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Bajo la luz de la luna 10.

El miércoles fue un día tan largo y agotador como Elisabeth había anunciado. Olivia no se separó de ella ni un instante para mostrarle su apoyo constante y eso la reconfortaba. Para grabar el comunicado Olivia también estuvo a su lado, junto a su padre y Jason.

El reencuentro con Mike no fue muy agradable, él acudió rodeado de sus abogados, pero ni rastro de su familia, él era así. Se acercó a Elisabeth y le dijo:

–  Antes de seguir con todo esto, me gustaría hablar contigo. En privado. – Matizó.

Elisabeth asintió, sabía que tarde o temprano tendría que afrontar aquella situación para dejarle las cosas claras a Mike y cuanto antes mejor. Se dirigieron a una de las estancias del estudio y, sin esperar a tomar asiento, Mike empezó a hablar:

–  Elisabeth, estás haciendo todo esto porque te ha entrado miedo por la proximidad de la boda, pero estoy seguro de que si lo hablamos lo podemos solucionar…

–  No quiero arreglarlo, Mike. – Le interrumpió Elisabeth. – Ya no estoy enamorada de ti, no estamos hechos el uno para el otro y seguir con esta boda sería lo peor que nos pudiera ocurrir.

–  ¿Estás segura? Una vez que grabemos el comunicado no habrá vuelta atrás.

–  Completamente segura. – Le confirmó Elisabeth.

Después de aquella tensa e incómoda conversación, regresaron al estudio para grabar el comunicado que, tal y como habían acordado, fue un comunicado breve y directo en el que tan solo anunciaban la cancelación de la boda sin dar ninguna explicación, ya se encargaría la prensa de inventar miles de historias y ninguna verdadera.

Cuando regresaron a casa ya eran más de las siete de la tarde y Elisabeth estaba agotada. Se dirigía a la cocina a por un vaso de agua cuando la vista se le nubló y las piernas le flaquearon, por suerte Jason la acompañaba y la cogió al vuelo antes de que cayera al suelo.

–  Será mejor que vayas a descansar, ha sido un día duro. – Le aconsejó Jason cuando Elisabeth logró recomponerse.

Elisabeth no discutió, estaba realmente cansada y lo único que le apetecía era meterse en la cama y dormir, mañana sería un nuevo día. Olivia la acompañó a su habitación y la ayudó a ponerse el pijama y meterla en la cama. Después le entregó su móvil y le dijo guiñándole un ojo con complicidad antes de marcharse:

–  Llama a Alan, le prometiste que lo harías.

Elisabeth no se lo pensó dos veces y llamó a Alan. Se puso nerviosa, los latidos de su corazón aumentaron de frecuencia e intensidad y cerró los ojos para tratar de concentrarse, odiaba sentirse torpe cuando hablaba con él.

–  Empezaba a pensar que ya te habías olvidado de tu promesa. – Bromeó Alan nada más descolgar el teléfono. – ¿Cómo va por Londres?

–  Te mentiría si te dijera que bien, pero mañana regresamos a Barcelona.

–  Marcos y yo iremos a buscaros al aeropuerto, pero tendrás que decirme a qué hora llegáis.

–  Si no hay retrasos en el aeropuerto, llegaremos sobre las siete de la tarde. – Respondió Elisabeth y acto seguido se oyó decir: – Podemos pedir algo de comida a domicilio y cenar los cuatro juntos en el apartamento.

–  Suena estupendo. – Confirmó Alan. – Llámame antes de subirte a ese avión y me confirmas que despega a su hora.

Charlaron durante un largo rato de todo un poco, ninguno de los dos quería colgar, pero finalmente Alan le dio las buenas noches y ambos se despidieron.

A la mañana siguiente, Elisabeth y Olivia aprovecharon para hacer unas compras por la ciudad, regresaron a comer a casa de los padres de Elisabeth y, tras despedirse, Jason las llevó al aeropuerto. Tal y como habían quedado, Elisabeth llamó a Alan antes de que el avión despegara para confirmarle que llegarían a la hora prevista. A las siete de la tarde, Marcos y Alan esperaban nerviosos en el aeropuerto a que Elisabeth y Olivia aparecieran por la puerta de llegadas. En cuanto Marcos vio a Olivia, salió corriendo hacia a ella y la abrazó como si llevaran meses sin verse. Después de ese abrazo, Marcos no lo dudó y la besó en los labios apasionadamente. Olivia se quedó parada un instante pero reaccionó y le devolvió el beso.

–  Parece que Marcos ha echado mucho de menos a Olivia. – Comentó Elisabeth divertida mientras saludaba a Alan con un par de besos en la mejilla.

–  Sí, eso parece. – Le dijo Alan sonriendo. – ¿Cómo ha ido el viaje relámpago a Londres?

–  Bien, ha ido bien. – Respondió Elisabeth.

–  Eso no ha sonado nada bien. – Se mofó Alan. – ¿Voy a tener que hacer uso del día de la sinceridad para que resuelvas mis dudas sobre todos tus misterios?

