reunida con altos cargos directivos del resto de delegaciones de su empresa. A Sonia le gustaba su trabajo y mucho, pero odiaba salir de la tranquilidad y comodidad de su casa.

Para colmo, había discutido con Carlos, su marido. Llevaban cinco años casados y Carlos quería tener hijos, pero Sonia aún no se sentía preparada, a sus veintinueve años se sentía muy joven para tener hijos, algo que Carlos no llegaba a entender. Carlos era cinco años mayor que ella y, a sus treinta y cuatro años, quería ser padre cuanto antes. Su familia y amigos tampoco ayudaban mucho, todo el mundo les preguntaba “¿para cuándo los niños? Si seguís esperando, se os pasará el arroz.”

Sonia se acomodó en su asiento en el avión, se puso los auriculares, cerró los ojos y trató de relajarse escuchando música. Cuando abrió los ojos de nuevo, estaban a punto de aterrizar en Bruselas. Esta vez había tocado organizar la reunión mensual en la delegación de Bélgica. No era una de las delegaciones favoritas de Sonia, pero tampoco era de las que menos le gustaban, así que, cuando se bajó del avión y recogió su equipaje, se llenó de optimismo, se esforzó en esbozar una amplia sonrisa y se dirigió hacia un tipo trajeado y con gorra de chófer a quien reconoció de otras reuniones anteriores. El chófer también la reconoció y, cuando la vio acercarse, la saludó:

–          Buenos días, señorita Fernández. ¿Ha ido bien el viaje?

–          Buenos días, señor Peiten. – Le devolvió el saludo Sonia. – Todo bien, sin turbulencias, ni viajeros parlanchines. – Bromeó.

El señor Peiten debía tener unos sesenta años y era el chófer personal de Patrick Sannen, el director de la delegación de Bélgica de la multinacional en la que trabajaba Sonia. El señor Peiten llevó a Sonia al hotel en el que se iba a hospedar ella, se instaló en su habitación, deshizo el equipaje, se dio una ducha para refrescarse después del viaje y, acompañada de nuevo por el señor Peiten, se dirigió a las oficinas de Bruselas donde se iba a celebrar la primera reunión. Muchos de sus compañeros directivos habían preferido viajar la noche anterior para ahorrarse el madrugón, pero Sonia prefería dormir en casa pese a que al día siguiente tuviera que madrugar.

Cuando Sonia llegó a la oficina, la reunión estaba a punto de empezar, la estaban esperando y, como de costumbre, era la última en llegar. Saludó a todos sus compañeros y se detuvo al ver una cara nueva.

–          Sonia, te presento a Bjorn Fischer, el nuevo director de la delegación de Múnich. – Les presentó Patrick Sannen. – Bjorn, Sonia Fernández es la directora de la delegación española.

–          Encantado de conocerla, señorita Fernández. – La saludó Bjorn estrechándole la mano con delicadeza.

–          Lo mismo digo, señor Fischer.

La reunión comenzó y Sonia no pudo concentrarse demasiado al tener la intensa mirada de Bjorn clavada en ella durante todo el día. Sonia se limitó a anotar cifras, datos y demás conjeturas en su libreta para poder realizar un informe cuando llegara a Madrid, pero estaba distraída y Patrick se dio cuenta. Cuando la reunión finalizó, eran más de las seis de la tarde y Sonia tenía que contener los bostezos por no parecer irrespetuosa, pero lo cierto es que estaba medio dormida.

–          Sonia, ¿estás bien? – Le preguntó Patrick mientras se estaban despidiendo.

–          Sí, disculpa solo estoy un poco cansada. – Le respondió ruborizándose.

–          Bjorn se hospeda en el mismo hotel que tú, le pediré que te lleve y así no tendrás que hacer el rodeo con el señor Peiten. – Sentenció Patrick y, sin darle tiempo a Sonia de que le diera alguna excusa, alzó la voz hacia el grupo de directivos que se despedían en el hall de la oficina – ¡Bjorn! ¿Puedes venir un momento?

