Relatos,poesías,poemas y literatura

Página literaria de relatos,poesías,poemas,reflexiones y concursos

Buscando a Marta (3ª Entrega)

Fernando hizo la llamada de rigor, antes de salir de casa de Marta hacia el aeropuerto.

-Confirmamos salida de vuelo a las 6:42 h. y llegada a las 8:55 h., si no hay ningún contratiempo. Mercancia en perfecto estado. Solicito coche de recogida.-Y colgó sin esperar contestación.

Marta escuchó aquellas palabras, aterrorizada, pegada a la puerta de su habitación y se dejó caer al suelo echa un ovillo, encogiéndose cada más, hasta que su cabeza, oculta entre sus piernas, se perdía en recuerdos y pensamientos que para nada ayudaban en aquella situación.

Paseó la mirada por toda la habitación, de repente pensó que vivir en un séptimo, en el ático de aquel edificio era una más de sus desgracias. Desde allí no podía saltar por la ventana, y temía que si se asomaba y gritaba, la mataría.

Se estaba empezando a dar cuenta que no tenía escapatoria. Que no se le ocurría nada.

Fernando abrió la puerta tan rápido que la desestabilizó, aun estando de cuclillas apoyada, haciéndola caer de boca al suelo.

-Vaya, Marta, lo último que me hubiera imaginado es que te pusieras a rezar!! Le dijo irónico, mirándola con gracia, apoyado al pomo. Y tendiéndole la mano para que se levantara, le pidió disculpas por haberla tirado al abrir la puerta tan bruscamente.

-No tenemos tiempo para rezos. Sal de aquí, ponte esa chaqueta. Y tómate las pastillas con el vaso de agua que te acabo de dejar encima de la mesa. No hay opción a discusiones. No esperes que te busquen. Lo he predispuesto de manera que nadie sospeche. ¡Despídete de tu hogar!

La tia de Marta recibió dos días antes un mensaje desde el móvil de su sobrina; activado con su huella, mientras ella estaba drogada y dormida, donde le explicaba que necesitaba un tiempo para ella y relajarse, que no hacía vacaciones desde hacía años y que marchaba a Thailandia a pasar un par de semanas. No sería de extrañar, ya que Fernando la había oido hablar en más de una de las ocasiones que él la había estado escuchando desde la esquina de su bar, dónde la estudiaba minuciosamente, paso a paso, horarios, amigos cercanos, familia.  Y sabía que había expresado su deseo de marchar lejos y descansar.

De este modo, cuando su mejor amigo intentara localizarla, al no conseguirlo porque su móvil ya no se volvería a encender más, contactaría con sus tíos y ellos le confirmarían su retiro espiritual.

Para cuando saltaran las alarmas, para cuando se dieran cuenta que las vacaciones de Marta estaban siendo demasiado largas, ya sería tarde. Habría desaparecido. Marta ya no existiría.

No es tan difícil que una persona se esfume de la nada y sea imposible encontrarla.

Hay miles, millones de personas desaparecidas en el mundo que jamás aparecerán.

Y no están muertas.

Marta caminaba por la terminal del aeropuerto como si fuera una zombi sin sentido. Agarrada a la cintura de aquel hombre, parecían una pareja normal. Tal vez ella, pasara como una mujer de las que se marean en los vuelos y ha tomado su tranquilizante con demasiada antelación.

Así lo hizo saber Fernando a la azafata que les atendió en el mostrador de Tunisair, mientras le entregaba los pasaportes y la maleta que había preparado para facturar.

Ante la atenta mirada de Sophia, así se llamaba la hermosa chica que desde el mostrador les observaba, él acertó a decir:

-Mi mujer tiene terror a los aviones. Le he dicho que se tome una pastilla aquí, mientras bebíamos algo antes de embarcar, pero ella cabezona se la ha tomado ya en casa y mira. Está cao.

-Si no se encuentra bien señora, le recomiendo que en la sala VIP hay una zona para recostarse donde podrá estar cómoda y más relajada.-Le explicó Sophia mirando fijamente a Marta. Pero ésta no entendía como no podía leerle los ojos de terror que le gritaban que la ayudara. La pastilla que le había obligado a ingerir, cerciorándose que se lo tragara, amenázandola con volver a golpearla. Apenas se podía mantener en pie y sentía que le caian los párpados.

