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Autor: Rakel Relatos (página 2 de 32)

No me llames gatita 14.

Media hora después de colgar a Ben y tal y cómo me había dicho, aparece con el semblante serio custodiado por dos agentes de John, que no ha pronunciado palabra desde que he dicho que Ben venía de camino. La situación es tensa e incómoda, ni a mis padres ni a Elliot les hace ninguna gracia tener que volver a verle, pero conozco a Ben y no es de los que se andan con rodeos. Si dice que tiene algo relevante e importante que decirme es porque así es.

Antes de que pueda ni saludar a Ben, John me agarra del brazo y, atrayéndome hacia él, me dice con su más puro tono de capitán:

–  Elliot se quedará contigo mientras él esté aquí.

Y, sin decir nada más ni dignarse a mirarme, sale del salón cruzándose con Ben y ambos se retan con la mirada pero ninguno se saluda ni se presenta.

–  Ven aquí, preciosa. – Me dice Ben saludándome con un efusivo abrazo mientras todos los presentes desaparecen excepto Elliot, que permanece de pie a mi lado. Ben me da un beso en la mejilla y, volviéndose hacia Elliot, le dice estrechándole la mano: – Elliot, me alegro de verte y saber que cuidas de Cat.

Elliot no le responde, se limita a estrecharle la mano con educación y se sienta en uno de los sofás. Ben me mira esperando a que le lleve a algún lugar donde podamos hablar, así que le digo:

–  Lo siento, pero esto es lo único que puedo ofrecerte en mi situación.

–  No hay problema, sé que confías en Elliot y que es como un hermano para ti. – Me responde Ben con gesto de preocupación. – Verás Cat, el otro día estaba en un lugar en el que no debía estar y escuché una conversación que no debí escuchar. – Me mira a los ojos y me dice: – Tienes que irte de Westcoast, un tipo al que nunca nadie había visto por aquí ha estado haciendo preguntas sobre ti y, después de lo de Parker, quise investigar quién era. Descubrí que se alojaba en el hotel de María, así que me acerqué por allí y logré que María me diera el nombre del tipo, Héctor González. Le pedí a un amigo que trabaja en la Interpole que le investigara y, según parece, Héctor González es uno de los alias que utiliza un sicario internacional conocido como “El Duro”. Anoche mi amigo me llamó y me dijo que él y algunos de sus hombres lo estaban siguiendo y que me llamaría en un rato, pero no me llamó y no he podido localizarlo, nadie sabe dónde están ni él ni sus hombres, Cat.

–  Joder Ben, no deberías haberte metido en todo esto. – Me lamento.

–  Dame el nombre de tu amigo, Ben. – Le dice Elliot. – Intentaré localizarlo y saber qué ocurre, pero no deberías seguir haciendo de investigador privado, limítate a seguir divirtiéndote.

–  ¿Tanta rabia te da que esté cerca de Cat? – Le pregunta Ben a Elliot furioso.

–  No pintas nada aquí y lo único que haces es complicar más las cosas. – Le responde Elliot furioso. – Si fuera por mí, ni siquiera habrías entrado en esta casa.

–  ¡Basta! – Les espeto a los dos levantando la voz más de lo que pretendía.

John, que debería estar cerca, al escucharme irrumpe en el salón y, fulminándonos a los tres con la mirada, nos pregunta con voz de capitán Stuart:

–  ¿Qué cojones está pasando aquí?

Resoplo sonoramente tratando de no perder la poca paciencia que me queda. Elliot le explica a John lo que Ben ha descubierto y John ordena a un par de agentes que lo escolten hasta que sepan qué ha ocurrido con su amigo de la Interpole para protegerlo. Acto seguido y sin dejar que me despida de Ben, John me agarra del brazo y me dice imperativamente:

–  Tenemos que hablar, ahora.

Salimos del salón y subimos las escaleras hasta llegar a mi habitación, donde entramos y John cierra la puerta para hablar con mayor intimidad.

–  ¿Se puede saber en qué estás pensando? – Me espeta molesto.

–  Ahora mismo en lo único que pienso es en largarme de aquí sola para no tener que escucharos a ninguno. – Le replico molesta.