–          No es necesario, de verdad. – Fue lo único que se le ocurrió decir a Sonia.

–          ¿Qué no es necesario? – Preguntó Bjorn acercándose a ellos.

–          Sonia se hospeda en el mismo hotel que tú, ¿te importaría acercarla? – Le preguntó Patrick.

–          Claro que no, será un placer. – Le respondió Bjorn al mismo que le dedicaba una sonrisa de lo más seductora a Sonia.

Sonia no pudo negarse, así que aceptó ir con él. Bjorn había alquilado un coche para moverse por la ciudad, a pesar de que solo iba a estar en Bruselas un par de días. Sonia se subió al coche, se sentó en el asiento del copiloto y Bjorn se sentó tras el volante. Sonia se sentía atraída por él desde el mismo momento en que lo vio sentado en la mesa de juntas, esa mirada intensa y esa sonrisa seductora habían hecho mella en ella. Por eso, cuando llegaron al hotel y Bjorn le propuso que cenaran juntos en el restaurante, Sonia no pudo ni quiso rechazar esa invitación. Puede que estuviera furiosa con Carlos por las continuas discusiones, o porque todo el mundo le decía que ya había llegado el momento de ser madre, o quizás fuera porque necesitaba hacer algo estimulante antes de sentar la cabeza para ser madre, el caso es que aceptó a sabiendas de lo que aquella decisión supondría.

Se sentaron en una de las mesas del restaurante del hotel y Sonia decidió apagar su teléfono móvil. No quería pensar en nada ni en nadie, no quería pensar en Carlos.

–          ¿Qué te preocupa? – Le preguntó Bjorn mientras cenaban al verla tan distraída y con el ceño fruncido.

–          Perdona, ¿cómo dices? – Volvió a la tierra Sonia.

–          Estás distraída y tienes el ceño fruncido, así que deduzco que algo te preocupa.

–          Lo siento, tengo mil cosas en la cabeza. – Se disculpó Sonia avergonzada.

–          Te voy a hacer una propuesta. – Le anunció Bjorn dedicándole una seductora y pícara sonrisa. Sonia alzó una ceja con escepticismo y Bjorn añadió: – Olvida por una noche todas las preocupaciones, olvida tus obligaciones y las responsabilidades. Mañana ya tendrás tiempo de preocuparte y ocuparte de todo, pero esta noche no conseguirás nada dándole vueltas al asunto. Lo que sí podemos hacer esta noche es disfrutar de una magnífica velada juntos. ¿Qué me dices?

–          Supongo que no se acabará el mundo porque me relaje una noche. – Le respondió Sonia coqueteando.

El resto de la cena fue más amena y divertida. Bjorn le preguntó muchas cosas, pero evitó hablar de relaciones sentimentales y tampoco le hizo falta, dado que Patrick ya le había advertido que la directora de la delegación de España, además de ser una joven muy atractiva, también estaba casada.

Cuando acabaron de cenar, Sonia estaba bastante achispada por el vino y se sentía plenamente feliz, como hacía tiempo que no se sentía. Había guardado en un cajón secreto de su mente todas las preocupaciones y quería divertirse, olvidarse de todo por una noche. La complicidad entre ellos fue creciendo y, cuando llegó la medianoche, Bjorn miró su reloj y dijo:

–          Es tarde, deberíamos subir a la habitación.

Sonia no pudo evitar sentirse un poco decepcionada, había esperado que Bjorn le hiciera otra propuesta, pero se limitó a asentir con la cabeza y se puso en pie. Bjorn le ofreció su brazo y ella lo aceptó al mismo tiempo que caminaban hacia el hall para subir al ascensor.

–          ¿En qué habitación estás alojada? – Preguntó Bjorn mientras subían al ascensor.

–          En la habitación 505. – Respondió Sonia con un hilo de voz.

Bjorn pulsó el botón de la quinta planta y las puertas del ascensor se cerraron. Sonia lo observó y se sorprendió al ver la pícara sonrisa que le dedicaba, pero Bjorn la sacó de dudas al instante:

–          Yo estoy alojado en la habitación 504, justo al lado de la tuya.

