Ese eras tú…

amarse.jpgQuedamos a la salida de la oficina, tomamos unas cervezas, compartimos unos pinchos.

Durante tres años la misma rutina, te acomodas junto o frente mi. Tomas café conmigo en la mañana, paseas, hablamos de nuestros sueños. Me miras, me buscas.

La gente que nos rodea lo sabe, nos observa, nos mira y cotillea. Así es la vida de aquellas personas que no tienen vida propia, que se aburren, no saben sacar el jugo a vivir la vida.

Pasan las horas, quieres que me tome unos chupitos, que se me suba un poco el alcohol y deje de ser coherente, buscar diversión, tú mirada a mi escote que hoy tengo que reconocer es un poco atrevido, no cesa.

Nunca pensé que fueras tan imprudente, debo marchar, me espera mi retoño, pero tu quieres que me quede, me escondes el bolso, me pides que espere un poco, van a hacer ese ritual que te gusta, quieres que yo lo vea, la queimada gallega, después me acercas a recoger a mi peque.

No estoy segura, no es que no confié en ti, lo hago, pero has bebido demasiado, últimamente creo que escudas tus problemas en esos chupitos que poco a poco se arriman a tu hígado.

Salimos es enero tarde ya noche, no tengo prisa realmente, mi hija esta en casita bien acompañada, quiero estar un rato contigo, no se por qué o tal vez si lo sepa.

Hablamos de Historia,  de las nuevas teorías científicas. Locuras del mundo que están por llegar, me dices una excusa tonta o eso pienso yo. “Yo solo quiero divertirme, sin hacer daño a nadie, no quiero hacerte daño, quiero estar contigo”

Una sensación de vértigo recorrió todo mi cuerpo, una locura por qué no.

Llegamos al coche, me abriste la puerta cuando querías cerrarla, lo hiciste, me besaste mientras tus ojos verdes se perdían en los azules míos, tus dedos acariciando mi rostro. una mano en tu cintura acercándome a tu piel.

Busque tus manos eran grandes, mucho, pero tu también eras muy alto. Nuestras manos sintiendo el latir acelerado de nuestros corazones, no había más que hablar, todo fluia como el deseo quería.

Estábamos muy cerca, realmente a unos pasos de ese hotel en el que algunas veces comíamos, y sin darnos apenas cuenta, allí estábamos subiendo en el ascensor, sin dejar de sentirnos.

Nos costo abrir la habitación, esos nervios que traicionan, el reverso y el anverso. Y sin apenas hablar hicimos sexo, ahora se llama así, si etiquetas que aten ligaduras.

La noche era muy fría, era mi cumpleaños, el no lo sabía, o eso pensaba yo. Y hablamos mientras empezamos a recorrer nuestros cuerpos, geografias desconocidas pero minuciosamente estudiadas y soñadas a diario durante tres largos años, roces que hacían caricias y las mariposas alborotaban en el estomago. Ojos perdidos en otros ojos. No sabíamos o no queríamos saber que era aquello que nos pasaba.

A él le gustaba hablar y a mi escuchar, complementos perfectos, él había vivido, viajado, fornicado, aquellos años de vida en Brasil, le dieron mucha escuela al chaval.

Le gustaban las brasileñas mucho, sus grandes pechos y esos culos que movian de aquella manera. Pero aún así me deseaba, nos deseábamos. Me desnudo poco apoco mientras me besaba y acariciaba, despacio sin prisas, conocía los artificios del amor.

Recorrió mis senderos, mis montañas y mis playas, se centro en mis pechos que le pedían boca, mi boca sed para él, mientras fluidos se hacían lugar en ambos cuerpos, dejando que la mente se fundiera en momentos, donde las neuronas desconectadas, dejaran que la energía danzara.

El ardor de su cuerpo dentro del mio, el calor de su piel en la mía, su lengua en mi ombligo acercándose el momento en que encumbrar el clímax era solo cuestión de minutos.

Uno dentro del otro, sin artificios que nos impidan sentir, viajando entre otras nubes, descolocando nuestro ser. Sentir hermosos momentos cuando fluyen sin más, buscando solo el placer en el que dos almas encumbran un momento de pasión. Maravillosa sensación, hermosa emoción, eterno estimulo certero que recrea la vida.

Entre tus brazos latía aún, cuando pedías más, boca, lengua y aire que se queda esperando paso entre dos labios que en su furia no cesan de besarse. Latíamos uno, aunque confunda.

Al amanecer aún en tu regazo, mi espalda junto a tu pecho, tus manos bajo mi vientre, la respiración acompasada y los pensamientos varados aún entre tu piel, después de ser vida entre haces de luz y energía en que se descomponía nuestro ser.

¿Ya te divertiste amigo? Si, pero yo no quería que lo entendieras así. Yo te deseo, tal vez te ame, deja que el tiempo diga lo que somos y mientras vivamos divirtiéndonos.

¿De acuerdo amiga? Bailemos….

Marijose.-

 

About María José Luque

Mi pasión las letras "siente la música de la vida, aún en el desierto,cuando el viento te envuelve, suave, cálidamente"

Acerca de María José Luque

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Una respuesta a Ese eras tú…

  1. revinte dijo:

    Precioso relato erótico que desborda la imaginación. Besitos

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