–  ¡Genial Catherine! – Me espeta con ironía. – ¿Crees que a nosotros nos gusta estar aquí para proteger a una niña malcriada a la que ni siquiera le importa su seguridad? Esos agentes tienen una vida fuera de este trabajo, tienen esposas e hijos a los que están deseando ver. Si no quieres que estén aquí, solo tienes que decirlo y se marcharán encantados de poder volver con su familia. – Me mira a los ojos y, con una inmensa furia añade: – Aún estás a tiempo de irte con tu héroe si eso es lo que quieres.

John se da la vuelta dispuesto a largarse de mi habitación, pero a mí se me dibuja una sonrisa en los labios sin poder evitarlo. Está celoso. John está celoso de Ben.

–  John, espera. – Le digo agarrándole del brazo para evitar que se marche. – No te enfades, tenemos una tregua. – Le digo con una traviesa sonrisa mientras le echo las manos al cuello y le atraigo hacia a mí dejando su boca a un centímetro de la mía.

–  Gatita, no estoy de humor. – Murmura apartándose de mí.

Pero ya me da igual lo que me diga, lo único en lo que soy capaz de pensar es en besarle y eso es lo que hago. Me arrojo a sus brazos y devoro su boca. John no se hace de rogar, me agarra del trasero y me alza entre sus brazos para ponerme a su altura mientras yo rodeo su cintura con mis piernas. Nuestras manos acarician nuestros cuerpos deseosos de llegar al final, pero la puerta se abre y mi padre entra en la habitación.

–  Ejem, ejem. – Finge toser para alertarnos de su presencia. – Lamento interrumpir, pero me temo que es importante.

John se tensa y me deja rápidamente con los pies en el suelo, avergonzado por la situación en la que hemos sido descubiertos.

–  Lo siento yo… – Intenta disculparse John.

–  No lo sientas, yo me alegro de que por una vez en la vida el novio de mi hija me caiga bien. – Le interrumpe mi padre sonriendo.

–  Papá, entre John y yo no hay nada, lo que acabas de ver es… – Intento aclarar las cosas. – No sé lo que es, pero no somos pareja.

John me mira molesto, ¿qué se supone que he hecho mal? Probablemente también me culpe de que mi padre nos haya pillado, aunque he sido yo quién lo ha empezado y por lo tanto la culpa es mía.

–  John, Elliot quiere hablar contigo. – Le dice mi padre. – Ha ocurrido algo y…

John se coloca bien la camisa y se abrocha los dos únicos botones que me ha dado tiempo a desabrochar, pero antes de salir de mi habitación se vuelve hacia a mí y me susurra al oído:

–  Ya hablaremos luego tú y yo.

Mi padre me sonríe y se marcha detrás de John mientras yo me quedo pensando si las palabras de John han sido una amenaza o el presagio de que luego terminaremos con lo que hemos dejado pendiente.

Y luego está mi padre. ¿Cómo se le ocurre decir lo que ha dicho? Joder, un poco más y nos lleva al altar. Estoy segura de que John no se me vuelve a acercar en la vida, al menos no con las intenciones que a mí me gustarían.

Berta viene a buscarme en cuanto se entera de lo que ha ocurrido y, tras mirarme a los ojos, me dice:

–  Estás enamorada de John. – Y añade rápidamente: – Y no es una pregunta.

–  Sí y lo sé, soy una idiota. – Le respondo encogiéndome de hombros y dejándome caer en la cama con un suspiro dramático. – ¿Cómo ha podido pasarme? Si al principio creo que lo odiaba.

–  Ya sabes lo que dicen, del odio al amor solo hay un paso. – Se mofa Berta.

–  Me alegro de que mi desgracia te divierta. – Le reprocho molesta.

–  No te pongas así, Cat. – Me dice Berta abrazándome. – He visto cómo te mira, cómo te trata, cómo se preocupa por ti. No he visto a un tío más enamorado en la vida, Cat. John te adora y, si te gusta, no dudes en ir a por él.

–  John no es de los que buscan una relación estable.

