A propósito del día Mundial del Libro.

¿Qué ha sido para mí tener un libro a cada paso recorrido de mi propia historia?

Tenía apenas seis años, y recuerdo estar de pie junto a mi abuela leyendo un pesado libro; apenas con cierta claridad silábica que para mí era muy normal. Así es mi abuela, tuvo la ocurrencia de fortalecer mi lectura leyendo partes de la biblia, con su lenguaje tan complicado y antiguo.

Esa es la manera en que recuerdo  y la forma en que comencé con esta adictiva costumbre de leer y leer y continuar leyendo.

¿Mi casa?

La casa de mis abuelos estaba invadida de estos personajes que extendían sus manos en busca de ser presentados, indagados y comprendidos; entre los que no podían faltar las gordas enciclopedias, las “Selecciones” y los libros cremita de Salvat con todos sus clásicos.

A los once años, estaba yo perdida dentro del encanto de esos olorosos compañeros que me hicieron cómplice hasta la fecha; de Tom y Becky en su aventura dentro de las cuevas, el despertar de Jo y las hermanas March, Ana Frank y sus interminables letras dentro de un diario; sin olvidar que quedé presa también de la esperanza del principito al afirmar que si llego a las cuatro, desde las tres estará feliz.

En los años maravillosos del romance, cuando los noviecitos hacen su aparición, preferí refugiar mi nariz dentro de páginas que me llevaban a tierras de zares, siendo ahí cuando conocí a mi primer amor llamado Palacio Imperial, a mi primer aventura que fue la colorida catedral de San Basilio y, justo ahí, me descubrí toda una Romanov al visitar los jardines, las plazas, las grandes fuentes y hasta la trágica casa Ipatiev.

Desayuné, comí y cené con Pedro el Grande, con Catalina, con Nicolás y hasta con Rasputín, al mismo tiempo que sufría por saber si Anastasia había o no sobrevivido a su destino.

Me monté en la parte central de cada libro que estaba en mis manos y volé, volé hasta Egipto, al fondo del mar, a los desiertos de México, al Infierno de Dante,  caí en la morbosa tentación de urgar en las cartas de Frida y Diego y soñé en colores fuertes y chillantes durante varias noches, producto de beberme la pasión de sus palabras; espié a los ingleses, me sume a la resistencia franquista y amé con toda la pasión posible a Romeo Montesco.

En mis andares de vida, siempre, este compañero ha acompañado mis goces y sufrires; he imaginado que soy cada personaje,  he soñado escribir como muchos autores, he deseado nunca imitar el estilo de otros, he pasado mis horas de ocio en el camino de mis pocos viajes y hasta han sido el refugio en las horas de interminable soledad.

Ya adulta soñé con encontrar a Sayuri y sentir las paredes que encierran los pasos de la Catedral del mar, la sangre que corre por las calles europeas, las procesiones de santos y el fuego ardiente de la inquisición.

Un libro, un simple grupo de letras que encierran el alma de cada escritor ha sido el acicate para que yo tenga letras que pueden ser de amor, de desamor, de magia y hasta de decepción.

Yo misma, hoy soy parte de este libro eterno escrito por los pasos de la historia diaria, al ser un poco Rulfo, un tanto Benedetti, un poco más Castellanos, de todos aquellos autores que me bebí en gigantes sorbos,  y hasta un poquito, ¿Por qué no? del alma de la humanidad definida en letras.

 

 

 

 

About Nora Arrieta

"Me llamo Nora, vivo en la ciudad de León en México y tengo 51 años. Desde siempre me ha encantado leer y crecí con historias de cuentos y hadas en las que los sueños se hacen realidad. Me encanta la novela histórica y la poesía. En mi juventud escribí y publiqué algunas obras y abandoné las letras para retomarlas apenas hace un año, disfrutando muchísimo pintar en pliegos mi vida y las que me puedo robar en mi andar diario. ¡Gracias por leerme y sentir mis palabras en tu ser!.