Mi corazón en tus manos 24.

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Había pasado más de un año desde que el Chavo dejó de ser un problema para Mía y todos los que estaban a su alrededor, aunque ese tema se había convertido en tabú cuando Mía estaba presente. Jorge, su padre y sus amigos habían intentado hablar con ella del tema pero ella se negaba en rotundo y, tras la mala leche que se gastaba, dejaron de insistir.

La relación entre Juan y Mía era inmejorable. Ambos continuaban viviendo en el ático dúplex de Juan junto a Rosario y Vladimir.

Olga y Álex habían sido padres de un niño precioso, Natalia y Miguel continuaban viviendo su gran historia de amor al igual que Javi con Sonia, aquella chica que había conseguido enamorar al picaflor del grupo.

La última novedad era que Noelia, la hermana de Juan, había conocido a Daniel, el único amigo de Mía que continuaba soltero, y parecía que entre ellos empezaba a haber algo más que un ligero tonteo.

Tras cenar en casa de los padres de Juan, Mía y Juan regresaron a casa. Juan llevaba varios días observando como Mía parecía estar distraída y preocupada, pero cada vez que le preguntaba ella le distraía de la forma más efectiva: con sexo. Juan empezaba a preocuparse de verdad y decidió que de aquella noche no pasaba, no iba a permitir que ella le distrajera como siempre, no iba a dejar que se saliera con la suya.

Cuando entraron en la habitación, Juan decidió coger al toro por los cuernos. Mía apenas había comido ni bebido nada esa noche y Juan sabía que había estado vomitando días atrás.

–  Cariño, vas a contarme qué te ocurre. – Le dijo Juan sin opción a réplica. – Y no intentes seducirme que ya no te va a salir bien esa estrategia.

Mía le miró con resignación y le dijo con un hilo de voz:

–  De acuerdo, pero será mejor que te sientes. – Juan se sentó a los pies de la cama y miró a Mía fijamente a los ojos esperando una respuesta. – ¿Te acuerdas que hace unos días estuve pachuchilla? – Juan asintió y Mía continuó: – Pues fui al médico y le dije lo que me pasaba.

–  Lo sé, me dijiste que te habías intoxicado al comer algo en mal estado cuando fuiste a la hamburguesería con Natalia el otro día. – La interrumpió Juan.

–  Sí, eso fue lo que te dije, pero te mentí. – Le dijo Mía.

–  Explícame eso algo mejor para que yo pueda entenderte. – Le ordenó Juan con el ceño fruncido.

–  Es cierto que fui al médico pero, cuando le dije lo que me pasaba, me dijo que cabía la posibilidad de que estuviera embarazada. – Le dijo Mía incapaz de mirarle a los ojos y añadió atropelladamente. – Le dije que no podía ser, que utilizo la píldora anticonceptiva pero entonces recordó que el mes pasado me mandó tomar antibióticos por el resfriado que cogí y, según parece, los antibióticos anulan el efecto de las píldoras anticonceptivas.

–  ¿Estás embarazada? – Le preguntó Juan acercándose a ella despacio y con los ojos muy abiertos.

–  No lo sé. – Le confesó Mía. – Hace unos días compré un test de embarazo pero no he sido capaz de usarlo, tengo miedo.

–  ¿De qué tienes miedo, Pitu? – Le preguntó Juan con una dulce sonrisa que sorprendió a Mía.

–  Si me hago el test y da positivo… ¿Qué pasa si estoy embarazada?

–  Si estás embarazada, me harás el hombre más feliz del mundo.- Le dijo Juan sonriendo de oreja a oreja mientras la estrechaba entre sus brazos. – Vamos al baño, quiero saberlo ya. No sé cómo has podido aguantar esta incertidumbre durante tantos días.

–  Espérame aquí, ahora mismo vuelvo. – Le dijo Mía más tranquila.

Juan la detuvo para besarla en los labios antes de que entrara en el baño. Tres minutos después, Mía salía del baño con el test de embarazo en la mano y mirando la pantalla, esperando a que saliera el resultado.

–  ¿Ha salido algo? – Preguntó Juan impaciente.

–  Aún no. – Le dijo Mía nerviosa. – Si sale un palito no estoy embarazada, si salen dos… – Mía no pudo terminar la frase cuando vio que en la pequeña pantalla del test de embarazo aparecían dos palitos. – Me estoy mareando, Juan. – Le advirtió Mía blanca como la leche.

Juan la cogió en brazos y la llevó a la cama donde la tumbó con sumo cuidado sin poder dejar de sonreír, estaba feliz por aquella inesperada noticia.

–  Sinceramente, no sé qué te hace tanta gracia. – Le reprochó Mía que apenas era capaz de asimilar aquella noticia. – Si antes tenía miedo, ahora estoy aterrada.

–  Serás una mamá perfecta y muy sexy. – Le dijo Juan tratando de animarla. Se tumbó a su lado en la cama y añadió mientras le acariciaba el vientre: – Voy a cuidar de ti y de nuestro bebé, no tienes que tener miedo absolutamente de nada. Como te dije una vez, tienes mi corazón en tus manos.

Juan la besó en los labios, la estrechó contra su cuerpo y Mía se sintió segura entre sus brazos, así era como siempre la hacía sentir Juan. Él era todo lo que ella había soñado y ahora su felicidad sería mayor con la llegada de un inesperado bebé que a ambos les cogió por sorpresa pero al que ambos iban a amar más que a sus propias vidas.

 

FIN

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

Acerca de Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!
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