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Bajo la luz de la luna 5.

A la mañana siguiente, Elisabeth se despertó a las diez de la mañana, no necesitaba muchas horas de sueño para recargar las pilas. Sin hacer ruido para no despertar a Olivia y Marta, se dio una ducha rápida y bajó a la cocina para preparar café. Nada más encender la cafetera eléctrica que tanto le gustaba y a la cual era adicta, llamaron al timbre de la puerta. No esperaba ninguna visita, pero la abrió sin pararse a mirar quién era, encontrándose de frente con Alan.

–  Buenos días, si puedes llamarlo así. – La saludó Alan divertido. Le enseñó una bolsa de papel con churros y añadió: – He traído churros, el desayuno típico de España.

–  Pasa, estoy preparando café. – Le invitó Elisabeth. Se dirigieron a la cocina y, mientras servía un par de tazas de café, le dijo: – Oli y Marta siguen durmiendo, creo que anoche nos pasamos un poco con la bebida.

–  Desde luego que os pasasteis, ¡tuvimos que traeros casi a cuestas cuando cerraron el bar! – Le recordó Alan divertido. – Aunque tengo que reconocer que estabais muy graciosas.

–  Hay cosas que no recuerdo y creo que prefiero que siga siendo así. – Le dijo Elisabeth avergonzada. – Pero recuerdo que me ganaste a los dardos.

–  Así es, pero quedamos en que era una partida de prueba y que hoy jugaríamos la partida de verdad, el que pierda invita al otro a cenar. – Le recordó Alan, pues no estaba dispuesto a que se volviera a olvidar de él como la tarde anterior.

Elisabeth le sonrió a modo de respuesta. Por supuesto que recordaba aquella nueva apuesta, al igual que recordaba cómo se había acercado a ella al acabar la partida cuando pidieron una cerveza en la barra y cómo le había hablado al oído. Recordar el sonido de la ronca voz de Alan la noche anterior hizo que se le erizara la piel.

El móvil de Alan comenzó a sonar y respondió tras mirar en la pantalla para saber quién le llamaba:

–  Buenos días, Marcos.

–  Déjate de buenos días, ¿se han despertado ya las chicas? – Le respondió Marcos de mal humor. – No he podido pegar ojo en toda la noche, ¿cómo se les ocurre beber así?

–  Estoy en casa de Eli, pero Oli y mi hermana aún siguen durmiendo. – Le respondió Alan.

–  En dos minutos estoy allí. – Le dijo Marcos antes de colgar.

Tras comprobar que Marcos había colgado, se volvió hacia a Elisabeth y le dijo:

–  Era Marcos, viene hacia aquí. Espero que no te importe.

–  Mientras no queme la casa, no me importará. – Bromeó Elisabeth.

Justo cuando Alan se levantó para abrir la puerta a Marcos, las chicas bajaron ojerosas a la cocina y con un terrible dolor de cabeza.

–  Eres horrible, ¿por qué tú no estás tan tirada como nosotras? – Le reprochó Olivia bromeando. – Si hasta pareces recién salida de una sesión de fotos.

–  Tendrías que haberme visto cuando me he levantado, pero de eso hace ya más de una hora. – Le contestó Elisabeth divertida. – Sentaos a desayunar, estoy preparando café y Alan ha traído churros…

–  ¿Alan? – Preguntaron Marta y Oli al unísono.

–  Sí, Alan. – Les contestó el aludido entrando en la cocina seguido de Marcos. – ¿Tanto os sorprende que haya comprado churros para desayunar?

–  ¡Mujeres! ¡Siempre encuentran algo de lo que quejarse! – Se mofó Marcos. – No os preocupéis, si no queréis churros ya me los como yo.

–  ¡De eso nada! – Le dijo Elisabeth apartando la bolsa de churros lejos de las garras de Marcos. – Si acaso lo compartimos entre los dos que estoy hambrienta.

–  Gracias por pensar en quién os ha traído el desayuno… – Les reprochó Alan.

Desayunaron entre bromas y después apareció Óscar, el hermano de Olivia. Decidieron ir a pasar el día a la cala, hicieron unos bocadillos, prepararon algo para el aperitivo y cargaron una nevera portátil de latas de cerveza y Coca-Cola y un par de botellas de agua de 1,5 litros.

Después de comer, mientras tomaban el sol tumbados sobre la toalla estirada sobre la arena, Elisabeth recibió una llamada de Jason.

–  ¡Hi, J! – Lo saludó Elisabeth. – Te encantaría estar aquí, este lugar es maravilloso.

–  Entonces, te alegrará saber que estoy a punto de subir a un avión que aterrizará en Barcelona. – Le respondió Jason.

–  ¿Vas a venir a Barcelona? – Preguntó Elisabeth confundida.

–  Sí, he tenido que adelantar mi viaje a España y no para venir de vacaciones precisamente. – Le respondió Jason preocupado. – Tenemos que hablar y no va a ser agradable.

–  ¿A qué hora llegas? ¿Quieres que vaya a buscarte al aeropuerto?

–  No es necesario, te llamaré en cuanto salga del aeropuerto y me siente en un taxi, tengo tu dirección.

–  No estoy en el apartamento de la ciudad, estoy en la casa de la playa. – Le recordó Elisabeth.

