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En soledad

En soledad

 

EN SOLEDAD

Hoy camino por el parque en soledad. Un silencio absoluto me envuelve. El gris de la mañana no ayuda tampoco a animar el día. Es un día anodino, como cualquier otro, pero hoy siento el aire enrarecido, como si algo extraño estuviese ocurriendo.

No hay ninguna persona en mis alrededores. Ni siquiera los habituales paseando a sus mascotas al frío de la mañana, siempre con prisas, apurando los minutos antes de marchar hacia sus trabajos. Tampoco puedo ver ningún corredor, de los tantos que suele haber a estas horas. Me gusta bajar al parque temprano, cuando apenas ha amanecido, para aprovechar ese momento de tranquilidad antes del bullicio cotidiano, disfrutar de esa naturaleza escondida dentro de los humos de la gran ciudad.

Pero no me encuentro con nadie esta mañana. Ninguna persona con la que cruzarme e intercambiar un educado “buenos días”. Lo cierto es que siempre he disfrutado de la soledad, pero dentro de unos límites. Miro en torno a mí. No hay nadie, absolutamente nadie. Siento como si el mundo hubiese dejado de existir. Es muy extraño.

Agudizo todos mis sentidos para percibir al máximo las sensaciones que me transmite la naturaleza. Los pajaritos no cantan contentos en las copas de los árboles, quizá aún estén durmiendo, arropándose los unos a los otros ante el frío gris de esta mañana invernal. Pero ha habido muchas mañanas como esta. Y la actividad de la naturaleza continuaba sin pausa, sin importar si hacía sol o niebla. Las crías piaban de manera constante reclamando su alimento diario. Hoy no.

Observo los árboles, deteniéndome en cada detalle, recreándome en el maravilloso efecto de la naturaleza. Ellos mismos parecen no querer saber nada de mi existencia. Los siento altaneros, soberbios, indiferentes por completo a mí. Parece como si quisieran decirme: “sabemos que estás ahí, pero no queremos saber nada de ti”. No sabría explicarlo, pero es la sensación que me transmiten.

Me pregunto qué está ocurriendo esta fría mañana de invierno. ¿Acaso se ha paralizado el mundo y soy el único que ha traspasado el límite, el único privilegiado con capacidad para actuar en el día de hoy? ¿Ha desaparecido toda existencia alrededor mío y soy el único superviviente?

Me siento sobre el césped, sobre la hierba que rodea los altos árboles altaneros, e inmediatamente puedo notar cómo la humedad traspasa mis pantalones vaqueros. No me importa, es más, disfruto de ello. Cruzo las piernas y cierro los ojos. Toda mi vida transcurre como una película ante mí, a cámara lenta, recordándome cada error, cada fracaso, cada lamento, cada día de rabia, de furia, de llanto. Reflexiono en la soledad del parque, sabiéndome libre, sin personas alrededor. ¿Qué he hecho en realidad? ¿Qué he conseguido? ¿Dónde quedaron todos aquellos sueños y planes de mi juventud? Es evidente que no fueron más que una mera utopía. ¿Estoy viviendo en realidad lo que quiero vivir? ¿O solo una existencia prestada, vacía, sin sentido?

No sé cuánto tiempo ha transcurrido desde que me senté sobre la fría hierba. Solo sé que al abrir los ojos, el parque tenía su actividad habitual. Había personas paseando, algunos acompañados de sus mascotas, corredores sin miedo al frío de la mañana, el trino de las aves se escuchaba alto, alejado del trasiego de la gran avenida que circunda el parque, y los árboles parecían tan acogedores como siempre.

Fue entonces cuando comprendí que no estaba solo en el mundo. Estaba solo con mi soledad.

About Ana Centellas

Soy Ana profesional de los números,apasionada del mundo de la letras,iniciando mi aventura literaria, aprendiendo un poquito más cada día y compartiendo mi sueño con una familia genial.

15 Comentarios

  1. Muy bueno tu relato Ana. La soledad, tan aconsejable en ciertos momentos y tan dura cuando no vemos a nadie alrededor porque nos sentimos solos a pesar de la multitud que pueda rodearnos. Besazos muchos guapísima.

  2. Muy, muy lindo. Gracias!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  3. Buenas preguntas para reflexionar, nacieron de la experiencia, la soledad nos abre caminos hacía nuestro corazón y el siempre tiene las respuestas. Un abrazo

  4. O FUISTE DEMASIADO PRONTO, QUIZÁS….
    O A A NADIE QUERÍAS VER EN REALIDAD

  5. La soledad cuando no es buscada, llena el alma con hálito frío y abre la puerta al miedo más primitivo, estupenda puesta en escena. Un beso.

  6. La soledad puede ser muy dura si no es lo que deseas. El miedo a estar solo es innato al ser humano que es sociable de por sí. Me ha encantado tu relato, le has dado una connotación dramática muy buena. Besos de luz primor.

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