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Categoría: CUENTOS (página 1 de 9)

Un cuento (del latín, compŭtus, cuenta), es una narración breve creada por uno o varios autores, basada en hechos reales o ficticios, cuya trama es protagonizada por un grupo reducido de personajes y con un argumento relativamente sencillo. Aquí encontrarás cuentos de todas clases, y todos los géneros.

Y me llevaron a la hoguera

hoguera

 

Y ME LLEVARON A LA HOGUERA

Recabé en aquel pequeño pueblecito de montaña casi por casualidad, huyendo de un hogar donde el amor hacía tiempo que se había marchitado y los golpes habían sustituido a las caricias. Aprovechando un despiste de mi marido, cogí a mis dos pequeños de la mano y salí corriendo de aquella casa, sin más equipaje que los ropajes que llevábamos puestos, raídos y decolorados. Corrí y corrí sin pausa, sin mirar atrás, tirando de los pequeños, de apenas 4 y 6 años, tras de mí.

A las cuatro o cinco horas de carrera me detuve exhausta. Cuando vi el aspecto que tenían mis hijos, quise morir. Estaban por completo deshidratados, rasguñados, apenas podían abrir los ojos del máximo cansancio que llevaban en las espaldas de sus diminutos cuerpos. Sin saber qué hacer, cogí al más pequeño de ellos y lo acogí en mi pecho. Procuré darle de beber de la poca leche que aún me quedaba y, con los ojos cerrados, empecé a cantarle una canción. Una canción por completo desconocida para mí, que jamás había oído, en un lenguaje extraño, pero que salía de mis labios con fluidez.

Cuando abrí los ojos, al terminar la canción, mi pequeño estaba curado por completo. No había signo de cansancio alguno en su cuerpo. Le rebusqué por todos lados buscando algún rasguño, algún moratón de las caídas que habíamos tenido en el camino, pero no encontré nada. Por alguna extraña razón, había conseguido sanarle.

Miré hacia mi hijo mayor. Él continuaba tirado en el suelo, apenas podía respirar. Con rapidez me incorporé y me dirigí hacia él, repitiendo la misma operación que hice con el primero. La canción fluía de mis labios como si siempre hubiese sido ese su destino. No conocía el significado, pero continué cantando. Para mi sorpresa, al abrir los ojos mi hijo mayor estaba por completo recuperado, al igual que le había pasado al primero.

Hicimos una hoguera en mitad del bosque, en un pequeño claro rodeado de árboles, y allí descansamos algo durante la noche. Estábamos hambrientos, pero no importaba, lo importante era descansar un poco y seguir nuestro camino sin rumbo, pero lo más alejado posible de la mala bestia que teníamos en nuestro hogar.

Al amanecer, antes de que saliese el sol, desperté con cariño a mis dos pequeñuelos y reemprendimos nuestro viaje. No llevábamos ni una hora de camino cuando encontramos una pequeña aldea, escondida dentro del bosque en la ladera de la montaña. Sus habitantes nos recibieron con los brazos abiertos y nos ofrecieron cobijo y alimento. Les estaré eternamente agradecida. A pesar de todo.




Todo fue bien durante varios meses. Yo ayudaba en las labores del pueblo y mis niños iban a la pequeña escuela que había, junto con diez niños más. Hasta que un día ocurrió la desgracia. La hija del alcalde cayó gravemente enferma. Nunca se supo de la enfermedad que la había indispuesto, pues el médico del pueblo no llegaba a entender de males mayores y tampoco podía ser trasladada a un hospital. La pequeña pasó dos semanas horribles, convulsionando y con fiebres altísimas.

Una fatal noche, el doctor dictaminó que el pequeño cuerpo de la niña no podría soportar esas condiciones apenas unas horas más. La noticia corrió como la pólvora por el pueblo. En un santiamén, todos estábamos congregados en casa del alcalde, esperando noticias de la evolución de la niña. En ese momento recordé el incidente con mis propios hijos durante nuestra huida, algo que había dejado escondido en un recóndito rincón de mi memoria.

