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Autor: JoseC (ホセ) (página 1 de 3)

¿Que haces en este puerto?

30 de Julio de 2014

Ella era inglesa y venía viajando desde Nueva Zelanda. Qué la trajo hasta Valparaíso no estaba claro, lo cierto es que la puerta de la casa cervecera, enmarcada por un graffiti multicolor, llamó su atención.

Cruzó la puerta con un montón de interrogantes en su cabeza. No dominaba el idioma, sin embargo eso no la había detenido al momento de comprar un pasaje hacia el fin del mundo.

Era un día Sábado, cerca de las cuatro de la tarde, cuando avanzó insegura por un pasillo angosto entre la barra y las mesas.

Las murallas de ladrillo vivo le llamaban la atención, tal vez porque contrastaban con las tuberías brillantes de acero de los dispensadores de cerveza que se erguían sobre el mesón de la barra de madera oscura.

Se sentó en una mesa alta apoyando su espalda contra los ladrillos mientras observaba la gente a su alrededor y los empleados del local. Se podía observar que estaba acostumbrada a viajar y a descubrir nuevos horizontes. Tenía esa actitud de las almas aventureras.

Luego de recorrer la carta y darse a entender con el joven que la atendió, el cual no dominaba el inglés a la perfección, finalmente llegó a su mesa una chorrilana acompañada de una cerveza negra. Mientras disfrutaba de su comida, sacó su cámara de bolsillo y le pidió a una pareja que se sentaba en la mesa vecina que le tomará una foto para inmortalizar en su diario de viaje, el paso por ese rincón desconocido para ella y al cual había llegado después de recorrer literalmente medio mundo.

Cruzó algunas palabras con la pareja de la mesa vecina para luego retirarse y seguir su camino, seguramente a descubrir nuevos rincones de esta ciudad que depara una sorpresa a la vuelta de cada esquina.

Al pasar junto a mi cruzamos una mirada y una sonrisa. Mientras se alejaba no pude evitar preguntarle ¿Que haces en este Puerto?

ホセ

 

La chica de los globos

La chica de los globos

Era una noche como cualquiera, en realidad no tan cualquiera, pues su día había sido de esos para olvidar. Malas noticias en el trabajo, poco tiempo para almorzar y para rematar el día, un accidente de tránsito. De aquellos días para olvidar.

 

Ya se aprontaba a dormir, cuando sintió la imperiosa necesidad de acercarse a la ventana y mirar hacia la calle. Vivía en el tercer piso de un edificio del casco viejo de la ciudad. Era cerca de la medianoche, no muchos autos había a esa hora y solo algunos transeúntes aún recorrían el lugar.

 

La noche estaba tibia, cosa rara para aquel día de invierno, sin embargo abrió la ventana y permitió que la tibia y suave brisa acariciara su cara. Cerró los ojos y se dejó llevar por esa agradable sensación.

Un ruido le sacó de su trance. Miró hacia el interior de su habitación y vio una serie de luces de colores que invadían el espacio.  Colores alegres que no podía explicar de donde venían, ya jugaban sobre las murallas, las cortinas y los muebles de la habitación.

 

Con una mezcla entre curiosidad y temor, se paró en medio de la habitación para observar en detalle el espectáculo que se presentaba ante sus ojos. Se debatía entre disfrutar el momento y tratar de averiguar que estaba pasando.

 

Mientras miraba a su alrededor, se percató que una chica estaba sentada en el sillón de su habitación. ¿Como había entrado? No lo entendía, pues estaba consciente de haber cerrado con llave las puertas de su departamento.

No te asustes, le dijo la chica, no soy ladrona ni asesina. Mil ideas volaban por su mente en ese momento, desde quién era hasta cómo deshacerse de ella.

¿Que buscas aquí? le preguntó. Estoy aquí para regalarte algo, le contestó ella con una sonrisa.

Quedó confundido, no sabía que contestar ni que hacer. Relájate le dijo ella, quiero regalarte una sonrisa. Una sonrisa especial, que no olvidarás, que nunca te dejará. Una sonrisa que te hará ver las cosas de otro color y te permitirá ver aquello que los otros no ven. Úsala cuantas veces quieras, pues esta sonrisa no se gasta, simplemente se hace más potente cada vez que la usas.

 

Él seguía sin entender las palabras de esta joven desconocida. Ella le miraba con ternura y le sonreía, al tiempo que le decía, “la felicidad es como un manojo de globos, si se te escapan sentirás que has perdido algo, sin embargo el mundo esta lleno de globos, incluso en los rincones menos esperados”.



 

Se quedó pensando en aquella frase y le quiso preguntar que significaba, sin embargo, cuando buscó a su interlocutora, ésta había desaparecido junto con las luces que llenaban la habitación.

¿Había soñado? No estaba seguro, tal vez sí. 

Abrió la ventana para dejar entrar el aire frío de invierno a su habitación y sacudirse de aquel extraño sueño. Ya era tarde y debía dormir, pues un largo día de trabajo le esperaba.

 

Ya más repuesto y calmado, fue a cerrar la ventana. Mientras lo hacía, vio a una mujer joven que se alejaba con un manojo de globos de brillantes colores en su mano y los soltaba uno a uno. En ese momento y como por arte de magia, una sonrisa se dibujaba en sus labios.

 

ホセ

Escribiendo más cerca del cielo

Escribiendo más cerca del cielo

Septiembre 16 de 2015.

