Se besan. Notan algo húmedo. Un grupo de sonrisas adolescentes se enamoran a lo idiota. Encima de los cuerpos, un canto obsceno de placeres se pone a experimentar de un lado a otro. La aventura inhala su esencia. Y ya no escapa.

Derraman palabras que atan, siempre acechantes. Están convencidos de que el mundo se engalana a sus pies. Cierran los ojos entre lenguajes que desplazan a la realidad.

Miran igual al cielo que al suelo y no surge ni un solo desacuerdo, se enredan en un nuevo torbellino. Han venido a vivir.

Miguel García Cancio

Han venido a vivir y crecer, es la felicidad del momento, la inocencia de navegar en el mar de la pasión y los deseos.

Están presos de ellos y de los sentimientos que se desbordan a través de cada uno de sus cuerpos. A pesar de conocerse hace solo unas horas, ha surgido entre ellos una conexión tan extraña, intensa e incontrolable, casi imposible de explicar.

Será el destino que los ha unido o hay algo más…

Ana Mayo Daza

No, solo existía el deseo de experimentar hasta las profundidades del abismo. El sexo para ellos se convirtió en su religión, sin embargo al cabo de unos meses el vacío se instaló en sus vidas.

Pasaron sin transición de la pasión de las primeras veces al cansancio y la rutina. Ello les movía a la búsqueda de otras opciones más arriesgadas y extrañas.

La tarde con un azul tan intenso como el mar les enredó en su embrujo; y en la lejanía percibía una silueta masculina que le atraía como un imán.

A medida que la distancia se acortaba se dió cuenta, justamente entonces con melancolía y asombro casi rozando el estupor, de que habían pasado muchos años desde la última vez que fui verdaderamente traspasada por la pura violencia del deseo. Y la necesidad ciega de perderme y morir, o estar viva en los brazos de alguien.

Al igual que muere el día para renacer cada amanecer con la luz cegadora del  Mediterráneo.

Toñi Redondo Vicente

Se han encontrado, la vida con su apariencia de casualidad, les llevó a cruzar sus miradas. Nació el asombro, el deseo, una llamada antigua que recorrió sus manos, sus corazones inexpertos, lanzados a un abismo en el que descubren quienes son realmente, enfrentados al espejo del otro.

Desde un tiempo en el que aún no habían nacido, desde muy lejos, a través del río de su sangre y de la conciencia atávica que a todos nos traspasa, les llegó la llamada.

El canto ancestral de antiguas voces que hablaban a través de sus palabras, que tomaban forma en sus gestos y sus caricias.

El deseo que compartían, era el mismo deseo que hizo que los seres humanos se prolonguen en el tiempo. Su ilusión es la misma a la que nos aferramos una y otra vez, la que nos mantiene vivos y nos hace crecer.

Cristina Gil Romero

La soledad de ella se estrellaba contra todas las que de él emanaban. Nada le parecía que pudiera llenar el hambre de él, aunque salieran incluso de los límites sin su consentimiento.

Ella sabía que no le era fiel, que entre encuentro y encuentro había muchos perfumes de mujer alimentando su ego.

Cuánto más daba, más sentía que le devoraba; todas las incursiones al templo de Eros, daban como final un éxtasis en el que se rompía en mil pedazos el espejo del amor.

Fue entonces cuando urdió su plan….

Estrella Alvarado Cortés

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