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Categoría: CUENTOS (página 1 de 9)

Un cuento (del latín, compŭtus, cuenta), es una narración breve creada por uno o varios autores, basada en hechos reales o ficticios, cuya trama es protagonizada por un grupo reducido de personajes y con un argumento relativamente sencillo. Aquí encontrarás cuentos de todas clases, y todos los géneros.

Declaración a ratos

-Si yo no te quisiera, lo sabrías. Ay, madre mía Marcela, si lo sabrías! Así que valorame estos ratos.

Porque hombre que no quiere, no respeta. Aparenta. Pero no te llena. Embellece a tus andares, pero no protege tus espaldas.

-Si tú no me quisieras amado mío, no estarías. Ay, madre mía, qué lejos serías!

Porque no hay mujer que quiera a su costado un trasto. No te encontré en el rastro. Ni te busqué en esquinas. Eres hombre a mi lado, porque soy mujer que te deja estarlo.

-Si yo permanezco aquí, es porque te amo, porque estar con alguien obligado es lo mismo que vivir soñando eternamente que llegue el día en que me enamores con tus actos.

Enamoran las personas. Que son bellas por sus aspecto, pero lo que es bello es lo de dentro.

Eso es lo que veo en tu mirada, mi Marcela del alma.

-Eso es lo que creo que ves en mi persona. Una belleza escondida tras otra, descarado.

-Bajo el mismo manto. Frente al mismo infierno te comería a besos, Marcela. Es lo que yo siento.

Y no tengo miedo a morir en el intento de convencerte cada día que te quiero.




-Si tú no me quisieras, amor mío, no estarías. No seríamos. No cabría otro intento. Ni tu eres mío, vida mía. Ni yo lo seré en la vida.

Ven y siéntate a mi lado y repite que me amas. Ese modo tuyo de cantarlo. Que me encanta. Después de tantos años, aun me gusta escucharlo.

-Te amo, Marcela. Aunque no lo creas. Y ni tu eres mía, ni yo lo seré en la vida, pero si tú mueres, yo detrás tuyo muero. Y eso no lo verás. Pero te juro ahora mismo. Que eso es tan cierto como los años que te llevo amando. Te lo digo cantando, rezando o como me pidas escucharlo.

-No es necesario. Permanece sin más. Rózame de vez en cuanto. Estate atento a mis actos. Si caigo, no dejes que me haga daño. Cae tu conmigo, para que yo caiga en blando. A mi edad ya no me llenan los halagos, me llenan los actos, siempre serás mi eterno enamorado….. sigamos recordando, el primer beso, nuestro primer abrazo, que eso siempre queda. seguir recordando.

By Miriam Giménez Porcel.

 

Y me llevaron a la hoguera

hoguera

 

Y ME LLEVARON A LA HOGUERA

Recabé en aquel pequeño pueblecito de montaña casi por casualidad, huyendo de un hogar donde el amor hacía tiempo que se había marchitado y los golpes habían sustituido a las caricias. Aprovechando un despiste de mi marido, cogí a mis dos pequeños de la mano y salí corriendo de aquella casa, sin más equipaje que los ropajes que llevábamos puestos, raídos y decolorados. Corrí y corrí sin pausa, sin mirar atrás, tirando de los pequeños, de apenas 4 y 6 años, tras de mí.

A las cuatro o cinco horas de carrera me detuve exhausta. Cuando vi el aspecto que tenían mis hijos, quise morir. Estaban por completo deshidratados, rasguñados, apenas podían abrir los ojos del máximo cansancio que llevaban en las espaldas de sus diminutos cuerpos. Sin saber qué hacer, cogí al más pequeño de ellos y lo acogí en mi pecho. Procuré darle de beber de la poca leche que aún me quedaba y, con los ojos cerrados, empecé a cantarle una canción. Una canción por completo desconocida para mí, que jamás había oído, en un lenguaje extraño, pero que salía de mis labios con fluidez.

Cuando abrí los ojos, al terminar la canción, mi pequeño estaba curado por completo. No había signo de cansancio alguno en su cuerpo. Le rebusqué por todos lados buscando algún rasguño, algún moratón de las caídas que habíamos tenido en el camino, pero no encontré nada. Por alguna extraña razón, había conseguido sanarle.

Miré hacia mi hijo mayor. Él continuaba tirado en el suelo, apenas podía respirar. Con rapidez me incorporé y me dirigí hacia él, repitiendo la misma operación que hice con el primero. La canción fluía de mis labios como si siempre hubiese sido ese su destino. No conocía el significado, pero continué cantando. Para mi sorpresa, al abrir los ojos mi hijo mayor estaba por completo recuperado, al igual que le había pasado al primero.

Hicimos una hoguera en mitad del bosque, en un pequeño claro rodeado de árboles, y allí descansamos algo durante la noche. Estábamos hambrientos, pero no importaba, lo importante era descansar un poco y seguir nuestro camino sin rumbo, pero lo más alejado posible de la mala bestia que teníamos en nuestro hogar.

Al amanecer, antes de que saliese el sol, desperté con cariño a mis dos pequeñuelos y reemprendimos nuestro viaje. No llevábamos ni una hora de camino cuando encontramos una pequeña aldea, escondida dentro del bosque en la ladera de la montaña. Sus habitantes nos recibieron con los brazos abiertos y nos ofrecieron cobijo y alimento. Les estaré eternamente agradecida. A pesar de todo.




