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Como aquel gatito negro

Me siento como si fuera un gato negro. Uno de esos pobres animalitos que la gente rehúye porque piensan que les va a dar mala suerte. ¡Pobrecitos! Si supieran lo cariñoso que puede llegar a ser un gatito negro…

Así, veo cómo cada vez que intento acercarme a ti, tú te alejas, como si fuese ese pequeño gatito negro al que nadie quiere. Y por más esfuerzos que realice, tú te vas alejando más, y más, y más…

¿Recuerdas el tiempo en que éramos felices? Hubo una vez, hace tanto tiempo… Pero para mí parece que fue ayer. Tengo recuerdos pasados que se entremezclan con mis ilusiones presentes, dando como resultado un horizonte espacio-temporal difuso en mi mente. ¿Fue ayer o ha sido hoy cuando rodeabas mi cintura con tus brazos al caminar? Fue ayer, fue un día, fue hace muchos años. Sin duda, hoy te imagino rodeando mi cintura al caminar. Incluso te imagino paseando conmigo por las calles de Madrid, como antaño. Porque hoy ya no paseas conmigo y mucho menos me abrazas al caminar.  Pobre gatito negro, ¿por qué tienes miedo de él?

Y sí, siento envidia de mi yo pasado, aquel que te hacía reír, que te hacía vibrar, que te hacía enojar y que te hacía feliz. Siento envidia y añoranza. Una mezcolanza de sentimientos que me ahogan, me oprimen, me asfixian, como un collar al cuello de un lindo gatito negro.

Añoro los versos que me escribías, mi joven poeta. Aquellos que nunca fui capaz de devolverte, pues yo nunca fui poetisa. Extraño la forma en que me mirabas, en que describías mis ojos. El sabor de tus besos, los encuentros furtivos, las llamadas interminables. Echo de menos las risas compartidas, las cervezas que nos bebimos, las que nos dejamos de beber. Hoy solo puedo sentirme como ese gato negro apartado en un balcón.

Ahora te siento a mi lado, pero no conmigo. Y me duermo arrullada cada noche por ese calor frío de tu presencia. Y me despierto cada mañana arropada por ese frío tibio de nuestra cama vacía. He tenido que saber acostumbrarme a sentirme querida por un único beso en los labios cada día, por un te quiero escrito en una pantalla de teléfono. Ya no hay buenos días para mí, ni un “te quiero” sentido, ni abrazos interminables. Y mucho menos pasión, ni fuego, ni calor. Solo veo un pequeño gato negro muerto de frío, lamiéndose sus heridas en soledad.

Y lo peor de todo es que a día de hoy no sé en qué momento cambió todo. Qué hice o dejé de hacer para que te alejases. Qué puedo hacer para recuperarnos. No sé nada. No sé vivir. No quiero vivir. Yo solo estaba mirando mi absurdo ombligo, mientras lidiaba sola una batalla ansiolítica contra la soledad. Como aquel gato negro que vimos juntos un día.

Ahora que me siento en verdad sola, ¿qué puedo hacer? Quizás adopte un lindo gatito negro que me haga compañía.

About Ana Centellas

Soy Ana profesional de los números,apasionada del mundo de la letras,iniciando mi aventura literaria, aprendiendo un poquito más cada día y compartiendo mi sueño con una familia genial.

18 Comentarios

  1. Es impresionante Ana. Un beso.

  2. Marina Collado

    12 Enero, 2017 at 19:35

    Soledad estando en compañía. Es triste ver cómo las relaciones en la pareja se van distanciando y apagando poco a poco. ¿Cuál es la causa…? Muchos factores intervienen. Un gran relato Ana. Beos y abrazos amiga.

  3. Precioso, melancólico, tierno, cariñoso, sensual y triste, todo un poema y nunca mejor usada esta palabra. Besos 🐆 negra. 🙂

  4. Me pongo de pie, salgo a caminar, tomo aire para respirar profundamente y no llorar. 👏👏👏👏👏👏

  5. SIEMPRE HAN DICHO QUE UN GATO NEGRO ES MALO, QUE DA GAFE, QUE EQUIBOCADOS ESTAMOS TODOS.

  6. Es realmente estremecedora tu historia, a veces las parejas se van alejando y sin darse cuenta de pronto apenas queda nada. Un beso primor.

  7. Estupenda entrada Ana me suena el sentimiento me recuerda a mi entrada de Sola, besazos enormes !!! muashhh.

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