–  Lo sé, lo tengo todo bajo control. – La tranquilizó Jason con un tono de voz más suave del habitual en él: – Tengo que subir al avión, llegaré en unas cinco horas, más o menos. Nos vemos en un rato.

–  Hasta dentro de un rato. – Logró decir Elisabeth antes de colgar.

Sabía que Jason venía a darle malas noticias y, teniendo en cuenta que había dicho que no venía de vacaciones, solo podía venir en calidad de abogado. Elisabeth cerró los ojos y volvió a tumbarse en su toalla, mejor no pensar en ello hasta que llegara el momento de afrontarlo.

Todos habían observado el comportamiento de Elisabeth y todos se dieron cuenta de que algo no iba bien, pero nadie se atrevió a preguntar, excepto Olivia:

–  ¿Va todo bien?

Elisabeth abrió los ojos y miró a su amiga. No quería mentirle y tampoco tenía ningún sentido hacerlo, así que suspiró profundamente antes de decir encogiéndose de hombros:

–  No lo sé, Jason se acaba de subir a un avión con destino Barcelona para decirme algo y me temo que no va a ser nada bueno.

–  ¿Cuándo llega? – Preguntó Olivia.

–  En unas cinco horas. – Le respondió Elisabeth.

Olivia la abrazó y le susurró al oído:

–  No te preocupes, todo irá bien y sabes que yo voy a estar a tu lado.

Alan no había dejado de observar a Elisabeth en ningún momento y vio como poco a poco se iba tensando cada vez más. Alan hablaba inglés perfectamente y había entendido todo lo que Elisabeth había dicho, pero no había sido mucho. Un tal Jason del que él nunca había oído hablar había cogido un avión para venir a Barcelona y llegaría en unas cinco horas para darle una posible mala noticia a Elisabeth. ¿Qué sentido tenía todo aquello? Y estaba seguro de que Olivia y su hermana sabían mucho más que él, tendría que preguntar cuando tuviera ocasión de verlas a solas.

Sobre las siete de la tarde, regresaban a casa y, cuando Alan aparcó frente la casa de Elisabeth, Olivia le dijo antes de que bajara del coche:

–  Me doy una ducha y vuelvo contigo, no tardaré, ¿vale?

Elisabeth asintió y se despidió antes de entrar en casa. Alan condujo unos metros más hasta que aparcó el coche frente a su casa y la de Olivia. No quería preguntarles directamente por Elisabeth, pues sabía que aquellas dos le someterían a un interrogatorio y le ni él mismo sabría qué responder, pero necesitaba saber y se oyó preguntar:

–  ¿Va todo bien con Eli?

–  Todo lo bien que puede irle a alguien que necesitaba alejarse de su familia, sus amigos, su ciudad y su país. – Le respondió Olivia sin querer desvelar el secreto de su amiga. – Y tú ten más cuidado, cada vez que abres la boca es para meter el dedo en la llaga.

–  ¿Yo? Pero, ¿qué he dicho? – Preguntó Alan sorprendido.

–  Tú solo intenta no juzgarla ni bromeando, que la pifias. – Le aconsejó Marta.

–  ¿Es que no me vais a decir qué pasa? – Les preguntó Alan molesto.

–  Eso no te lo podemos responder nosotras, Alan. – Le respondió Olivia. – Eli es una buena persona y no está pasando por un buen momento, solo te pido que seas prudente con ella.

–  Si he hecho algo que no…

–  Solo fue un comentario desafortunado sin ninguna mala intención y Eli lo sabe, pero aun así se quedó de bajón y me temo que esta noche Jason le va a dar alguna mala noticia. – Le dijo Marta.

–  ¿Quién es ese Jason? ¿Su novio? – Preguntó Alan arrepintiéndose en el acto.

Olivia y Marta intercambiaron una cómplice mirada y la primera dijo:

–  Ya decía yo que lo de traer el desayuno era extraño. Elisabeth te gusta, ¿verdad?

–  Es una chica muy guapa, eso es evidente, pero apenas la conozco. – Respondió Alan fingiendo indiferencia.

Ninguna de las dos creyeron lo que había dicho Alan, pero tampoco quisieron ahondar más en el tema, ya tendrían tiempo para hacerlo más adelante.

Alan entró con su hermana a casa de sus padres y se dirigió directamente a su habitación, donde comprobó que desde su ventana podía divisar la puerta de entrada de la casa de Elisabeth. Si no querían contarle lo que ocurría, ya se encargaría él de averiguarlo.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

6 Comentarios

  1. atardecerensantboidellobregat

    2 Enero, 2017 at 15:30

    Y otra semana con la intriga…qué pasará cuando llegue Jason? Muy bueno Rakel, en cada capítulo me dejas espectante hasta el próximo. Besos y abrazos.

    • Rakel Relatos

      2 Enero, 2017 at 20:51

      Muchas gracias, Marina! Aix, nos tocará esperar una semana más para ver cómo sigue, jejej. Besotes, guapa! 😉

  2. que nos deja con la intriga, espero lo que sigue gracias por coompartir

  3. Ana Centellas

    3 Enero, 2017 at 01:33

    Ya estaba yo deseando continuar la historia de Elisabeth y Alan. A ver ahora qué viene a contar Jason. Ya verás como les fastidia algo a estos dos… Me encanta, Rakel, nos tienes expectantes. Muchos besos.

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