Hoy fue uno de esos días en que las cosas suceden a un paso inesperado, incontrolable pero por alguna razón que no me explico, siempre salen bien.

Luego de dos semanas trabajando a miles de kilometros de casa, hoy es mi regreso. El primer vuelo esta programado para despegar a las seis y treinta de la tarde para luego de casi tres horas combinar con el vuelo que definitivamente me lleva de vuelta a mi país. 

Hora de salida de USA: seis treinta y cinco de la tarde

Hora de llegada a Chile: nueve cuarenta de la mañana del dia siguiente.

Ruta: Fort Lauderdale – Dallas – Santiago de Chile.

Aun cuando estoy feliz y ansioso de regresar a casa, la combinación de vuelos y la expectativa de un tiempo de vuelo total de casi quince horas no es de lo más reconfortante. 



Como soy zanquilargo, la clase turista en que cada día los asientos están más cerca uno de otro no me ayuda a la hora de estirar las piernas, por lo tanto debo luchar por conseguir un asiento en el pasillo para estirar las piernas aun a riesgo de ser arrollado por el carrito de la comida y bebidas.

En fin, le miro el lado positivo por la acumulación de kilómetros y tramos recorridos en mi programa de viajero frecuente.

Programado para llegar al aeropuerto con la debida anticipación, hago mi maleta y ya tengo todo listo alrededor de las tres de la tarde. No me gusta andar corriendo cuando viajo, por lo que tomo todas las precauciones de tiempo posibles.

Me dispongo a cerrar y guardar mi computador cuando por el rabillo del ojo miro mi teléfono y veo entrar un correo electrónico de la aerolínea indicando que el primer tramo de mi viaje se ha retrasado en veinte y cinco minutos. 


Malas noticias…

Este retraso implica que pierdo mi combinación en Dallas y me quedo un día completo varado en Texas esperando el siguiente vuelo veinticuatro horas después. 

Llamo a la aerolínea explicándoles mi situación y reiterándoles la necesidad de viajar hoy. El agente que me atiende se da cuenta que voy a perder mi combinación por lo que me ofrece la siguiente opción:

Hora de salida de USA: nueve cuarenta y cinco de la noche

Hora de llegada a Chile: siete quince de la mañana del dia siguiente.

Ruta: Miami – Santiago de Chile.

Aun cuando tengo que desplazarme desde Fort Lauderdale a Miami, este itinerario reduce considerablemente mi tiempo arriba del avión y además me hace llegar más temprano a casa.

Además en mi último viaje, ya alcancé la categoria de viajero frecuente que permite a un mortal como yo acceder al proceso de embarque a través de la fila de clase ejecutiva. Al menos el tiempo de hacer fila en el aeropuerto se ve reducido y finalmente obtengo un asiento de pasillo, el 13H.

Mientras me dirijo a la zona de embarque, reviso mi teléfono móvil y veo mucha actividad en el grupo de Whatsapp de mis ex compañeros de colegio. Al empezar a leer, me entero que ha habido un terremoto en Chile hace diez o quince minutos… 


Como siempre no todo podía ser perfecto.

Me comunico con mi familia y me entero que además del susto, no ha pasado nada y no han habido destrozos. Mis compañeros tambien me dicen que están asustados, pero que nadie ha sufrido desgracias personales.

Ya más tranquilo me dispongo a comer algo en el aeropuerto antes de embarcarme, pues nunca me ha gustado la comida del avión. 

La comida en los aeropuertos merece un capitulo aparte, pues es solo combustible de mala calidad. Sin embargo el aeropuerto de Miami conserva, como una joya escondida, el restaurante cubano La Carreta donde se puede comer un plato de comida cocinado con dedicación y me atrevería a decir que hasta con cariño por el comensal. Un tesoro escondido entre la comida chatarra que abunda en el lugar.

Luego de comer, me dirijo a la puerta de embarque a esperar la salida de mi vuelo. Me instalo con la intención de cargar mi telefono que ya se ha descargado por el ajetreo de saber como esta mi familia con el terremoto. Ya sentado, instalado, cargando el teléfono y con la intención de no moverme hasta que sea hora de embarcar. 

En ese momento en que me dispongo a cerrar los ojos y descansar un rato, escucho por los alto parlantes “Sr. José C, acérquese al mostrador de la aerolínea”…

¿Otro cambio? 


Esa llamada me intranquiliza un poco, por lo que rápidamente guardo mis cosas y me acerco al mostrador identificándome y preguntando que pasa. La asistente del mesón me indica que dado que el avión esta completo porque han derivado pasajeros de otra aerolínea, me deben cambiar de asiento.

Ahí se va mi asiento de pasillo pensé yo, mientras miro a la empleada que rompe mi pase de abordar sin misericordia y me entrega un nuevo documento con una sonrisa en su cara y un “que tenga un muy buen viaje“.

Miro el nuevo pase de abordar rápidamente para darme cuenta que es un asiento A, lo que significa ventana. Al seguir leyendo veo que el cambio es desde 13H a 7A. 

Miro el documento nuevamente para asegurarme que no estoy soñando y finalmente me convenzo al ver la palabra “BUSINESS” marcada en letras destacadas en el medio del documento.

Una serie de cambios inesperados pero favorables me llevan a reclinar mi asiento y escribir otro de mis apuntes de viaje, esta vez, más cerca del cielo.

ホセ

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