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Buscando a Marta (7ª ENTREGA-último capítulo)

Buscando a Marta

Lo voy a conseguir se dijo Marta así misma, mientras esperaba a Aban.

Los minutos avanzaban y ella temía que él no volviera, que alguien lo estuviera acechando y temía que los descubrieran.

A su vez Fernando hacía su trabajo. Era el mejor. Y aquella estúpida iba a pagar lo que le estaba haciendo pasar. Había tenido que aguantar la rabia de la persona que le había contratado, que confiaba en él, porque jamás le había fallado, porque nunca antes ninguna de las muchachas que había llevado a aquel recóndito lugar, había conseguido escapar. Y aun se preguntaba qué había pasado. Cómo había bajado tanto la guardia.

Tenía apostados a sus hombres en el aeropuerto, el consulado, las paradas de autocares, todas las salidas del pais por tierra y aire estaban controladas, no escaparía de Tunez, ni de sus manos. Ya le daba igual las amenazas que le habían hecho si aquella niña no aparecía, porque él mismo se encargaría de que no apareciera. Esto se había convertido en algo personal. Pasarían un par de meses hasta que le consiguiera otra chica bonita, solitaria y dócil, y entonces el jeque olvidaría la desaparición de Marta. Al fin y al cabo no se habían visto siquiera, no tenía porque preocuparle tanto ni interesarle tanto aquella chica que había desaparecido antes de que pasara por sus manos.

Tal vez esa era la cuestión. Marta era distinta y Fernando lo sabía. Y el jeque también.

A las seis en punto se abrió la puerta y apareció Aban, muy nervioso. Le indicó algo a su abuela y esta le preparó en la cocina una bolsa que luego le entregó.

-¡Vamos Marta! Le dijo Aban, cuando tomó en sus manos la bolsa.

-¡Por favor, dile a tu abuela que no la olvidaré nunca, que gracias por todo, es única!.- Le dijo Marta a Aban con lágrimas en los ojos. A lo que Aban le contestó que no era necesario decirle nada, que ella sabía lo que sentía.

Marta abrazó a Amal tan fuerte que la abuela sonrió y le dió unas palmadas en la espalda a modo de agradecimiento. Nadie sabría que minutos después sería ella la que lloraría cuando aquella chica tan alegre saliera por la puerta para no volver.

Sin perder más tiempo, salieron por la puerta, y de la manera más silenciosa que pudieron, arrancaron y el coche desapareció por el callejón hacia el consulado.

Aban intentaba relajar a Marta, sentada en el asiento del copiloto, muy emocionada por la despedida.

-No llores, ahora tienes que estar fuerte.Le decía el muchacho.




-Tienes razón, perdona, no puedo evitarlo. Deseo más que nada que todo esto acabe. Pero a su vez me da tanta pena que jamás pueda volver a agradeceros lo que habeis hecho por mi. Siento que os deberé mucho, toda la vida!. Dijo Marta sollozando

Se iban aproximando al consulado, pero no se percataron de que en la misma esquina, Fernando personalmente estaba esperando a aquel coche que se aproximaba. No era fácil pasar desapercibido a aquella hora. Demasiado temprano, pensó Fernando conforme iba viéndolo acercándose. Demasiado cauto conduciendo. Y arrancó para no levantar sospecha y para intentar aproximarse él por delante e intercederle.

Allí él mandaba y nadie iba a acercase al consulado sin comprobar el coche.

Dentro del consulado, no podría ya hacer nada, así que era inadmisible dejar pasar a nadie.

Aban no se percató del coche que arrancó a sólo unos metros de él.

En un minuto ya se tenían prácticamente frente a frente y a una distancia y velocidad que a ambos les pareció sospechosa, cada uno pensó por su parte, que aquello no era normal, cuando sin poder evitarlo, Aban se encontró con que aquel coche se le cruzó en la carretera y no pudo reaccionar. Aunque quiso echar marcha atrás para huir, aquel individuo ya estaba prácticamente en su puerta rompiendo el cristal y otro coche detrás interceptando también el paso. Estaban acorralados. Marta se escondió de tal modo que parecía una cucharacha en el suelo del asiento del copiloto.

Aban se encontró con un puñetazo que le tambaleo en el mismo asiento y Fernando lo sacó del coche desde la misma ventana. No se consideraba un muchacho débil, pero la corpulencia de Fernando y la rabia, no le dejó más opción que dejarse patear. Perdió el conocimiento rápido.

Marta no reaccionaba. Seguía allí, agachada, ojos cerrados, llorando y latiéndole el pulso tan fuerte que creía que le estallaría la cabeza en cualquier momento.

Se abrió su puerta, no le sorprendió, sabía lo que sucedería a continuación. Ya no sintió ni dolor.

A un kilómetro del cosulado español.

Marta murió en el acto. Un golpe seco. Como Fernando solía hacer de niño, con su padre cuando salían a cazar conejos. Como hacía siempre que alguien no cumplía lo que el ordenaba. Como siempre haría.

Sin sentimientos, ni remordimiento.

Que bonito es el amanecer en Túnez, pensó mientras se atusaba el traje y se crujía los nudillos.

———————– FIN——————————-

 

About Miriam Giménez

Adoro escribir y contar desde mi punto de vista, que la vida es todo lo bonita que nosotros la queramos vivir.

2 Comentarios

  1. atardecerensantboidellobregat

    20 Junio, 2017 at 15:18

    Qué pena Miriam!!! Esperaba que por fin pudiera salir de Túnez!!! Un final inesperado pero muy buen relato, me has tenido en vilo todo el tiempo. Besazos guapísima!!!

  2. Rakel Relatos

    21 Junio, 2017 at 00:06

    Aixxx!!!! ¿Pero qué ha pasado? Yo ya me había hecho ilusiones… Pero, como la vida misma, no siempre todo acaba bien.
    Gracias por regalarnos esta historia, guapa!

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