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Aterrizando sobre la lectura

Se esconde entre las letras de sus intentos de verso, tan fuera de rima, tan libres como quisiera que fuera su propia alma. Sin embargo divagando entre las comas y los puntos suspensivos, se encuentra como en casa, y quiero decir igual de incómoda.

El viejo sofá apenas puede ya con el peso de sus crecidas posaderas. Unas muñecas pequeñas y débiles apenas son capaces de sujetar el libro que procura leer sin éxito, cada día. Inmensamente punible su falta de constancia, que le lleva a leer tres líneas, mientras vuela con el pensamiento páginas y páginas. Cuando atascada en la composición vuelve a aterrizar de bruces en la lectura, parece que hubieran pasado mil años y debe, entonces, retomar metódicamente desde al menos una página anterior, de nuevo la lectura para volver a recordar la trama… Y vuelta a empezar y así infinitamente.

Ya no sabe porqué cada vez que lee, le apetece escribir, y sin embargo, cuando toma el teclado de su portátil vuelve a apetecerle con urgencia la lectura. Ésta incoherencia sin embargo a ella, y por supuesto no al lector, le resulta de lo más práctica para comprobar que su locura sigue dando frutos. Aunque sean efímeros frutos de un día, frutos de blog, sencillos y sin demasiado esfuerzo sobre los que descargar la amargura que se instala en su interior y que no encuentra otra salida a no ser somatizando y anulando poco a poco esa maltrecha salud que cualquier día menos pensado dará un disgusto a los pocos que la quieren, poquísimos dicho sea de paso. Ganado esto último bien a pulso, no creáis que es fortuito.

Desde los confines de sus escritos ha ido alejando cada vez más a los pocos que ha querido, apartándoles de su vida, para egoístamente ser más ella misma en soledad. Pensaba, ingenuamente, que la soledad algún día le salvaría, cuando menos, de las locuras ajenas, aunque imperceptiblemente se fue instalando en la propia y construyendo sus almenas cada vez más altas, apuntando al cielo, con el orgullo de sus agujas y pendones al viento. Todo para que la locura no escapara y se quedara con ella, intramuros, manteniendo ese intercambio entre realidad e historias inventadas, hasta tal punto que incluso ella misma se había creído el papel que sobre ella habían inventado, siendo durante años lo que los demás han querido decir de ella, silenciosamente impasible a las habladurías.

Para qué defenderse cuando ya la habían juzgado, para qué hablar de lo que ya habían dado por hecho, y así se vio obligada a no hablar, no responder, no informar, no traslucir, no ser, no oír, no vivir…

Tampoco nadie intentó acercarse. Quizás alguien sí lo intentó pero tan difícil se lo puso que le fue imposible atravesar ese puente levadizo para encontrarse cara a cara con eso único que les interesaba, o sea a la que se esconde detrás de las palabras.

Al menos ahora tiene tierra, castillo, y almenas. Al menos ahora desde aquí, divisa el panorama desde lejos. Al menos desde aquí nada penetra en su armadura. No hay heridas porque no hay piel descubierta. El aire es puro, trae aromas del pasado que inspiran sus poemas, las gamas de colores de los árboles en cada estación del año. El trino de los pájaros que en ellos anidan, en sus diferentes épocas de celo. El sonido del silencio desnudo de palabras, incluso el ritmo de su propio mecanismo interno, que no se pudo nunca llamar corazón.

Sus libros libraron la peor de las batallas hasta hoy en día, intentar avanzar en ellos es su única lanza erguida. Procurar no perderse definitivamente en el bosque de los recuerdos ateniéndose literalmente a sus párrafos, agarrándome a sus letras. Mantiene o al menos lo intenta en ellos fija su mirada, interesada su cabeza, ocupado su tiempo, alejada cualquier realidad que no sea la que le cuentan aquellas galeradas.

Tan sólo, muy de vez en cuando nota una pequeña sensación, algo que le rueda mejilla abajo muy despacio, yendo a parar a la comisura de sus labios, sensación fría y levemente salada que recibe con enorme alegría, por cierto, a pesar de lo que encierra.

Entonces, y sólo entonces, está totalmente convencida.

Aun es humana, no se ha convertido del todo en una inerte piedra. Reivindica íntimamente su batalla ganada, no, y ensarta su pica en una de las almenas. No es una estatua más de ese castillo, aún…

Y continúa luchando con su mente para mantener la vista en la página que está leyendo, mejor dicho, procurando leer… ¡Ya ha vuelto a perderse!

Todo en su vida lo había hecho desde detrás de la barrera, todo con la seguridad de que nada podría turbar la paz que se había dibujado a su medida, pero las cosas en la vida, hay que vivirlas con pasión se dijo, una sola vez al menos, quemando el último cartucho, a corazón abierto, a lo que disponga el destino, a tumba abierta. Al menos una vez ella lo hizo. Valiente y con todo por perder, sin miedos por una sola vez.

 

 @carlaestasola

Madrid a 8 de Diciembre de 2016 a las 18:30

2 Comentarios

  1. atardecerensantboidellobregat

    8 diciembre, 2016 at 22:18

    Carla es un escrito a alma descubierta. Nos queremos poner a salvo del dolor y levantamos murallas y nos hacemos de corazas, pero lo que somos, lo que sentimos siempre aflora porque nuestra humanidad no desaparece. Un gran abrazo amiga. Es un escrito espléndido.

    • Ante todo gracias por dedicar ese tiempo tuyo a leerme, algo que aprecio mucho. Siempre finalmente destilamos parte de lo que somos, aunque no queramos en los escritos. A veces desnudos integrales, otros parciales, por eso dejarse ir con letras es todo un acto de valentía aun viniendo de una cobarde. Un abrazo.

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