El crepitar del fuego

El crepitar del fuego

Entró en casa tiritando de frío y eso que al invierno todavía le quedaba un mes para hacer su aparición. Sin embargo el fuego en el hogar estaba a pleno rendimiento, acercó sus manos a las llamas y a penas sentía su calor.

Sus ojos se quedaron atrapados entre la monótona música y el fulgor de su color. Impávida, ausente, más bien hipnotizada por el fuego casi al borde de quemarse, si no hubiera sido por el empujón que le dio su hermano para retirarla del fuego.

Ya no volvería a escuchar sus cuentos de miedo cada noche invernal, acababan de dejarlo en su reposo eterno, quizás pudiera recordar cada uno de ellos, el abuelo siempre le decía que en cada uno había un poso de verdad.

A pesar del frío y la nieve cuando la aurora se divisó en el horizonte Kina se levantó y se fue a la casa abandonada al otro extremo del pueblo, donde tenía prohibido entrar por el peligro constante de derrumbe. Lo que ella desconocía era el secreto familiar que escondía entre sus muros.

Al traspasar el umbral un mundo nuevo se abrió ante sus ojos, el fuego crepitaba en el hogar como si nunca se hubiese consumido; empujada por una fuerza superior se aproximó a él y sus manos tocaban las llamas sintiendo un cálido hormigueo.

A su espalda escuchó una voz femenina dándole la bienvenida:¡Hola Kina, que alegría verte!

Saludó con un leve movimiento de cabeza, incrédula ante esa mujer que tanto parecía conocerla. Con un gesto la invitó a sentarse a su lado junto al fuego.

—  Después de cuatro generaciones por fin podré pasar todos mis conocimientos a una  nueva mujer de mi familia y podré retirarme a descansar.

Estaré contigo hasta que hayas comprendido y perfeccionado nuestros secretos para que seas luego la transmisora de nuestros saberes más profundos-

No le daba tiempo a articular palabra estaba tan desconcertada por los acontecimientos que a duras penas entendía lo que la mujer le decía.

Debes entender lo más básico de la brujería que son los elementos el aire, el fuego, el agua, la tierra y el espíritu,

El aire simboliza nuestro pensamiento, el fuego el entusiasmo y las pasiones, el agua nuestras emociones, la tierra nuestro cuerpo y el sentido del tacto y el espíritu la parte inmaterial de nosotros.

Ellos también simbolizan el tiempo así el aire siempre debe representar el primer lugar, corresponde a la mañana, la primavera, la juventud y el Este.

El fuego es la tarde, el verano, la edad adulta y el Sur. El agua es el crepúsculo, el otoño, la madurez y el Oeste.

La tierra es la noche, el invierno, la senectud y el Norte. El espíritu abarca a todos ellos.

Por ello el aire es la idea y la reflexión, el fuego el entusiasmo que hace transformar nuestros pensamientos en actos, el agua significa nuestra parte sentimental, la tierra define lo físico de las situaciones y el espíritu es el núcleo de la circunferencia.

Los colores indican a los elementos así el amarillo es el aire, el rojo el fuego, el azul el agua y el verde con la tierra.

Para crear un buen hechizo tienes que involucrarte con cada uno de los elementos hasta poner una parte de ti o sea el espíritu.

Kina se asustó ante semejante perspectiva y solo se le ocurrió preguntar-¿Cómo crees que voy a hacer todo eso?-

-Poco a poco, te iré enseñando cada día hasta que vayas dominando todo de tal forma que seas el elemento que los englobe, cuando vea que has progresado lo suficiente daremos un paso más practicando primero los hechizos más sencillos y así hasta convertirte en mi sucesora.-

Asintió con un gesto y contestó-La casa se hundirá y nos aplastará.

-¿tú  ves su interior destrozado? no verdad?-Nunca se caerá-sentenció la bruja.

La joven movió la cabeza hacia los lados con signo de incomprensión y se alejó de allí. Mientras caminaba presurosa hacia su hogar su mente no dejaba de dar vueltas a la charla con la bruja.

Han pasado dos inviernos y ya se fundió con los elementos, sus primeros hechizos resultaban muy útiles a la gente del pueblo. El altar con imágenes religiosas antiquísimas rodeadas con representación de los elementos es donde hacía sus conjuros.

Según iba progresando la bruja le descubría poderes que ella ni siquiera podía imaginar. Una tarde al finalizar su clase le advirtió “no te enamores”

Kina la miró entre sorprendida y extrañada por la prohibición, solo acertó a decir: ¿Por qué?

-Es incompatible el amor con determinadas decisiones que a veces tomamos en nuestra condición de conocedoras de lo oculto-

-¿Alguna forma habrá para compatibilizarlo?-

-No, no la hay. ¿Has pensado que todos los miembros de la familia directa son varones?- La anciana sonrió, al tiempo que le contaba como solo sobrevivían los niños ya que el destino de las hembras era ser bruja y las que lo desechaba su vida era un constante infortunio.-

Para ella era tarde a sus diecisiete años se había enamorado de un hombre fuerte, moreno de ojos verdes como las aguas del lago, y un atractivo varonil que le llevaba hacia él como un imán.

Esa noche se la pasó dando vueltas en la cama no quería renunciar a ese amor, pasión o locura que tan feliz les hacía. Por otro lado no deseaba que ello le produjera sufrimiento a quién le elevaba hasta las nubes.

Siguió experimentando nuevos conjuros con la misma intensidad que al principio, hasta que la primavera floreció los campos y los cuerpos. Una noche de luna clara se fue con su amor al borde del lago sentados en la hierba comenzó a enseñarle las constelaciones del zodiaco al tiempo que señalaba una estrella diminuta y fulgurante.

Vivieron su pasión hasta fundir sus cuerpos y sus almas, eran uno. Ella le dejó preso de su fuego y ya nunca la olvidaría. Bajaban abrazados, despacio saboreando cada instante y mientras sus bocas ardientes se devoraban.

La pasión, esa locura de poseerse, de fundirse continuó hasta el solsticio de verano. Kina había tomado una decisión y la noche más bella que una mano pudiera dibujar se acercó al borde del lago, abrió sus brazos invocando a los elementos y muy despacio con los ojos cerrados se introdujo en el agua para que apagara su fuego.

Ellos sintiéndose traicionados se enfurecieron, la tierra tembló, las aguas bramaron llevándola al fondo, el aire se arremolinó convirtiéndose en un tornado y adentrándose en el agua la envolvió en su centro hasta dejarla en la pared donde su imagen quedó grabada y su espíritu fue condenado a vagar eternamente entre aquellas cuatro paredes donde todo comenzó.

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5 respuestas a El crepitar del fuego

  1. atardecerensantboidellobregat dijo:

    Magnífico relato Toñi, enhorabuena. Un gran abrazo.

  2. Ana Centellas dijo:

    Muy buen relato, Toñi. Besos

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