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Buscando a Marta (2ª entrega)

Era una mujer sensata, fingió tranquilidad. Cuanto menos, pensó que sería importante mantenerse atenta a las palabras de aquel demente, que no tenía ni idea de por dónde le iba a salir. Tal vez, todo era una cuestión económica.

Ella era una empresaria de poca monta. Vivía en aquel piso desde hacía diez años. Compró el piso a medias, con su, por aquel entonces, pareja y a los tres años se separaron, comprándole ella su parte y pasando a ser única propietaria.

Había montado un bar, a tres esquinas de ese piso, con todas las características que siempre había soñado. Sofisticación, clase, y zona agradable donde ir a parar un rato.

La herencia de sus padres le habían permitido cumplir su sueño. Por desgracia, para ello tuvo que pasar por aquel terrible accidente. Un cuatro de abril, sus padres y ella volvían de haber pasado una agradable velada en casa de sus tíos. Papá parecía animado, hablando y sonriendo con mamá. No tardarían más de diez minutos en llegar a casa. Marta, los miraba feliz pero notaba que le vencía el sueño.

Lo siguiente que recordó fue despertar en la habitación de un hospital. Con su tía sentada en la silla del lado derecho, junto a la ventana, mirándola fijamente.

Su mundo se desmoronó. Todo acabó y empezó después de aquel accidente.

Marchó a vivir con sus tios, tras tres semanas ingresada en el hospital.

Sus padres no habían sobrevivido y por lo que le contaron, ella lo hizo de milagro. En una recta, sin ningún tipo de peligro, un camión embistió el citroen familiar. Matándolos en el acto. Dejándola a ella atrapada dentro, inconsciente y sin haberse enterado de nada.

Mientras observaba como aquel hombre que la mantenía secuestrada en su casa, se preparaba para explicarle, lo inexplicable, ella repasó toda su vida hasta el momento. Y se sintió orgullosa de si misma. De su entereza para afrontar los problemas. Podía haber acabado loca. Y en cambio salió adelante. Así que de aquello, fuera lo que fuera, también iba a salir.

-Vamos a emprender un viaje. Tengo preparada en la otra habitación una maleta con lo imprescindible. Tu pasaporte está vigente. Ya me parecía que serías una chica apañada. Y te vas a olvidar de este pais y de esta vida para siempre.- Mientras le explicaba se excitaba sólo de pensarlo. Le habían contratado para secuestrar a una mujer española, joven, atractiva y sin familia. Marta cumplía todos los requsitos. Era bella, muy bella. Y fácil de hacer desaparecer.

-Estás loco si piensas que iré a ningún sitio contigo. ¡Antes tendrás que matarme!.-Gritó con todas sus fuerzas. A lo que hizo que él se levantara de un salto y le abofeteara tan fuerte que le hizo caer con silla incluida al suelo y empezar a sangrar por el labio, de un modo que la asustó y la acobardó de nuevo. Volvía a parecer esa niña asustada que no quería aparentar.

-¡Oblígame a matarte!. Pero no creo que sea agradable. Seguramente, acabarás suplicando que te deje vivir. Escucha cual va a ser tu destino. No es tan malo, mujer. – Y sonrió de un modo tan estridente, que le provocó rabia. Tanta rabia que, sin pensarlo, le escupió la saliva con sabor a sangre que se le había acumulado en la boc.

-Hija de…. – Estas palabras y el golpe que le asestó aquel malnacido, fue lo último que recordó de aquel día.

A las cinco en punto de la madrugada, un despertador la hizo incorporarse de su cama y le vinieron a la mente, a modo de dolores, todo lo acontecido en la tarde anterior. Empezó a tener miedo. Atada de pies, con el labio hinchado y dolorido y el pómulo palpitándole, sintió ganas de llorar.

Se dejó caer al suelo y en medio segundo, sintió como la alzaban y la sentaban de nuevo en la cama.

-Bueno, espero que ahora que nos conocemos mejor, dejes que haga mi trabajo hasta el final y luego ya, allí donde vas, si quieres pataleas y le dices a tu señor, lo que piensas, ¿entendido señorita? – Me miraba tan fijamente y tan cerca, que solo acerté a asentir.

-Por favor, no chillaré, no intentaré nada. Me olvidaré de todo. Suélteme. No me lleve a ningún sitio. Por favor, se lo suplico. ¿Porque yo? ¿Quién es usted? No entiendo nada.- Rodándome las lágrimas por la cara, cansada y herida, le rogué, porque realmente empecé a sentir mucho miedo.

-¡Mañana lo entenderás todo, Marta!, aséate, nos vamos, el avión sale en hora y media, y tenemos una maleta que facturar.- Salió de la habitación sin esperar mi reacción. No había más oportunidad, ni más preguntas. Mi vida estaba a punto de cambiar para siempre….

—-CONTINUARÁ ———-

About Miriam Giménez

Adoro escribir y contarles desde mi punto de vista, que la vida es todo lo bonita que nosotros la queramos vivir.

1 Comentario

  1. Rakel Relatos

    9 Mayo, 2017 at 22:43

    Aixxx!!! Enganchaíta me tienes! Tendré que esperar a la semana que viene para averiguar si finalmente Marta se escapa antes que la saquen del país. Ahora me dejas pensando en mil posibles continuaciones, jejeje. Me ha encantado, Miriam! Besotes, guapa! 😉

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