Le propuse al alcalde que me dejase entrar a ver a la pequeña, que en ocasiones había ayudado al médico de una gran ciudad y a lo mejor podía hacer algo aún por ella. Me consintió la entrada pero estando él presente. Tuve dudas, no lo voy a negar, pero tampoco podía dejar que un alma tan joven nos dejase de aquella manera. Así que, delante del alcalde, la tomé en mis brazos. El pequeño cuerpo de la niña, aún más mermado tras las últimas semanas, ardía como si fuese una hoguera. Podía notar hasta el último de sus pequeños huesos. Saqué un pecho y le ofrecí a beber de mi leche mientras, con los ojos cerrados, volví a cantar una vez más aquella canción misteriosa.

Todo fue algarabía aquella noche cuando la pequeña se levantó por sí misma de la cama, sin rastro de las fiebres que la estaban consumiendo. Todo el mundo me estaba agradecido y yo recibía sus muestras de afecto con humildad. Pero no es oro todo lo que reluce, y a los pocos días comenzaron a correr rumores en la aldea sobre mí. Me tachaban de bruja.

El propio alcalde, convocó un pleno con todos los habitantes, a mi excepción. Yo, que había salvado a su hija de una muerte segura en cuestión de horas, ahora era una criatura del diablo que merecía ser aniquilada sin ningún miramiento. Así lo decidieron entre todos.

Ya han preparado la gran pira donde me piensan amarrar esta misma noche. A las doce, la hora bruja, qué paradoja. Solo puedo mirar a mis hijos y dejarles el legado de que su madre fue una buena mujer que murió en la hoguera por el solo hecho de hacer el bien.

Mi Angelus

Sonríe! a la vida

 

La muerte de la madre de Sofía, había caído como un jarro de agua fría, Sofía estaba desolada y triste pero a sus 18 años tuvo que sacar fuerzas y reponerse enseguida porque tenía que cuidar de su hermanita Marta, de tan solo 6 años del segundo matrimonio de su madre. Su padre la abandonó cuando todavía era un bebe, así que creció solo con la figura materna. Solas sin nadie, sin recursos económicos, podían vivir de lo que los vecinos les daban, Sofía encontró un trabajo precario pero le permitía quedarse con su hermana porque de lo contrario, los servicios sociales se la quitaban.
Se acercaba el cumpleaños de Sofía, y su hermana Marta decidió hacerle un precioso regalo por lo bien que la cuidaba, y le daba todo su cariño. Un día paseando por la gran avenida donde estaban todas las tiendas de lujo, se paró delante de una joyería donde había un precioso collar con turquesas, Marta se quedó paralizada por tanta belleza y pensó que ese regalo sería para su hermana mayor.

Sin pensarlo entró en la tienda, había un señor detrás del mostrador, con gafas, poco pelo y cara de pocos amigos.
-Hola buenas tardes, me llamo Marta y quería ese collar de color azul turquesa.
-Hola Marta, yo me llamo angelus, y dime preciosa, tienes dinero para pagar ?
-Si señor, tengo dinero mientras se metía la mano en el bolsillo del pantalón, sacó unas monedas que su hermana le había dado para que las guardara.
-El señor miró las monedas, miró a la pequeña y carcajeó fuerte, y cada vez más fuerte, hasta parar en seco.
-Dime Marta, y para que quiere una niña un collar tan bonito? – preguntó Angelus
-Pues mire, señor lo quiero para regalárselo a mi hermana mayor, que desde la muerte de mi mama no ha parado de darme su amor, cuidarme y sacrificar su juventud para que no me lleven los servicios sociales, y principalmente sabe qué? porque casi nunca sonríe y quiero que lo haga.
-Mira Marta ese collar vale mucho dinero sabes?,  pero dime lo quieres para regalo?
-Si claro, señor.
-Toma Marta, ahora ten cuidado y no lo pierdas, dijo Angelus.

A los pocos días, entró a la tienda una joven preciosa de ojos azules, cabello rubio y un rostro angelical, se dirigió al mostrador y dijo :

-Perdone señor me llamo Sofía, y este collar es de su tienda?
-Si es de aquí, -contestó
-Cuanto cuesta este collar?- le preguntó Sofía
-Mire señorita esa información es entre mi cliente y yo.
-Pues mire señor se lo devuelvo porque mi hermana solo tenía unas monedas, que yo le dí y no podemos pagarlo.
-Sofía, sabes una cosa, ese collar ya está pagado y sabes como, me lo pago tu hermana con la bondad, la sinceridad y una sonrisa preciosa, y es más te lo quería regalar porque desde la muerte de vuestra madre no has vuelto a sonreír, así que ese collar es suyo señorita.
– Y te diré otra cosa mañana quiero que empieces a trabajar aquí que yo ya soy muy mayor y quiero vivir lo que me quede de vida sonriendo como me enseño la pequeña Marta….

