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Autor: ultravioleta (página 2 de 10)

Los Pendones se achicharran en tu Ombligo

Los Pendones se achicharran en tu Ombligo

 

Los pendones en tu ombligo

se calientan hasta encender la estera

que tu abuela usara para entibiar el piso

en las noches de invierno.


Descalza, 

bata blanca, 

cabellos liberados,

te aproximas con actitud ritual

a ese fuego que ahora abrasa 

tu pezón izquierdo:

con ojos fijos

y  labios entreabiertos,

 entregarás tu ápice y todas tus primicias

al túmulo hecho de aire y de silicio,

construido con carne de dioses y de cabras.


El túmulo que nevará quemando 

tu bajo vientre,

las plantas de tus pies

y esas encadenadas muertes

que llegan de atrás,

de muy atrás


Los pendones en tu ombligo

se achicharran,

crepitan,

deambulan

y quiebran el silencio negro y rojo…


… y  quiebran,

y destrozan

el silencio de Dios. 


GOCHO VERSOLARI

Las Luciérnagas te verán marchar Desnuda hacia la Luna

 

El ejèrcito de simios

atraviesa un cuadrangular espacio inexistente

que tus pies desnudos crearan al pisarlo.


Muerden los monos

la realidad que tus huellas levantaran

y el perfume del tiempo que emana de lápidas celestes

se convierte en papel arrugado

cuando lo tocan las peludas manos.


Los monos extienden a la noche

furia antigua de avispas desatadas.

Cuando te desmayes en el filo del alba,

levantarán tu cuerpo suave,

apenas cubierto con la túnica gris

y lo llevarán a la séptima cueva, aquella

que conserva la sombra

mientras los ciervos dorados de la luz desfilan

arrastrando el sol

y el zafarrancho de combate de la tarde.


Al marcharse los monos, 

despertaràs en el siguiente atardecer

cuando el lucero de la noche entre por tu pubis

y te recorra hacia arriba y hacia abajo


 Despertaràs sin beso,

sin gemido,

sin sonidos primarios

y luego de algunos gestos misteriosos

caerá la túnica gris que te cubriera. Las luciérnagas,

te verán marchar desnuda hacia la luna.


GOCHO VERSOLARI

Animal Extraño el de mi Tarde

 

 

soy

Arroja enero sus carámbanos

y el animal de mi tarde se mece suavemente

en los tenues hilos de las arañas ciegas.

 Incansables,

los cielos cuelgan pendones negros

cuando el día se arroja desde los barandales

y  te desnudas para sumergirte

en la helada laguna. 

Tu piel se teñirá de azul

y por la noche, convertida en   aterido espectro,

ocuparás mi cama.

Me pedirás masajes en tus plantas,

mientras los ojos de mi tarde

cuelgan de algún rincón del cuarto. 

El animal se acercará a tu cuerpo

que duerme sobre el jergón,

y entrará por los dedos de tus pies.

Así, en tu despertar,

galoparás el horizonte

procurando alcanzar el pasado remoto

donde dejaste una vida y una muerte

pendiendo de las ramas como ropas húmedas.

No te muevas.

Deja que la cuarta estrella

busque tu ombligo y tu almacén de tardes.

 

 Ahora 

móntate a horcajadas en mi espalda

para cruzar los sargazos de la luna

y todo el tiempo. 

GOCHO VERSOLARI

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