–  ¿Te lo ha dicho él? – Me pregunta Berta. – Estoy segura de que no te lo ha dicho. En cuanto a la tipa que le acompañaba el otro día en el centro comercial, te ha dicho que era su hermana y su sobrino y que te los presentará para que puedas comprobarlo con tus propios ojos. ¿Qué más necesitas para darte cuenta de que él está apostando por esta relación? Si Elliot se decidiera a hacer lo mismo por mí, te aseguro que no me lo pensaba.

–  Pon a Elliot celoso con otro tío. No me preguntes por qué, pero eso siempre funciona. – Le aconsejo riendo. – Será mejor que bajemos a ver qué está ocurriendo allí abajo.

Berta y yo salimos de la habitación para bajar al salón, pero nos encontramos en el hall con John y Elliot dando instrucciones a sus agentes para que se retiren a sus casas. Cruzo mi mirada con la de John, pero él me hace un gesto para que entremos en el salón y le esperemos allí, así que eso hacemos.

En el salón, nos unimos a mis padres y los padres de John, que charlan alegremente en cuanto nos ven entrar, a pesar de que segundos antes estaban callados y preocupados. ¿Qué estará ocurriendo?

No me llames gatita 13

No me llames gatita 13

Veinte minutos después, John entra en el salón y el aroma de su colonia llega a mi olfato, que reconoce enseguida el aroma de nuestra única noche de pasión. Es increíble lo que este hombre me hace sentir con tan solo oler su colonia.

John deja sobre la mesa auxiliar una carpeta y, sentándose junto a mí en el sofá, saca unos dosieres y empieza a hablar con naturalidad y seguridad mientras yo trato de comprender cómo puede estar tan tranquilo teniendo en cuenta la situación que hay fuera y, peor aún, la que tenemos aquí dentro.

–  Hemos traído unas fotos de algunos sicarios que creemos que Parker podría haber contratado para que le hagan el trabajo sucio. – Me entrega uno de los dosieres con las fichas policiales de cientos de criminales y añade: – Quiero que le echéis un vistazo y tratéis de recordar si habéis visto a alguno de esos hombres últimamente. Por norma general, estos tipos suelen estudiar los movimientos de su objetivo personalmente.

Empiezo a ojear las fotos de los criminales del dossier y me sorprendo al encontrar una cara conocida. La cara del tipo que hace un par de horas me ha entrado en el bar. Le paso el dossier a Berta y le señalo la foto del tipo, ella la observa y dice asombrada:

–  ¡Es el bombón que estaba contigo en el bar! – Todos me miran sorprendidos y Berta se afana en aclarar. – Lo que quiero decir es que ese tipo se ha acercado a Cat esta noche en el bar, justo antes de que vosotros aparecierais.

–  ¿Te dijo algo? – Me pregunta John con el ceño fruncido y mirándome molesto.

–  Sí, me preguntó por qué estaba sola, le dije que estaba acompañada y se fue por donde vino. – Le contesto encogiéndome de hombros. – No me pareció peligroso, ni siquiera pensé en él como una amenaza, la verdad…

–  Ni se te ocurra salir de la casa, Cat. – Me ordena John mirándome con gesto serio. Abro la boca para protestar pero John, señalándome con el dedo índice con amenaza, me interrumpe antes de que logre pronunciar palabra: – No me hagas esposarte.

Levanto las manos en señal de inocencia y cierro la boca. Cuando John se pone tan rotundo es mejor dejar que se tranquilice solo, hablar con él es discutir y no sirve de nada.

–  De acuerdo. – Respondo resignada.

–  ¿De acuerdo? – Preguntan atónitos mis padres, los padres de Elliot, Elliot y Berta.

–  Sí, de acuerdo. – Les repito molesta. – No quiero que me maten y mucho menos que os maten a vosotros por mi culpa, así que estoy de acuerdo.

–  Chico, no sé cómo lo habrás hecho, pero has conseguido hacer cambiar de opinión a Cat y que no diga la última palabra. – Bromea mi padre.