–  Me temo que sí. – Contestó Elisabeth encogiéndose de hombros.

Los cuatro se subieron al coche de Marcos y les llevó hasta a la puerta del edificio de Elisabeth y Alan, donde paró el coche en doble fila y dijo:

–  Chicos, Olivia y yo tenemos muchas cosas de las que hablar. Nos vemos mañana.

Elisabeth se despidió de Olivia con un fuerte abrazo y se bajó del coche con la ayuda de Alan, quién también se ocupó de coger la maleta de Elisabeth y cargar con ella.

Entraron en el apartamento de Elisabeth y Alan rompió el silencio que se había formado al salir del coche de Marcos y quedarse a solas:

–  Ponte cómoda mientras yo pido algo de comida a domicilio, ¿qué te apetece cenar?

–  ¿Comida china? – Sugirió Elisabeth.

–  Ahora mismo llamo.

–  Vale, me doy una ducha rápida y vuelvo.

Dicho y hecho. Elisabeth no tardó más de veinte minutos en regresar al salón, donde Alan la esperaba mientras se entretenía viendo la televisión. Se sentó a su lado en el sofá y Alan le dijo:

–  Podemos ver una película, tengo un montón en mi apartamento y más de la mitad aún ni las he visto, ¿te apetece echar un vistazo?

Elisabeth aceptó, aunque fue la curiosidad por ver el apartamento de Alan más que ver sus películas lo que la motivó. Alan abrió la puerta de su apartamento y Elisabeth sonrió al ver lo limpio y ordenado que estaba todo, Marta ya la había informado que era un maníaco del orden mientras que ella era de las opinaban que dentro del desorden tenían su orden. Elisabeth recordó que cuando vivía con sus padres su madre le pedía mil veces todos los días que ordenara su habitación y ella siempre respondía lo mismo, que dentro del desorden tenía su orden. Y era cierto. Cada vez que a su madre le daba por “ordenar” su habitación, después no encontraba nada.

–  ¿Se puede saber qué te hace tanta gracia? – Preguntó Alan divertido cuando a Elisabeth se le escapó la risa al recordar viejos tiempos.

–  Lo he visto todo tan ordenado que me he acordado de mi madre. – Le respondió Elisabeth encogiéndose de hombros.

–  Si eso pretendía ser un cumplido, necesitas mejorar.

Ambos estallaron en carcajadas y Elisabeth le contó la historia completa. Alan se rio con complicidad y por fin sintió que Eli empezaba a confiar en él sin pensarlo tanto. Le enseñó su colección de películas y ella cogió dos nada más verlas.

–  ¡Quiero ver estas! – Exclamó eufórica. – No son muy buenas, pero siempre me han gustado esta clase de películas.

–  Kill Bill, ¿en serio? – Preguntó Alan incrédulo. Elisabeth se encogió de hombros a modo de respuesta y le dedicó una amplia sonrisa. – Creía que escogerías alguna pastelada romántica como las que les gusta a mi hermana y a Olivia.

–  Me gustan las pasteladas románticas, como tú las llamas, pero también me gustan las de acción y esta es una de mis favoritas. – Le confesó Elisabeth. – A Mike le… – Se interrumpió de golpe. ¿Por qué había nombrado a Mike?

–  ¿Quién es Mike? – Preguntó Alan a quien no se le pasó por alto el error que había cometido Elisabeth y lo poco que había disimulado. Elisabeth se puso tensa y, para tratar de aliviar la tensión que se había creado, añadió: – Vamos a ver la película a tu apartamento, no tardarán en traernos la cena.

Regresaron al apartamento de Elisabeth y pocos minutos después les trajeron la cena. Cenaron en el salón, sentados en el sofá mientras veían las dos películas que completaban la saga. Alan no volvió a sacar el tema de Mike, sabía que ella no estaba dispuesta a hablar y si la presionaba se arriesgaba a que desapareciera tan rápido como había llegado, pero no iba a cesar en la búsqueda de información, Marta y Olivia quizás le podrían echar un cable, aunque lo dudaba.

Tras ver las películas, Alan se despidió de Elisabeth con un beso en la mejilla y, antes de entrar en su apartamento le dijo sin opción a réplica:

–  No hagas planes para mañana después de las doce del mediodía, quiero mi día de la sinceridad. Te llamaré cuando salga del trabajo y nos iremos a comer.

–  Esperaré tu llamada y pagaré mi deuda. – Respondió Elisabeth divertida antes de desaparecer tras la puerta de su apartamento.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

2 Comentarios

  1. atardecerensantboidellobregat

    6 Febrero, 2017 at 15:24

    Amiga, cada vez se me hace más corta la lectura…nada, hasta la semana que viene. Besazos guapísima!!!

    • Rakel Relatos

      6 Febrero, 2017 at 21:13

      Jejeje, ya hemos pasado el ecuador de la novela, ya va quedando menos. Gracias, Marina! 😉

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