Diosa en redes.

Sintió que la temperatura del interior de sus muslos subía por instantes con cada “uffff” que escribía, sus labios se humedecían con palabras escritas. Apretó sus piernas, sintió su clítoris enérgicamente endurecido y caliente contra ellas, se mojó… Notó el rubor de sus mejillas quemando piel adentro y simplemente se dejó llevar. A veces le faltaban manos para ocuparse de su deseo y del teclado al mismo tiempo, otras veces era toda escritura para que al otro lado pudieran abandonarse también a sí mismos. No podía haber imaginado que todo ese subidón de adrenalina le abstrajera de todo lo que estaba pasando en su vida real, pero así era.

Después, ¿qué importaba el después?… Era su momento, pensar en ella misma, siendo libre de hacer y deshacer a su propio albedrío, sin tener en cuenta más criterios  que el propio por primera vez en su vida. Se alivió las heridas de su yerma piel tanto tiempo abandonada, de su frialdad que había entretejido a su día a día obviando sus sensaciones humanas hasta el olvido. Ahora reivindicaba sus derechos, sus ganas de enseñar las partes de su cuerpo que durante años habían vivido ocultas.

Liberar su cuerpo no era barato, la atracción seductora era muy cara para alguien sin recursos económicos como ella. Se agolpaban en su cabeza miles de ideas, debería vencer sus miedos y dejar de una vez por todas que sus ganas se liberasen por completo. Y deseaba hacerlo con toda la parafernalia que su imaginación requería.

Contaba con una pequeña cantidad que le ofrecía la “misericordia estatal” establecida para personas sin recursos. Nada había conseguido como emolumento en su separación, cuando su pareja adujo el abandono de sus tareas como madre, y le arrebató la custodia de los niños. Por otro lado casi nunca los veía ya que su ex pareja procuraba hilar excusas para librarla cuanto podía de estar con ellos, a lo que ella habría podido responder jurídicamente, pero se hallaba tan extenuada de luchar contra la voluntad de aquel hombre, que siempre parecía ganarle las batallas, que ya apenas encontraba fuerzas para intentarlo, simplemente se sometió al régimen que a él le apeteciera sin rechistar. Podía llevarse meses sin ver a los niños, pero los momentos en los que estaba con ellos eran realmente en los que la vida se reconciliaba con ella. Se había prometido que ellos nunca la verían triste, que su rostro siempre pudiera recordarse enmarcado en una alegre sonrisa, y fue feliz en esas horas, días o momentos en cuerpo y alma.

El resto del tiempo lo dedicaba a su droga favorita, el sexo. Había sido tan fácil como hacerse fotos provocadoras de sus partes más intimas. Sentía que iba liberando su líbido por momentos. Escudriñaba en las tiendas las lencerías más provocadoras. Compró un trípode y una pantalla de luz blanca para iluminar su cuerpo adecuadamente, a veces hasta recurría a algún fotógrafo amigo. Buscaba ávidamente las fotos más seductoras que encontraba en internet y simplemente las repetía pero con su toque personal. Nunca faltaron montones de seguidores que quisieran seducirla… Aquellos pechos eran dignos de una diosa, su maravilloso culo levantaba pasiones y falos a lo largo y ancho de muchos países. Su dosis de adrenalina estaba asegurada a diario, tantas veces como le apeteciera.

Recibió muchas ofertas para profesionalizarse, para compensar económicamente sus momentos íntimos. Eran muchos los que le ofrecían aventuras increíbles, en aviones privados, viajes como acompañante, regalos carísimos que nunca había tenido la oportunidad de comprarse.

Quizás algún día terminaría aceptando todo lo que le ofrecían, o quizás no. Ahora todo estaba en su mano, todo dependía de su libre elección, todo era posible con aquel bonito cuerpo. Al fin y al cabo ejercía la libertad más grande que puede poseer un ser humano, según ella, claro… Era libre de permitir abandonarse ante quién la poseía unos minutos, el resto del tiempo se pertenecía únicamente a sí misma.

Idolatraba sus pechos, le parecían aun más bellos fotografiados, sus labios, sus nalgas, conveniente y ligeramente iluminadas eran suficientes para que ellos vibraran, la imaginación volaba a su encuentro en partes muy dispares de la geografía. Recibía invitaciones de todo tipo, algunas de hombres espectacularmente ricos y bellos. Aquel constante cuidado de sí misma sólo evitaba una parte de su cuerpo a la exposición mediática, su rostro, ese gran secreto. Si bien algunas veces ofrecía alguna sección, una ceja, un ojo, ambos quizás, los labios… Tenía mucho cuidado de no ofrecerlo completo. A oscuras, por detrás, por delante, todas las partes de su cuerpo eran arto conocidas por sus usuarios, todas excepto su cara.

Llegó a recibir ataques directos de muchas otras usuarias siempre por la misma causa, por celos. Más siempre estaban alerta sus defensores a ultranza para neutralizar lo más rápidamente posible esos ataques poco usuales. Sabía cuando debía cerrar con siete llaves a los usuarios no deseados, y una vez pasado el peligro abría de nuevo el candado.

Sólo unas cuantas cuentas permanecieron permanentemente bloqueadas, ella era la única que conocía las razones para hacerlo. Nunca confió en nadie, es muy caro el anonimato en estos tiempos, exige de soledad y reaños, y si hay algo que ella tenía eran un par de ovarios para poder permitirse ese estatus. Si merecía o no la pena, tan sólo ella lo supo.

La duración de esta historia es como siempre corta en el tiempo, sus cuentas diversas para poder cambiar de usuario en cuanto algo parece amenazar la seguridad de un entorno dentro de su plano de confort, lo demás ya no importaba, su tiempo estaba muerto entre visita y visita a sus hijos. Todo lo demás era sólo sexo, nada más.

@carlaestasola

-Cualquier parecido con la realidad es mera casualidad, sólo escribo lo que imagino y lo que imagino viene dado por mis ojos y mi mente imaginando al compás-

En Madrid un día cualquiera en una red social.