–  Siento decepcionarte, pero no he tenido nada que ver con el cambio de opinión de Cat, yo también estoy sorprendido. – Le dice John a mi padre sin dejar de mirarme extrañado. – Cat, quiero que me expliques cómo viste a ese tipo qué te dijo exactamente.

–  Ya te lo he dicho. – Respondo malhumorada. – Berta fue a pedir las copas y yo busqué una mesa libre y me senté. Ese tipo se me acercó y me preguntó qué hacia una chica tan sola allí y le dije que no estaba sola, él asintió y se marchó. Luego llegó Berta y dos segundos después llegasteis vosotros.

–  ¿Nada más? – Insiste John.

–  Nada más. – Sentencio molesta.



Seguimos viendo fotografías, pero el único que recordamos haber visto es al tipo del pub. Agotados y muertos de sueño, nos retiramos a nuestras habitaciones, excepto Elliot y John, que se reúnen con sus agentes y comprueban que se hayan instalado en la casa de invitados.

A la mañana siguiente, me levanto y me doy una ducha antes de bajar a desayunar a la cocina. Extrañada, miro el reloj y me sorprendo al descubrir que es más de mediodía y nadie ha venido a despertarme.

–  Buenos días, cielo. – Me saluda mi madre al verme entrar en la cocina. – ¿Has dormido bien?

–  Buenos días, mamá. – Le respondo dándole un beso en la mejilla. – He dormido, que ya es más de lo que esperaba. ¿Dónde está todo el mundo?

–  Elliot, Philip y Bárbara han ido a su casa a por algo de ropa acompañados de varios agentes, tu padre y John están en el despacho y Berta está abajo en el gimnasio, decía que si no hacía un poco de ejercicio se subiría por las paredes.

–  ¿De qué hablan papá y John para tener que encerrarse en el despacho? – Pregunto con la mosca detrás de la oreja y, cuando veo el gesto contrariado de mi madre, insisto: – ¿Qué está ocurriendo, mamá?

–  Tu padre ha recibido una llamada de teléfono, no sé de quién, y se ha puesto nervioso. Le he preguntado qué pasaba justo cuando ha aparecido John y los dos se han encerrado en el despacho. – Me responde mi madre preocupada. – No estoy segura, pero creo que quien ha llamado podría ser Ben y ya sabes cómo se pone tu padre con tan solo oír hablar de él.

–  ¿Ben? – Pregunto confundida.

Ben es mi ex novio. Por supuesto, mi padre lo odia. Es el chico malo de padres ricos de Westcoast, un niño grande cuyo único objetivo en la vida es divertirse y poco más, pero que conmigo siempre se ha portado como un auténtico caballero. Mi relación con él acabó hace poco más de dos años, cuando yo decidí aceptar la oferta de trabajo que me llevó a Sunset, pero hemos mantenido una relación de amistad desde entonces y, siempre que he venido a Westcoast de visita nos hemos visto, ya me entendéis.

Tras beberme un vaso de zumo de melocotón, le digo a mi madre:

–  Voy a ver qué pasa. – Salgo de la cocina y me dirijo al despacho de mi padre donde él y John hablan prácticamente en susurros. Llamo a la puerta del despacho y pregunto al mismo tiempo que la abro: – ¿Se puede?

Ambos me miran, intercambian una indescifrable mirada entre ellos y finalmente mi padre asiente con la cabeza y me hace un gesto con la mano para que me siente en la silla libre, al lado de John y frente a él. Busco la mirada de John, pero la esquiva. Parece tenso y, cómo ya es habitual en él, está con su cara de pocos amigos.

–  ¿Ocurre algo? – Le pregunto a mi padre preocupada.

–  Ha llamado Ben. – Me responde mi padre.

–  ¿Y cuál es el problema? – Pregunto sin entender a qué vienen las caras de ambos.

–  Ben siempre es el problema. – Puntualiza mi padre.

–  Papá. – Le advierto sin ganas de discutir. – ¿Qué quería Ben?

–  Pues no lo sé, no ha querido decírmelo. – Me contesta mi padre enfadado. – Dice que solo hablará contigo y que no piensa hacerlo por teléfono.

