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De tú a tú con Luis Leante, Premio Edebé 2016 de Literatura Juvenil.

Hay etapas en la vida en las que una descubre que no lo sabe todo ni conoce a todo el mundo que debiera. Eso me ha pasado a mí con el señor Luis Leante, escritor. Supe de él hace ya algún tiempo por medio de Lirios, una amiga de la familia y, desde entonces, son muchos los textos que he leído que han salido de su mente, de su corazón y de su mano. Podría decir que es uno de los mejores escritores que he tenido el gusto de leer y que ahora, gracias a este “De tú a tú”, vamos a conocer mejor.

Luis Leante nació en Caravaca de la Cruz, uno de los lugares más bonitos de mi querida Murcia y, aunque desde hace años reside en la provincia de Alicante, donde ejerció como profesor de latín, sigue muy ligado a su tierra. No podría ser de otro modo…

EBIP: Buenas tardes, señor Leante. ¿Apeamos las formalidades del usted en este “De tú a tú” y pasamos al ?

LL: Por supuesto.

EBIP: Gracias. Tengo que decirte que el blog tiene seguidores muy ligados a tu tierra, Caravaca, y son forofos empedernidos de sus fiestas. ¿Nos cuentas algún recuerdo de tu infancia que vaya ligado a los espléndidos “Caballos del Vino”?

LL: Uno de los recuerdos que más se repiten en mi memoria es la calle Mayor el día dos de mayo al amanecer: asomarme al balcón, ver el serrín que en aquellos años se echaba sobre las losetas para que no resbalaran los caballos, oír la traca que se tiraba desde el castillo, la campana de la Parroquia de El Salvador sin parar de tocar y, después, cuando se hacía el silencio, los cascabeles de los primeros caballos que salían a la calle, cuando apenas había gente…

EBIP: La primera novela que escribiste, Camino del jueves rojo, que obtuvo en 1982 el Premio Albacara de Novela, está ambientada en Caravaca. ¿Utilizar un escenario conocido es lo natural cuando se escribe?

LL: Cuando escribí esa novela tenía dieciocho años y apenas había viajado. Mi mundo se reducía prácticamente a mi pueblo. Intentaba escribir cosas que ocurrían en lugares lejanos y desconocidos, pero todo resultaba artificial, muy forzado. Después de aquella novela empecé a viajar y los escenarios de mis novelas empezaron a reflejar esos viajes. Para mí lo más natural es escribir de los lugares que conozco, pero no creo que sea imprescindible.

EBIP: ¿Crees, por tanto, que se debe conocer físicamente el lugar en el que decides ambientar tu trama o no es necesario en la actualidad?

LL: Hoy en día se puede viajar sin salir de casa. Naturalmente, no he estado en todos los sitios que se describen en mis novelas, pero algunos los he llegado a conocer muy bien, e incluso los he visitado después de escribir la novela. Hay herramientas muy útiles que te permiten estar en los sitios de manera virtual. No obstante, sí que encuentro diferencia cuando escribo sobre un sitio que no conozco. Reconozco que no me interesa viajar a los sitios para escribir de ellos; prefiero que los escenarios salgan solos y de manera natural. Creo que Julio Verne salió poco de su ciudad, y describió el mundo mejor que algunos escritores que lo conocían bien.

EBIP: ¿Existen el mal escritor y el mal lector?

LL: Yo creo que no hay buenos ni malos escritores, sino lectores a los que les gusta una obra o no les gusta. Los criterios para escribir bien o mal están dictados a veces por gente que no ha escrito nunca. Y, por el contrario, los criterios para ser un buen o mal lector están tomados a veces de escritores, más que de lectores. Los cánones sobre lo que está bien o mal en literatura son imposiciones que frenan la creatividad. El lector y el escritor deben sentirse libres para leer y escribir lo que les dé la gana. Todo lo demás es un convencionalismo. No me gustan los cánones, como escritor, ni las listas de buenos y malos libros, como lector.

EBIP: Toda tu vida has estado ligada a las letras, de hecho te licenciaste en Filología Clásica en la Universidad de Murcia y siempre te ha gustado escribir.

LL: Primero fue la lectura, desde muy pequeño. Después fue llegando el gusto por escribir, pero muy poco a poco, casi como un juego. Cuando el juego empezó a ir en serio, tuve que tomar una decisión. No hay ninguna carrera universitaria para ser escritor, así que tuve que elegir algo que me fuera útil. Y el latín es la herramienta más útil que existe para cualquiera que quiera escribir, incluso ser periodista, o guionista, o corrector de estilo, si me apuras. Lo poco o lo mucho que sé sobre el lenguaje se lo debo a los estudios de las lenguas clásicas. El resto viene de mis lecturas.

