titiritero

Nuevamente el frío intenso y la espesa niebla llegaron al pueblo. Por la noche la gente dormía con inquietud en espera de escuchar algo extraño de nuevo.
Y lo esperado llegó, nuevamente la bestia recorriendo otra calzada y su arrastrar de cadenas, solo que ahora acompañada de un grito que se fue perdiendo en el recorrido, nadie salió, solo rezos como murmullos en muchas casas donde escucharon tan tenebroso y escalofriante ruido.
Nuevo día y había noticias, Goyo el panadero desapareció, su último lugar, una
popular cantina del pueblo, de donde se retiró a la media noche bastante borracho.
-Seguro el grito era de Goyo, la bestia extraña se lo llevó.
-Algo anda mal y se debe a la llegada del raro muñequero, él debe de saber que es.

El titiritero fue requerido por la autoridad del lugar.
-Mire amigo… La gente atribuye los que se ha manifestado a su llegada y quiere que
se vaya de este pueblo, esas cosas raras pues no mas no sucedían aquí.
-Hay un hombre perdido mientras lo raro sucedía por la noche, sabemos que usted
no se movió de la posada de la viuda Mercedes, ella lo confirmó y le creemos.
El espigado hombre sin inmutarse solo encendió un puro y manifestó:
-Mire comandante, he estado en muchos pueblos y jamás habían sucedido este tipo
de situaciones, sé que mis títeres causan un poco de miedo y las historias que cuento acentúan más a este, pero esas leyendas son ciertas; tal vez comiencen a suceder en este lugar.
-Solo deme los dos días en que vence mi estancia dentro de la posada y a primera
hora partiré de aquí.
Consciente de tal situación decidió ya no dar más funciones, levantó su carpa guardó todo en esa gran carreta la cual llevó a un costado de la posada.
Ya no salió más por temor a enfrentar a la gente, solo se dedicó a escribir lo que estaba aconteciendo durante esos días.
Esa misma noche el comandante salió para tratar de averiguar algo acerca de lo que sucedía, gente que escuchó sus pasos asomo por rendijas identificándolo conforme avanzaba hacia la posada, perdiéndole entre la humeante neblina con brisa.
Una vez más, el galope a alta velocidad y un grito aterrador, solo que ahora si algunos hombres se dieron el valor de ver por las rendijas y a lo lejos un caballo negro y la silueta del jinete con un cuerpo lazado colgando de la bestia perdiéndose en la calzada que llevaba hacia el panteón a la salida del pueblo.
Tan pronto aclaro la mañana no se hizo esperar la salida de la gente a las calles
-era una bestia grande, arrastraba un cuerpo pero no se distinguía al jinete, debe
 ser el diablo.
-El comandante no aparece, yo lo vi caminando hacia el viejo parque rumbo a la posada. Seguro que era el a quien llevaba colgado.
-El muñequero trajo la maldición y los seres del mal, debemos pedirle que se largue

Medio pueblo se presentó a la casona lanzando consignas y pidiendo la salida del
titiritero, quien dando la cara les dijo que nada tenía que ver, lo que él hacía nunca
hizo daño en otros lugares.
La viuda salió en su defensa y les pidió que lo dejaran en paz, que solo pasaría esa noche y se marcharía al día siguiente.

Por la tarde se organizaron grupos de hombres que acordaron dejar ensillados sus caballos para salir detrás de aquel extraño jinete, el cual estaba causando terror en el pueblo.
Al anochecer todo en aparente calma, los hombres solo se recostaron para disipar el frío, algunos tomando tragos de aguardiente para mantener calor en el cuerpo,
llegandose la medianoche y su jinete de terror hacia su aparición, cruzaba el viejo parque y a mitad de este reparaba y hacia relinchar aquella enorme bestia negra,
cayeron las puntas de las cadenas contra las piedras de la calzada y de
inmediato salió en estampida rumbo a la salida del pueblo. No se hizo esperar la cacería, rápidamente comenzaron a salir en sus caballos todos aquellos hombres que esperaban este momento, con antorchas y armados con machetes y algunos
rifles emprendieron a todo galope en persecución. Todos lo más junto, no se separen porque no sabemos lo que es, debe dirigirse al panteón, gritaban mientras
recorrían la calzada de salida. Algunos se incorporaron sobre el camino
-Lleva a alguien alcance ver un cuerpo amarrado y colgado sobre la parte trasera de la bestia, decía uno de ellos. De prisa demos alcance que ya nos tomó ventaja.
Después de cabalgar a gran velocidad, la estampida de hombres se acercaba a una calle empedrada que llevaba hacia la colina, donde se encontraba el panteón del lugar.
-Debe ser el titiritero, es hora de desenmascarar y castigarlo. Apuntaban algunos
-Si, lo llevaremos a la horca para hacerle pagar sus crímenes.
Un silencio propio del miedo y la oscuridad acompañados de niebla muy espesa
solo se lograba distinguir la entrada a ese panteón, uno de los hombres bajó del caballo y miró hacia el piso mojado y entre el lodo húmedo vio señas frescas de cascos, lo que indicaba claramente que ese jinete se había internado al cementerio.
-Revisemos con cuidado toda la zona, haremos grupos de cinco y no se alejen demasiado
para saber si alguien se encuentra en peligro.
Tomaron diferentes caminos entre las tumbas, algunas ya abandonadas y viejas, el primer grupo subió una pequeña loma donde se dispersaron entre veredas formadas por tumbas, uno de ellos se detuvo ante un sonido poco perceptible, apenas volteaba cuando sintió una bolsa de tela entrar por su cabeza y una angustia de no poder ver seguido por la asfixia que le propinaba.
Cayó del caballo y fue arrastrado en dirección contraria. Cuando su grupo se reunió nuevamente solo encontraron a su caballo.
-Rápido muévanse y llamen a los demás debemos encontrarlo antes que le haga daño.
Replegando el grupo nuevamente decidieron recorrer el cementerio juntos en busca de su hombre y el aterrador jinete.
Más de media hora les llevó la búsqueda, llegaban al final del cementerio y una tumba grande antigua como pequeña casa, tenía entreabierta una reja de hierro forjado y oxidado, a la vez una lápida de piedra de cantera delgada deslizada dando paso a unas escaleras que bajaban hacia su interior…

(continuará)

About Xavier Hernandez

Encontré en las letras un desahogo de mi mente que se mantiene inquieta en ideas. Vivo un mundo de fantasía, siguiendo muy de cerca la realidad. Pienso que las historias no deben morir en la nada y darles eternidad plasmadas en tinta y papel.
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