–  Yo me encargo de Ben. – Le respondo levantándome de la silla.

–  Cat, antes de que invites a tu amigo a venir, asegúrate de que realmente confías en él. – Me advierte John con una mirada fría. – Todo el mundo tiene un precio y el que Parker pagará por ti te aseguro que es muy elevado.

–  Yo me encargo de Ben. – Sentencio antes de salir del despacho. Subo a mi habitación y enciendo mi teléfono para llamar a Ben, a quién le digo nada más descolgar: – Espero que sea importante, me temo que esta llamada me va a traer más de un problema.

–  Me alegro de oírte, nena. – Me responde Ben. – Joder Cat, ¡en menudo lío andas metida! Necesito hablar contigo de algo, pero no puedo hacerlo por teléfono. ¿Podemos vernos?

–  Es imposible que me dejen salir de aquí y más imposible aún que pueda escaparme sin ser descubierta, ¿qué es lo que quieres, Ben?

–  Ayudarte, pero no me fío de esos agentes que te custodian ni de nadie. – Me contesta Ben preocupado. – Tú tampoco deberías fiarte de nadie, Cat.

–  Sabes algo. – Afirmo. – Ven a casa de mis padres, yo me encargo de que te dejen entrar y de que nos dejen hablar a solas. Pero más te vale que sea algo importante y relevante, de lo contrario nos matarán a los dos y yo te odiaré por meterme en más líos de los que ya tengo, que no son pocos.

–  Estaré allí en media hora. – Me responde y añade antes de colgar: – Se trata de algo relevante y muy importante para tu seguridad, pero tampoco te voy a negar que la idea de volver a verte me vuelve loco.

Como era de esperar, a mi padre no le hace ninguna gracia recibir la visita de Ben, pero a John tampoco parece gustarle en absoluto, aunque no me dice nada y simplemente se limita a mirarme furioso, cosa de la que ya estoy acostumbrada.

 

No me llames gatita 12.

Justo en el mismo momento en el que le estoy sacando la lengua a Berta, aparecen John y Elliot y me ven, pero me pongo seria al instante y el mal humor regresa a mí.

–  ¿Habéis recogido vuestras cosas? – Nos pregunta Elliot.

–  Sí, ya está todo. – Respondo cerrando mi maleta.

Por el rabillo del ojo veo como John le hace un gesto a Elliot y éste sale de la casa de invitados con Berta, dejándonos a John y a mí a solas.

–  Cat, ¿podemos hablar un momento? – Me pregunta con el tono de voz suave.

–  ¿Acaso me has dejado otra opción? – Le contesto molesta.

–  Tú tampoco me has dejado otra opción. – Me reprocha. Se acerca a mí despacio y susurra: – Gatita, dime qué te pasa, qué he hecho para que estés tan enfadada conmigo.

–  No me llames gatita. – Le espeto molesta.

–  Dime por qué. – Insiste John. – El martes me fui del apartamento de Elliot y no estabas enfadada conmigo, pero el miércoles te fuiste sin decirme nada y no he podido ni hablar contigo y, cuando hace un rato nos hemos vuelto a ver, te encuentro furiosa conmigo. Es imposible que haya hecho nada que te haya molestado, Cat.

–  ¿Quieres saber por qué? – Le espeto furiosa. – Pues piensa qué has podido hacer en ese intervalo de tiempo que me haya podido molestar y tendrás la respuesta.

–  Gatita… – Me susurra John agarrándome de los brazos y acorralándome contra la pared y su cuerpo, haciendo que pierda la razón. – Estamos como al principio, viviremos juntos te guste o no. Puedes poner de tu parte o ponérmelo difícil, pero seguiré estando aquí. – Me mira a los ojos y añade: –  ¿Vas a contarme por qué estás enfadada?

Respiro profundamente y le respondo:

–  Te vi en el centro comercial y…

–  Gatita…

–  No. – Le interrumpo. – No soy de esa clase de persona, John. Yo no me acuesto con los novios, maridos ni padres de nadie, ¡joder!