EBIP: Como educador, ¿piensas que estamos los padres lo suficientemente implicados en la educación de nuestros hijos u hoy en día se delega demasiado en los centros escolares? Hablo en general.

LL: Y te respondo también en general. Por mi experiencia puedo decir, con muchas posibilidades de equivocarme, que los padres delegamos demasiado en la escuela la educación de nuestros hijos. La educación no es únicamente aprendizaje, sino transmisión de valores, criterios, etc. En la escuela se puede enseñar, pero no se debería educar más allá de unos valores muy generales. El resto lo debería poner la familia. Y yo dudo de que se haga todo lo necesario para que sea así.

EBIP: He leído una frase tuya que me ha encantado: “Todos los adultos deberíamos imaginar cómo sería tener quince años en 2016”. Cuéntame…

LL: Sí, a menudo los adultos nos quejamos de la juventud y nos olvidamos de cómo éramos nosotros a su edad. Los problemas que teníamos con nuestros padres eran del mismo calibre, o mayor, que los que nuestros hijos tienen ahora con nosotros, pero parece que se nos ha olvidado. El adulto es una persona que ya conoce el argumento de una historia e incluso el final, pero el adolescente está apenas en los primeros compases de esa historia y está perdido. También nosotros estuvimos perdidos. La adolescencia es como el acné, se pasa con la edad y a veces deja huellas muy profundas. Y, queramos o no, todos hemos pasado por ahí. Conviene refrescar la memoria.

EBIP: Como aficionada a la escritura, me he preguntado muchas veces si realmente los talleres de escritura sirven para algo y si todos los que encontramos publicitados son buenos…

LL: No sé si todos son buenos. Estoy convencido de que habrá buenos y malos talleres, como es lógico. Lo cierto es que ahora hay muchos. Es una tradición anglosajona que aquí ha tardado en llegar, pero que ha llegado. Por lo general, nadie duda de que se pueda enseñar a pintar, a esculpir o a tocar el piano y, sin embargo, se suele poner en duda que se pueda enseñar a escribir por medio de talleres o de clases. Suena a “perogrullo”, pero no hay nada que no se pueda enseñar o que no se pueda aprender con ayuda. Y la escritura no es una excepción. ¿Por qué todos los escritores deberían ser autodidactas si no lo son los músicos o los pintores, por ejemplo?

EBIP: ¿Qué debemos hacer para inscribirnos en el que tú impartes?

LL: La demanda es tan grande en los últimos tiempos que estoy desbordado y tengo lista de espera para los tres próximos años. Por eso aconsejaría a quien esté interesado que busque a otros escritores o especialistas que también impartan talleres.

EBIP: ¿Qué es más difícil: conseguir un buen relato corto o una buena novela?

LL: Un buen relato corto es la cosa más difícil de hacer. Las novelas terminan siendo buenas o malas casi por casualidad, porque el escritor no lo puede controlar todo. El proceso es muy complejo. El relato, sin embargo, debe ser como un mecanismo de relojería perfecto: nada puede sobrar ni faltar. Por lo general, de cada cien relatos que se escriben, únicamente sale uno bueno o muy bueno. El problema es que muchos se empeñan en publicar también los otros noventa y nueve.

EBIP: Leí una entrevista en la que afirmabas rotundamente que si no hubiese sido por los premios que has ido cosechando a lo largo de tu carrera como escritor, hace tiempo que te hubieras quedado por el camino. ¿Es muy difícil conseguir que te publiquen siendo un desconocido? ¿Cuántas puertas se te cerraron hasta que en 2007 conseguiste el Premio Alfaguara de Novela con Mira si yo te querré?

LL: Publicar es muy difícil, con premios y sin premios. En general, los premios, excepto algunos muy conocidos y mediáticos, no te abren apenas las puertas para publicar, pero te dan confianza y seguridad. Es como si te dijeran que ese es el buen camino, son inyecciones de moral. Cuando no te conocen en una editorial, cuesta más trabajo que te lean. Pero si consigues que te lean y eres bueno, por lo general te publican. Insisto: el problema es que te lean. El silencio editorial es el peor enemigo del escritor, porque termina desmoralizándolo. Yo gané antes de 2007 muchos premios que me abrieron pocas puertas, o ninguna, porque se publicaban en ediciones que no se ponían a la venta. Pero con el Premio Alfaguara cambió todo, porque tiene detrás el respaldo de una editorial y la difusión en más de veinte países. No obstante, cada uno cuenta la feria según le ha ido.

EBIP: ¿Algún consejo para esos escritores noveles que comienzan su carrera?

LL: ¡Me siento incapaz de dar consejos útiles a nadie! Además, ninguno de los consejos que me dieron en su día me resultaron útiles. Cada uno debe buscar su propio camino  a su manera.