Decididamente debía mostrar un aspecto lamentable. Pero como miles de mujeres que odian volar. Y no podía gritar, el efecto de aquella pastilla le había entumecido la lengua de tal manera que le era imposible articular palabra.

-Se lo agradezco señorita..ejem… Sophia, esperaremos en la zona VIP, ya ve que no puede ni hablar.- Fernando le mostró a la azafata la mejor de las sonrisas, haciéndole parecer un esposo entregado y atento.

Casi tres horas después, cuando Marta despertó, con la cabeza a punto de estallar, aterrizaban en Tunez.

La mano de Fernando sujetaba la suya fuerte. La miraba fíjamente.

-Hemos llegado, encanto. Sigo mandando yo. Ahora ya puedes hablar, se te habrá pasado el efecto del relajante. Pero te recomiendo que no intentes nada. Aquí no eres nadie. Y desearás estar cerca mío, así que déjame acabar mi trabajo limpiamente. Tal como te avancé, tu destino no es tan terrible, ha sido contra tu voluntad, cierto, pero no es el infierno querida, así que simplemente déjate llevar!

Marta lo observaba y sintió ganas de pegarle allí mismo, instintivamente llegó a levantar la mano, pero Fernando era un hombre con experiencia, se la apretujó entre sus dedos, haciéndola doblarse de dolor. No era la primera, ni la última mujer que llevaría allí. Conocía todas y cada una de las reacciones femeninas.

-¡Ágarrate a mi brazo!, mantente sumisa Marta. Hazme caso y todo irá bien. No estamos solos. Y cualquier ciudadano que creas que puede ayudarte, seguramente será de los mios, así que soy lo mejor y lo único que conoces ahora, intenta no hacer ninguna tontería. Yo al menos te tengo algo de apego. Si intentas escapar de mi, los demás no tendrán miramiento. ¡Te matarán!

Y como si aquello fuera lo más bonito que me habían dicho en días, asentí y me agarré a él. Creyendo que empezaba a tener el temido síndrome de estocolmo. Porque pasara lo que pasara, al menos con él me sentía segura.

O eso le hice pareceder a él. Agarré su brazo y se lo retorcí tan fuerte que me pareció sentirlo crugir. Su grito de dolor me confirmó que había conseguido lo que buscaba. Acerté a darle un golpe seco en la nuca, mis clases de judo en la infancia habían servido para algo. Tal y como le vi caer, comencé a correr. No miré atrás, no sabía hacía dónde me dirigía. Salí del atestado aeropuerto. Aquella calor sofocante del exterior me pareció insoportable, pero no podía parar.

No creía ni una sola palabra de aquel demente. Tunez no es una ciudad imposible. No tenía que ser tan difícil encontrar quién la ayudara.

Pasé la rotonda, por donde taxis circulaban a modo de paseo. Me sentía observada. Seguí corriendo. Solo buscaba puestos ambulantes, calles de tiendas imposibles, atestados de personas, a lo lejos me pareció divisar, eso  me parecía adecuado, mezclarme entre la gente. Si conseguía adentrarme allí, estaría salvada. Se me ocurrió implorar a Dios que no me alcanzaran, y que mis piernas no me jugaran una mala pasada. No podía tropezar. Mi deficiente capacidad atlética se delataba a cada zancada. Creía que me ahogaba, que no llegaba y cada vez la gente más cerca y el aeropuerto a mis espaldas…

—— CONTINUARÁ ——-

About Miriam Giménez

Adoro escribir y contarles desde mi punto de vista, que la vida es todo lo bonita que nosotros la queramos vivir.
Si te gusta comparte!!Share on Facebook11Share on Google+7Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn0Pin on Pinterest0Print this pageEmail this to someoneShare on VKShare on Tumblr0

1 Comentario

  1. Rakel Relatos

    18 Mayo, 2017 at 21:26

    Aix, que me tienes enganchada! Bueno, al menos ha conseguido escapar, aunque esté en Túnez… Espero con ansias la siguiente entrega! Besotes, guapa! 😉

Deja tu comentario, así nos haces grande

A %d blogueros les gusta esto:
Copyright-protected by Digital Media Rights