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Chorizo número dos

Has leído algo relacionado con el ego. Lo dijo Crowley, ese loco, y alguien lo colgó en esa dichosa red social, un amigo. La cita te ha hecho pensar. ¿Quién no está colgado del ego en los tiempos que corren? Todos lo estamos en cierta medida. Sobre todo los cuerdos, los que se hacen llamar a sí mismos “personas normales”. Y tú lo sabes. Por eso me has obligado a escribir esta basura. Estás loco, pero de otro modo, del rollo de Crowley. Te crees tus propias mentiras y la arrojas al aire. No te consideras bueno en nada. Haces las cosas porque tienes que hacerlas, sin más. Escribes, plasmas tus ideas en un documento en blanco, en una hoja amarillenta de papel reciclado, en los márgenes de las revistas. Hace años lo hacías en las mesas del instituto, en la pizarra, en las paredes de la ciudad. Al leer esa frase de Crowley lo has recordado todo. Sí, todos aquellos colgados del ego, los que se creían mejor que tú, mejor que nadie. Los reyes de la calle. Todos ellos casados, calvos y con hijos en estos momentos de sus miserables vidas. Malditos colgados del ego, enganchados a los espejos, a las cristaleras, a las ventanillas de los coches. Ahora son los mejores de su taller, los mejores de su oficina, los que mejor conducen, los que mejor se pudren en sus tumbas de facturas, entre vómitos de bebé y ahogados en su propia mierda. De nada les sirvió su agigantado ego supremo. Al leer la frase de Crowley lo has visualizado todo: pasado y presente. Es para reírse. Abre una cerveza y celébralo. No es malo sentirse bien por el mal ajeno, en serio, ellos te lo hicieron pasar jodidamente mal en el pasado, esa era su intención, y eres consciente de ello. También lo decía Crowley, lo que haces es tu ley, y tú eres fiel a ti mismo. Piénsalo: llevas dos décadas y media siguiendo la misma línea. La diferencia es que ahora te enfrentas a unos tipos que acabarán peor que los primeros. Los mismos perros con distintos collares. No existe la autocrítica, esta sociedad está enferma. Es así. El sistema alimenta y destruye el ego a su antojo. La gente quiere oír halagos y hundirse en un baño de lágrimas. Muchos humanos deberían convertirse en perros zalameros, en los sirvientes del ego. ¡Maldita sea! Ya lo he dicho en Reflexiones de una calavera mexicana. El mundo se ha convertido en una consigna tan confusa como clara. Nos exigen la lucha de egos, ir por ahí con el pecho inflado y el orificio anal dilatado. Y tú lo sabes. Joder. Es como si llevásemos toda la vida juntos —guiño—, odiamos las mismas cosas. Tú y yo: tío anormal y alter ego. Aclárate, en serio, sería lo mejor para los dos. Necesito dejar de escribir en segunda persona. Me vuelve loco. Si seguimos así alguien va a destruir nuestro ego.

About Dani Aragones

3 Comentarios

  1. Vaya par de textos brutales que llevas aquí. Enhorabuena monstruo.

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