–  ¿Qué? – Me dice John echándose a reír a carcajadas. – Gatita, eres adorable. – Intenta besarme pero me aparto y le pongo la mejilla. – Supongo que me viste con Rachel y Jake, mi hermana y mi sobrino. La noche anterior fui a cenar a casa de mis padres y me quedé a dormir allí. Al día siguiente llevé a mi hermana al centro comercial, el primer cumpleaños de Jake es dentro de poco y quería comprarle un regalo. ¿No crees que si fueran mi mujer o mi hijo viviría con ellos? Has estado en mi apartamento, Cat.

–  Tu hermana y tu sobrino. – Repito tratando de asimilarlo. – Me alegra saber que no soy una rompe hogares.

–  Yo nunca haría algo así. – Me responde defendiéndose. – Y te aseguro que no me gustó en absoluto enterarme de que te habías largado sin decirme nada.

–  Lo siento, no sabía que tenía que mantenerte informado de a dónde iba. – Le contesto con sarcasmo.

–  Gatita, necesito una tregua.

–  No me llames gatita. – Le replico furiosa.

–  De acuerdo. Cat, necesito una tregua. – Me dice John molesto. – ¿Podemos comportarnos como dos adultos mientras que estemos aquí y dejar las discusiones para cuando Parker esté detenido?

–  Me parece sensato. – Le respondo encogiéndome de hombros. – Te prometo que lo intentaré, pero no puedo prometerte que lo vaya a conseguir.

–  Lo mismo digo, gatita. – Me responde sonriendo burlonamente.

–  No me llames gatita. – Le espeto furiosa y John se echa a reír.

Coge mi maleta con una mano y coloca su mano libre sobre mi espalda para acompañarme hasta la casa principal, dónde todos se deben estar preguntando dónde nos hemos metido.

Entramos en el salón y todos se vuelven a mirarnos para comprobar que la sangre no ha llegado al río mientras John sonríe satisfecho y yo pongo mi cara de pocos amigos, que últimamente me acompaña a todas partes. Mi padre me mira con el ceño fruncido y me dice:

–  Catherine, hemos decidido que los agentes descansen por turnos en la casa de invitados, es bastante amplia y allí estarán cómodos. Mira a John y añade: – Nos quedan dos habitaciones libres aquí, tú y Elliot os quedaréis con nosotros.

–  Gracias por su amabilidad, pero no es necesario George. – Le agradece John con sorprendente familiaridad.

–  Puede que no sea necesario, pero nosotros nos sentiremos más seguros si Elliot y tú estáis aquí. – Le dice mi madre a John. – Cat te acompañará a tu habitación y no se hable más.

John me mira sin saber qué hacer, el pobre está contra la espada y la pared. Decido sacarle del apuro igual que él ha hecho antes conmigo y porque se supone que hemos pactado una tregua:

–  Sígueme, te acompaño a tu habitación.

John me mira sorprendido, lo último que esperaba es que yo me lo tomara tan bien y no entiendo por qué. ¿Acaso esperaba que montara en cólera? Él también me ofreció su casa mientras me protegía de los sicarios de Parker, no sé por qué se sorprende tanto.

Subo las escaleras, seguida muy de cerca por John y me paro frente a la habitación de invitados que hay justo al lado de la mía.

–  Aquí está, tienes cuarto de baño en la habitación y, si necesitas algo, solo tienes que pedirlo. – Le respondo lo más amablemente que puedo pero sin ningún entusiasmo.

–  Necesito saber dónde está tu habitación. – Me responde y, al ver que le miro sorprendida por sus palabras, se afana en aclarar: – Tengo que dejarte la maleta en tu habitación, ¿no?

–  Sí, claro. – Le contesto ruborizada. – Es la habitación contigua.

John me sonríe pícaramente y camina un par de pasos hasta llegar a la puerta de mi habitación y entra en ella para dejar la maleta. Le sigo y le veo observando con atención todas las puertas y ventanas.

–  ¿Ocurre algo? – Le pregunto preocupada.

–  ¿A dónde dan esas puertas? – Me pregunta frunciendo el entrecejo.

–  Al cuarto de baño y al vestidor. – Le respondo sin comprender.