Todo fue bien durante varios meses. Yo ayudaba en las labores del pueblo y mis niños iban a la pequeña escuela que había, junto con diez niños más. Hasta que un día ocurrió la desgracia. La hija del alcalde cayó gravemente enferma. Nunca se supo de la enfermedad que la había indispuesto, pues el médico del pueblo no llegaba a entender de males mayores y tampoco podía ser trasladada a un hospital. La pequeña pasó dos semanas horribles, convulsionando y con fiebres altísimas.

Una fatal noche, el doctor dictaminó que el pequeño cuerpo de la niña no podría soportar esas condiciones apenas unas horas más. La noticia corrió como la pólvora por el pueblo. En un santiamén, todos estábamos congregados en casa del alcalde, esperando noticias de la evolución de la niña. En ese momento recordé el incidente con mis propios hijos durante nuestra huida, algo que había dejado escondido en un recóndito rincón de mi memoria.

Le propuse al alcalde que me dejase entrar a ver a la pequeña, que en ocasiones había ayudado al médico de una gran ciudad y a lo mejor podía hacer algo aún por ella. Me consintió la entrada pero estando él presente. Tuve dudas, no lo voy a negar, pero tampoco podía dejar que un alma tan joven nos dejase de aquella manera. Así que, delante del alcalde, la tomé en mis brazos. El pequeño cuerpo de la niña, aún más mermado tras las últimas semanas, ardía como si fuese una hoguera. Podía notar hasta el último de sus pequeños huesos. Saqué un pecho y le ofrecí a beber de mi leche mientras, con los ojos cerrados, volví a cantar una vez más aquella canción misteriosa.

Todo fue algarabía aquella noche cuando la pequeña se levantó por sí misma de la cama, sin rastro de las fiebres que la estaban consumiendo. Todo el mundo me estaba agradecido y yo recibía sus muestras de afecto con humildad. Pero no es oro todo lo que reluce, y a los pocos días comenzaron a correr rumores en la aldea sobre mí. Me tachaban de bruja.

El propio alcalde, convocó un pleno con todos los habitantes, a mi excepción. Yo, que había salvado a su hija de una muerte segura en cuestión de horas, ahora era una criatura del diablo que merecía ser aniquilada sin ningún miramiento. Así lo decidieron entre todos.

Ya han preparado la gran pira donde me piensan amarrar esta misma noche. A las doce, la hora bruja, qué paradoja. Solo puedo mirar a mis hijos y dejarles el legado de que su madre fue una buena mujer que murió en la hoguera por el solo hecho de hacer el bien.

Mi Angelus

Sonríe! a la vida

 

La muerte de la madre de Sofía, había caído como un jarro de agua fría, Sofía estaba desolada y triste pero a sus 18 años tuvo que sacar fuerzas y reponerse enseguida porque tenía que cuidar de su hermanita Marta, de tan solo 6 años del segundo matrimonio de su madre. Su padre la abandonó cuando todavía era un bebe, así que creció solo con la figura materna. Solas sin nadie, sin recursos económicos, podían vivir de lo que los vecinos les daban, Sofía encontró un trabajo precario pero le permitía quedarse con su hermana porque de lo contrario, los servicios sociales se la quitaban.
Se acercaba el cumpleaños de Sofía, y su hermana Marta decidió hacerle un precioso regalo por lo bien que la cuidaba, y le daba todo su cariño. Un día paseando por la gran avenida donde estaban todas las tiendas de lujo, se paró delante de una joyería donde había un precioso collar con turquesas, Marta se quedó paralizada por tanta belleza y pensó que ese regalo sería para su hermana mayor.

Sin pensarlo entró en la tienda, había un señor detrás del mostrador, con gafas, poco pelo y cara de pocos amigos.
-Hola buenas tardes, me llamo Marta y quería ese collar de color azul turquesa.
-Hola Marta, yo me llamo angelus, y dime preciosa, tienes dinero para pagar ?
-Si señor, tengo dinero mientras se metía la mano en el bolsillo del pantalón, sacó unas monedas que su hermana le había dado para que las guardara.
-El señor miró las monedas, miró a la pequeña y carcajeó fuerte, y cada vez más fuerte, hasta parar en seco.
-Dime Marta, y para que quiere una niña un collar tan bonito? – preguntó Angelus
-Pues mire, señor lo quiero para regalárselo a mi hermana mayor, que desde la muerte de mi mama no ha parado de darme su amor, cuidarme y sacrificar su juventud para que no me lleven los servicios sociales, y principalmente sabe qué? porque casi nunca sonríe y quiero que lo haga.
-Mira Marta ese collar vale mucho dinero sabes?,  pero dime lo quieres para regalo?
-Si claro, señor.
-Toma Marta, ahora ten cuidado y no lo pierdas, dijo Angelus.

A los pocos días, entró a la tienda una joven preciosa de ojos azules, cabello rubio y un rostro angelical, se dirigió al mostrador y dijo :

-Perdone señor me llamo Sofía, y este collar es de su tienda?
-Si es de aquí, -contestó
-Cuanto cuesta este collar?- le preguntó Sofía
-Mire señorita esa información es entre mi cliente y yo.
-Pues mire señor se lo devuelvo porque mi hermana solo tenía unas monedas, que yo le dí y no podemos pagarlo.
-Sofía, sabes una cosa, ese collar ya está pagado y sabes como, me lo pago tu hermana con la bondad, la sinceridad y una sonrisa preciosa, y es más te lo quería regalar porque desde la muerte de vuestra madre no has vuelto a sonreír, así que ese collar es suyo señorita.
– Y te diré otra cosa mañana quiero que empieces a trabajar aquí que yo ya soy muy mayor y quiero vivir lo que me quede de vida sonriendo como me enseño la pequeña Marta….

Por fin Angelus sonríe.

 

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