EBIP: Hace unos días tuve el honor de entrevistar a nuestro paisano FJ Motos, escritor también como tú, y le hice una pregunta que me despierta mucha curiosidad, así que la voy a repetir contigo. ¿Qué opinas de fenómenos sociales tan bestiales como el que se produjo con la publicación de la Trilogía de Grey?

LL: No es nada nuevo y no debería sorprendernos, sino todo lo contrario. Gracias a fenómenos como este, hay gente que lee un libro por primera vez. Además, aunque mucha gente no lo sabe, las editoriales que dan un “pelotazo” con una obra o una trilogía como esa (también pasó con la trilogía de Stieg Larson, salvando las distancias) emplean los beneficios en publicar a escritores semidesconocidos o totalmente desconocidos, apuestando por ellos. A pesar de lo dicho, debo confesar que no he leído la Trilogía de Grey.

EBIP: ¿El olvido es el peor enemigo del escritor y su obra?

  1. No estoy seguro. Creo que hay muchos enemigos menos espectaculares. Si alguien se siente olvidado, al menos antes hubo un tiempo en que no fue así. Creo que es peor no llegar y, por lo tanto, que ni siquiera te puedan olvidar.

EBIP: De todos los géneros que has cultivado, que son muchos (novela negra, histórica, teatro, literatura infantil, juvenil, guiones, adaptaciones de relatos para cine,…), ¿con cuál te quedas?

LL: Con cualquier tipo de novela, con o sin etiqueta. En la novela están encerrados todos los géneros.

EBIP: ¿Eres más de Harry Potter o de El Señor de los Anillos?

LL:  De Harry Potter. ¡Sí, mucho más! Además, siento mucha simpatía por su autora, que estudió Filología Clásica. Sus novelas han contribuido a llevar a muchos niños a la lectura.

EBIP: En tu caso, el proceso de creación literaria dices que está perfectamente planificado. ¿No hay lugar para la improvisación en este proceso o depende de cada uno?

LL: Bueno, está todo planificado antes de empezar a escribir, pero en el momento en que empiezo me voy saltando la planificación. Incluso reescribo las novelas hasta que terminan por ser otra cosa de lo que había en mi cabeza al principio. Pero, sí es cierto que me gusta saber por dónde debo ir, aunque luego me vaya por los sitios más inesperados.

EBIP: Huye sin mirar atrás, novela dirigida a un público más joven, ha recibido el Premio Edebé de Literatura Juvenil 2016. Evidentemente, cuando uno se sienta a escribir, lo hace por satisfacer una necesidad y un deseo personal en primera instancia. Pero cuando esa obra sale a la luz y recibe un reconocimiento público, como es el caso de un premio, la satisfacción debe ser inmensa…

LL: Sí, para un escritor recibir un premio, sea el que sea, es como oír una voz que te da ánimos y te anima a seguir. Y en el caso de un premio con tanto prestigio como el Edebé, te da aún más confianza. En la escritura hay momentos de zozobra y de desánimo, porque nunca sabes si lo estás haciendo bien o mal hasta que terminas la obra. Y a veces pueden pasar varios años para terminarla…

EBIP: Por último, y si me lo permites, voy a hacerte un pequeño test que espero que te guste… Adelante.

LL:

Un color: rojo.

Una fragancia: azahar.

Una canción: Aguas de marzo, de Sole Giménez.

Un sentimiento: satisfacción.

Un libro: La vida perra de Juanita Narboni, de Ángel Vázquez.

La compañía perfecta: la mujer a la que amo.

Un lugar: la calle Mayor de Caravaca de la Cruz.

EBIP: Pues decirte, Luis, que ha sido un verdadero placer el que me hayas dedicado este ratito. He disfrutado y he aprendido cosas que no sabía, la verdad.

LL: Bueno Isabel, espero que lo que te he contado no haya quedado ni demasiado largo ni demasiado corto. Te agradezco mucho tu interés y te deseo mucha suerte en tus proyectos.

Hoy me despido con un fragmento del libro elegido por Luis Leante, nuestro escritor de hoy. Estoy segura de que va a despertar una sonrisa en todos vosotros:

“Cada día me cuesta más trabajo ponerme las medias. Si tuviera ocasión y pudiera ir a Madrid, me compraría un abriguito de entretiempo. Estas cosas, indudablemente, son michelines. ¡Tócate bien, Juani! Michelines… ¡Quién te lo iba a decir! Yo que siempre creí que eso era un anuncio. ¡Y pensar que aún no hace diez años yo era una mujer delgada! Delgada, delgadísima. «Patas de alambre» me llamaban las niñas en la escuela. Sobre todo aquella hija de puta de la nieta de Madame Naudy. ¡Bien muerta está!”.

 La vida perra de Juanita Narboni.

Ángel Vázquez.

 

Bss.

2 Comentarios

  1. Te ha quedado una entrevista interesante y amena. Enhorabuena.

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