–  ¿Se puede entrar al baño o al vestidor desde otro sitio que no sea tu habitación?

–  No, solo desde mi habitación. – Le respondo. – No pienso escaparme, si es eso lo que estás pensando. ¿Te lo ha contado Elliot?

–  Me recomendó que me leyera el expediente Tanco y le hice caso. – Me responde encogiéndose de hombros. – No logro entender cómo pudiste escapar de una comisaría llena de agentes cuya única misión era no perderte de vista.

–  Tu ejército entero no ha podido retenerme, ¿qué te hace pensar que tú solo podrías conseguirlo? – Le pregunto divertida.

–  Gatita, soy capaz de ponerte unas esposas y atarte a mi muñeca para no perderte de vista, pero eso supondría tener que pasar las veinticuatro horas del día juntos y echaría por tierra nuestra tregua. – Me susurra al oído con la voz ronca.

–  Deja de llamarme gatita. – Protesto molesta y aprovecho para separarme de John y poder pensar con claridad. – ¿Es que no te tomas la tregua en serio?

Inesperadamente, John me agarra de la cintura, me estrecha contra su cuerpo y me besa apasionadamente en los labios mientras yo me dejo arrastrar por ese beso que me hace perder la razón. Pero, apenas quince segundos después, oímos a alguien carraspear a nuestro lado y nos separamos bruscamente, notablemente excitados y avergonzados:

–  Ejem, ejem. – Finge toser Elliot. – Me envían a comprobar que no os estéis matando, ¿qué se supone que les debo decir para justificar vuestra demora? – Nos pregunta divirtiéndose a nuestra costa.

–  Diles que bajamos en un minuto y, por favor, sé discreto. – Le dice John a Elliot.

–  Por supuesto. – Responde Elliot con sorna. Se vuelve hacia a mí y añade: – Cat, me debes una cena.

–  No vuelvo a apostar contigo. – Le respondo malhumorada por perder la apuesta.

–  ¿Debo preguntar qué habéis apostado? – Nos pregunta John.

–  No quieres saberlo, créeme. – Le respondo mirándole con cara de no haber roto un plato en mi vida.

–  Elliot, déjanos a solas. – Le ordena John. – Cat y yo bajaremos en un minuto.

Elliot me guiña un ojo antes de marcharse sonriendo y John cierra la puerta y me mira furioso. Oh, oh. Al capitán Stuart no le ha gustado saber que apuesto.

–  Gatita, quiero saberlo. – Me susurra atrayéndome hacia a él. – ¿Qué apostaste?

–  Que lo que acaba de ver no pasaría. – Le respondo incómoda.

–  ¿Por eso huiste de mí? ¿Para que esto no pasara?

–  No lo sé, John. – Le respondo agotada. – No sé por qué hago lo que hago. Desde que te conozco mi vida es muy complicada y no sé si he perdido la razón y la verdad es que no me lo pones fácil.

–  Lo sé, gatita. Pero no puedo resistirlo. – Me dice John besándome de nuevo. – Cuando todo esto acabe, tú y yo tendremos una larga conversación. – Me besa en la frente, me sonríe y añade de buen humor: – Voy a darme una ducha de agua fría antes de bajar, ¿te importa adelantarte sin mí?

–  La ducha de agua fría es una solución temporal, pero para nada efectiva a largo plazo. – Le contesto sonriendo burlonamente.

–  Gatita, no me provoques que no respondo. – Me susurra dándome un pequeño azote en el trasero bromeando para después advertirme muy serio: – No te escapes o tendré que azotarte de verdad.

–  Puede que tenga que escaparme para poder recibir el castigo. – Le susurro con picardía antes de salir de la habitación.

John sale de la habitación detrás de mí y me alcanza para susurrarme al oído antes de desaparecer para entrar en su habitación:

–  Cuando regresemos a Sunset, te azotaré, gatita. – Me da una palmada en el trasero y añade: – Me muero de ganas por hacerlo.

Riendo como una loca, bajo las escaleras y entro en el salón, donde mis padres, los padres de Elliot, Elliot y Berta charlan alegremente y me uno a ellos.

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