Las puertas del ascensor se abrieron y Bjorn agarró a Sonia por la cintura, guiándola hacia la puerta de la habitación 504, la habitación de Bjorn.

–          ¿Te apetece que nos tomemos la última copa de vino?

Sonia sabía que eso no era lo correcto, pero estaba cansada de hacer siempre lo correcto. Por una noche, quería olvidarse de todo y hacer lo que realmente le apetecía sin pensar en nadie más que en ella. Y en esos momentos deseaba una sola cosa: deseaba a Bjorn.

–          Solo una copa, no quiero despertarme con resaca. – Le respondió Sonia guiñándole un ojo, provocándole con descaro.

Sonia entró en la suite de Bjorn, que era idéntica a la suite donde ella se hospedaba, y se acomodó en el sofá mientras él se dirigió al mueble bar dónde cogió un par de copas y una botella de vino. Le entregó una de las copas a Sonia, se acomodó junto a ella en el sofá y, con una sonrisa pícara en los labios, le susurró al oído:

–          El vino de tu tierra es delicioso, como sus mujeres.

Esa única frase encendió de nuevo el deseo en el cuerpo de Sonia. Estaba con el director de la delegación de Múnich, a quien había conocido ese mismo día, en la suite del hotel donde se hospedaba que, curiosamente, también era el hotel donde ella se alojaba. La estaba tratando de seducir y ella, además de permitírselo, también le estaba dando alas. Sonia sabía lo que pasaría a continuación y lo deseaba, así que no quiso pensar en nada más que en ese deseo. Cuando vio los labios de Bjorn acercándose a los suyos lentamente, ella recorrió la escasa distancia que les separaba y le besó apasionadamente. Bjorn no se esperaba aquella reacción, sabía que Sonia estaba casada y creyó que aquel intento acabaría con una bofetada en su mejilla, pero la deseaba con todas sus fuerzas desde el primer instante en que la vio y no pudo resistirse a intentarlo, aquellos labios eran demasiado tentadores como para renunciar a ellos sin intentar conquistarlos. Por eso se sorprendió cuando Sonia le besó con tanta pasión, pero se molestó en disimularlo. Bjorn deslizó sus manos por la cintura de Sonia, la agarró con urgencia y la colocó a horcajadas sobre él. En un abrir y cerrar de ojos, Bjorn se deshizo de la blusa de Sonia y ella se deshizo de la camisa de él. Bjorn la agarró por los muslos y se levantó cargando con ella en brazos para llevarla hacia a la cama. Apenas los pies de Sonia tocaron el suelo, Bjorn ya se estaba ocupando de desnudarla y de desnudarse a sí mismo. Una vez ambos se quedaron completamente desnudos, la estrechó entre sus brazos y la besó de nuevo en los labios al mismo tiempo que sus manos se deslizaban por el cuerpo de ella, acariciando cada centímetro de su piel. La tumbó en la cama y se dedicó a recorrer todo su cuerpo con la lengua, prestando especial atención en sus pezones para después descender hasta el centro de su placer y estimular su clítoris. Sonia gimió y se arqueó al sentir el contacto, excitada por lo que aquel casi absoluto desconocido le estaba haciendo sentir y dejándose llevar, disfrutando del momento. Bjorn introdujo un dedo en su vagina para comprobar su humedad y, tras verificar lo excitada que estaba, introdujo un segundo dedo sin dejar de lamer, presionar y mordisquear su clítoris.

Sonia volvió a arquearse al mismo tiempo que gemía, tratando de controlar el orgasmo que ya llegaba y Bjorn, percatándose de ello, decidió provocarla un poco más:

–          Dime, ¿qué es lo que quieres, preciosa?

–          Te quiero dentro. – Le respondió Sonia con rotundidad.

Bjorn no se hizo de rogar, se puso un preservativo, colocó su miembro en la entrada de ella y, de una sola embestida, la penetró con profundidad. Sonia pudo sentir lo excitado que estaba Bjorn, sus estocadas eran profundas y cada vez más rápidas. Él también quería contenerse, pero le pareció una tortura solo pensar en intentarlo, así que colocó su pulgar en el centro de placer de ella y lo estimuló con movimientos circulares hasta que notó que estaba a punto de alcanzar el orgasmo y le susurró:

–          Córrete conmigo, preciosa.

