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El peso del mundo

 

EL PESO DEL MUNDO

 

Las nubes se deslizan raudas sobre mi cabeza. Me quedo absorta mirándolas, evadiéndome de cualquier pensamiento. De vez en cuando, una pequeña golondrina se acerca peligrosamente a mí en vuelo rasante, y regreso a la realidad.

Estoy en la terraza, fumando cigarrillo tras cigarrillo, mientras mi mente no para de pensar, y pensar, y pensar… ¿Qué será de mi vida? ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? Mejor vuelvo a mirar las nubes pasar. Mucho menos estresante. Aquella nube blanca que sobrevolaba mi cabeza hace un par de minutos ha desaparecido y, en su lugar, un enorme nubarrón negro lo cubre todo.

Está cayendo la noche y comienza a refrescar. Daría lo que fuera por un buen tazón de café caliente, pero hay algo que me impide moverme de mi lugar, tan cómodo en la hamaca. Hace un buen rato que no se oye bullicio en el parque que hay bajo mi casa. Los niños y sus padres poco a poco se han ido recogiendo, imagino que para preparar cenas y baños. Pero yo sigo aquí, inmóvil, tranquila, en silencio, fumando mientras contemplo las nubes.

Otra golondrina despistada pasa demasiado cerca de mí y me saca de mi ensimismamiento. De mi contemplar extasiado las nubes volar por el cielo con las pequeñas ráfagas de viento que corren en nuestro rededor. La serenidad del ambiente parece absoluta, prácticamente fantasmagórica.

La oscuridad va en aumento y apenas puedo distinguir las nubes que tanto aislamiento me han proporcionado esta tarde. Mi piel se torna de gallina con el frescor de la noche. Ya ni siquiera vuelan las golondrinas cerca de mi terraza.




Pienso por un instante que es como si la vida se hubiese detenido. ¿Qué ocurriría entonces? Si todo se detuviese menos yo, ¿cómo me comportaría? ¿Lo soportaría? El tránsito de un coche solitario por la calle me devuelve a la realidad, agradecida de que la vida no se hubiese detenido.

Y decido que ya es hora de entrar dentro de casa, de disfrutar de mi familia, de preparar la cena y los baños, como el resto del mundo que habita mi pequeño mundo. Mientras, pienso en la frase que me ha dicho mi hijo esta tarde: “¿Sabes que es lo que más pesa del mundo? El mundo.” Filosófico estaba hoy el muchacho.

Y llevo toda la tarde dando vueltas a una cuestión tan absurda que al final decido que cualquier peso que podamos tener, siempre va a ser menor que el propio mundo, así que mejor dejarse llevar por él, para que su peso sea más liviano.

 

 

About Ana Centellas

Soy Ana profesional de los números,apasionada del mundo de la letras,iniciando mi aventura literaria, aprendiendo un poquito más cada día y compartiendo mi sueño con una familia genial.

2 Comentarios

  1. Relatas tan bien esos momentos que me parecía estar viviéndolos, aunque omitiendo el cigarrillo. Y, ¡claro! ¡Nada será nunca más pesado que el mundo. ¡Me encantó!
    ¡Un abrazo!

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