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Como cada jueves a las siete de la tarde acudía a la tertulia en el expo-bar, allí se daban cita lo más granado de la ciudad en cuanto artistas se refiere.

También como casi siempre la mayoría eran mujeres aunque últimamente parecía que los hombres se animaban a acudir. Eran tres horas largas de animada charla donde se compartía distintos puntos de vista sobre libros, pintura y fotografía. Al llegar a la parada del autobús se dió cuenta que se olvidó el fular en la silla del bar, miró el reloj y deshizo lo andado.

Empujó la puerta pero estaba cerrada aunque un luz tenue iluminaba el recinto, dió unos golpes a ver si alguien los escuchaba, los repitió una y otra vez hasta que por fin le abrieron.

Se adentró hasta  el fondo, en el recuadro casi escondido donde solía sentarse y allí estaba en el respaldo de la silla que había ocupado.

La puerta que siempre permanecía cerrada estaba entre abierta, su curiosidad le impulsó a echar un vistazo sorprendida descubrió una mesa con vasos llenos de un líquido verde y a su alrededor unos rostros conocidos. A su espalda reposaban unos caballetes, los pinceles y los botes de pintura intactos. Esperaban de los artistas  un rasgo de creatividad.

Les miró con sonrisa burlona y añadió: La absenta de hoy no produce alucinaciones pero recordáis a pintores de otro tiempo. Sin esperar la respuesta dió las buenas noches y regresó a casa.

A la mañana siguiente abrió el portátil y buscó información sobre la bebida antes de la prohibición. La absenta como planta también es conocida como ajenjo en sus dos variedades.

Antiguamente esta planta se quemaba como signo de ofrenda y rituales. La composición de la bebida es el aporte de aromas de las flores del ajenjo, las flores del hinojo y del anís. A esta triple composición la llamaban “la santa trinidad”.

La destilación del ajenjo en las flores del hinojo y el anís produce una disolución alcohólica incolora que abandona el alambique con una concentración de cerca de 82 % de alcohol. la clorofila del propio ajenjo añadido al líquido resultante de la destilación. Tras este proceso se reduce con agua para obtener la concentración deseada de alcohol. Dependiendo del tiempo de exposición a la luz la clorofila puede variar de color desde el verde esmeralda pasando por un amarillo verdoso hasta un marrón. Ésta es la explicación de que las absentas vendidas «vintage» muestren colores ambarinos como resultado de este proceso de envejecimiento y reacción a la luz.

Actualmente existen diversas variedades que, para acentuar su sabor, utilizan menta e incluso cannabis. No obstante conviene recordar que muchas de las hierbas empleadas en la elaboración pueden ser venenosas en grandes concentraciones. Es por esta razón que se aconseja no tomar esta bebida pura.

A finales del siglo XIX se elaboraban productos falsificados de ajenjo donde ocasionalmente se adulteraba con virutas de cobre, zinc o índigo con el objeto de dar color verde y sabores característicos.

La adulteración con cloruro de antimonio para producir el efecto louché y junto con el dopaje de otros productos tóxicos contribuyeron a que tuviera una reputación de inductora a la alucinación.

Después de refrescar la memoria buscó pinturas donde la bebida era la excusa para plasmar la sociedad de aquel tiempo.

Llegó un nuevo jueves, una nueva tertulia pero esta vez se quedaría hasta tarde para integrarse en el grupo de pintores. A lo largo de las horas notaba como sus ojos la miraban inquisitoriamente y con una pizca de preocupación.

Sobre las nueve y media, la sala se fue quedando vacía y el hombre celta abrió la puerta de la salita. Uno a uno ocuparon su lugar, ella cogió una silla haciéndose un hueco y se sentó en espera de nuevos acontecimientos.

Las copas se tiñeron de verde incluso la suya que le sirvieron sin preguntar, las alzaron brindando porque las musas esa noche les visitaran. Sorbo a sorbo intercambiaban miradas sin musitar palabra alguna.

El silencio roto por el sonido de las copas pesaba en el ánimo de todos alcohol todavía no surtía efecto. Ella a penas lo probó sin embargo se sentía libre, sin ataduras convencionales por ello les incitó a emular a los grandes artistas del impresionismo.

Ante su provocación abrieron los botes de pintura acrílica y mojando los pinceles comenzaron a mezclar los colores más llamativos con formas variadas. En un frenesí sin igual liberados de la presión social de las normas de convivencia fueron plasmando ideas, sentimientos, traumas y ambiciones que de otra forma nunca saldrían.

Agotados abandonaron todo el instrumental y las obras se ocultaron en la trastienda donde nadie entraba. Pasaron los meses y nunca se volvieron a reunir alrededor de las copas a medio llenar con el embrujo del hada verde.

Estel se dirigió al museo de arte contemporáneo para concertar una cita con la directora o con la persona encargada de las exposiciones. Con fortuna se encontraron en el hall y durante la conversación introdujo los nombres de los artistas que ella conocía. Al ser una exposición conjunta y tener una semana libre la sala, el museo quedaba cubierto y ellos tenían una gran oportunidad.

Con la información y los impresos se marchó a la tertulia para que los rellenaran y eligieran las obras todo iba rápido. La publicidad en las redes sociales hizo su labor y el día de la inauguración fue todo un éxito.

Descolgados de las paredes no debían ocultarse más y del museo salieron a mostrarse donde se gestaron. Lo que sorprendía era la cantidad de compradores que surgían, sin embargo esas obras no abandonarían las paredes que les pertenecían.

 

Toñi

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