Por fin Angelus sonríe.

 

La niña

 

LA NIÑA

 

Hace unos días me pasó una curiosa experiencia que me gustaría compartir con vosotros. De ella extraje una gran enseñanza, y creo que lo justo es compartirla.

Estaba yo sola, descansando, en el sillón de mi casa, cuando escuché una vocecita infantil que me decía:

—¡Hola! Hace mucho que no juegas conmigo, te echo de menos. ¿Qué pasa? ¿Qué ya te has olvidado de mí?

Podréis imaginaros el sobresalto que me llevé, puesto que yo estaba sola en casa, pero imaginé que estaría soñando. La cuestión era que yo escuchaba su voz muy cercana a mí, pero no veía a nadie a alrededor. Y además yo me sentía muy despierta, así que ya dudaba incluso de que fuese un sueño lo que estaba viviendo. ¿Alguna experiencia sobrenatural, tal vez?

—¡Hola! —le respondí. —Perdóname, pero ahora mismo no sé quién eres. De hecho, ni siquiera sé si eres real.

—¡Lo sabía! ¡Ya te has olvidado de mí! ¿Pero cómo es posible? ¡Con lo bien que lo hemos pasado juntas!

La voz de la pequeña empezaba a quebrarse, como si fuese a romper a llorar, y yo, que no tengo hijos y no sé manejarme bien en estas situaciones, intenté arreglar la situación lo mejor que pude.

—No llores, por favor. Seguro que no me he olvidado de ti. Es solo que en los últimos tiempos estoy un poco descentrada y no me entero muy bien de las cosas. ¿Puedes decirme quién eres, por favor? Y, sobre todo, ¿dónde estás? Puedo oírte, pero no puedo verte, y yo hace un ratito estaba completamente sola en casa—le supliqué.

—¿Cómo que dónde estoy? ¿Pues dónde voy a estar? ¡Donde siempre! ¿Dónde quieres que esté? ¿Has olvidado que tú nunca estás sola, que siempre estoy yo contigo? Hace tiempo lo pasábamos muy bien juntas, jugábamos mucho, pero luego creciste y con eso de la madurez, te has olvidado de mí…

¿Que la niña estaba conmigo? ¿Que habíamos jugado mucho juntas? ¿Que me había olvidado de ella al crecer? De pronto, una lucecita se encendió dentro de mí. ¡Vaya aviso! No quiero ni pensar en lo que hubiese podido ocurrir si ella misma no viene a avisarme. Y es cierto, ya no me acordaba. Era para darse cabezazos contra la pared.

—Tranquila, ven aquí que te abrace. Por poco me olvido de ti, ¿sabes? Pero por suerte has venido a recordarme que siempre tenemos que estar unidas. A partir de ahora, te dedicaré más tiempo y jugaremos más juntas, ¿vale? Y recuerda que te quiero —le dije, abrazando su pequeño cuerpecito de niña.

La niña sonrió, dio su trabajo por finalizado y volvió al lugar de donde había salido. Yo decidí comenzar a cumplir mi promesa en ese preciso instante, así que me levanté del sillón, encendí el equipo de música a todo volumen y comencé a bailar y a brincar como una loca.

Después me enfundé mi abrigo, salí a la calle y comencé a tocar los timbres de las casas, mientras salía corriendo para que no me pillaran. Hasta que llegué al parque y pasé un buen rato montada en el columpio, cada vez más alto, cada vez más alto, hasta casi dar la vuelta por completo.

Cuando llegué a casa, no podía parar de reírme a carcajadas, me encontraba más relajada que nunca y casi podría decir que hasta feliz. Mi niña interior y yo lo habíamos pasado en grande.

Recordad que todos nosotros llevamos dentro el niño que fuimos. No le olvidemos y démosle el cariño y la diversión que se merece. De lo contrario, la rutina y la desidia se apoderarán de nuestras vidas, y eso es algo que no nos podemos permitir. ¡Pasadlo bien jugando con vuestro niño interior!

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