El cuerpo de Sonia obedeció aquella orden con sumo placer y juntos alcanzaron el orgasmo. Bjorn se dejó caer a un lado de la cama sin salir de ella y la arrastró consigo haciendo que quedara sobre él para no aplastarla.

–          ¿Todo bien, preciosa? – Quiso asegurarse Bjorn.

–          Todo bien. – Le confirmó Sonia extasiada.

Tras un par de minutos de descanso para recobrar la respiración con normalidad, los besos, las caricias y el sexo llenaron de nuevo la suite hasta que llegó el amanecer.

Cuando Sonia se despertó, seguía entre los brazos de Bjorn en la cama de su suite. Había pasado con él una de las mejores noches de su vida, pero tenía muy claro que aquello no podía volver a suceder. Aquello solo sería una aventura clandestina que jamás se repetiría y así de claro se lo hizo saber a Bjorn.

–          Avísame si cambias de opinión. – Le susurró Bjorn al oído cuando se despidieron en el pasillo de la quinta planta del hotel.

Sonia regresó a su habitación sintiéndose culpable, el efecto desinhibidor del alcohol ingerido la noche anterior había desaparecido y en su lugar había dejado una sensación de vacío en el pecho que hasta le costaba respirar. Se dio una ducha para borrar cualquier rastro de Bjorn y se repitió una y otra vez como si de un mantra se tratara: “Si no lo cuentas, nunca sucedió. Si no lo cuentas, nunca sucedió. Si no lo cuentas, nunca sucedió.”

Sonia tenía muy claro que quería a Carlos, pero las continuas discusiones con él la hacían dudar de si seguía estando enamorada de él. Se había acostado con otro hombre y, a pesar de la culpabilidad que sentía por haber engañado a Carlos, no se arrepentía de la noche de pasión que había pasado con Bjorn. Hacía tiempo que no se sentía así, tan deseada por un hombre. Con Carlos la pasión se había ido consumiendo, pero en su lugar había encontrado la estabilidad y el cariño marital. Él era bueno con ella, puede que últimamente hubieran discutido más de lo habitual, pero sabía que Carlos siempre estaría ahí, incondicionalmente. Suspiró abatida, aquella situación se le había ido de las manos. Se estremeció al pensar qué ocurriría si Carlos se llegara a enterar de lo que había ocurrido. Pero cerraba los ojos y volvía a sentir las caricias de Bjorn sobre su piel…

Sacudió la cabeza para olvidarse de aquella idea. ¿Estaba dispuesta a romper su matrimonio de cinco años con Carlos por un calentón de una sola noche con Bjorn? La respuesta era obvia para Sonia: No, no estaba dispuesta.

Así que regresó a España decidida a olvidar lo ocurrido y fingir que no había pasado nada, no iba a echar a perder su matrimonio con Carlos por una aventura de una noche. Y todavía lo tuvo más claro cuando, al bajar del avión, encontró a Carlos esperándola en la terminal del aeropuerto con un ramo de rosas rojas en la mano. Se acercó a él y, sin decir nada, se arrojó a sus brazos y le abrazó con fuerza.

–          Lo siento, cariño. No debí dejar que te marcharas enfadada, pero prometo que no volveremos a discutir sobre el tema. – Le susurró al oído mientras la mecía con ternura entre sus brazos. – Olvidemos lo ocurrido las últimas cuarenta y ocho horas, cariño.

Sonia le dedicó una tierna sonrisa y contuvo las ganas de llorar, lo último que hubiera deseado es perder a Carlos por una noche de sexo con un casi completo desconocido.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

2 Comentarios

  1. Rakel! Me he dedicado un rato, solo para ti y esta primera entrega. Leyendo con calma y ganas. Me encanta guapa!! Ya con ganas de la segunda parte!!! Besitos!

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