soy

Arroja enero sus carámbanos

y el animal de mi tarde se mece suavemente

en los tenues hilos de las arañas ciegas.

 Incansables,

los cielos cuelgan pendones negros

cuando el día se arroja desde los barandales

y  te desnudas para sumergirte

en la helada laguna. 

Tu piel se teñirá de azul

y por la noche, convertida en   aterido espectro,

ocuparás mi cama.

Me pedirás masajes en tus plantas,

mientras los ojos de mi tarde

cuelgan de algún rincón del cuarto. 

El animal se acercará a tu cuerpo

que duerme sobre el jergón,

y entrará por los dedos de tus pies.

Así, en tu despertar,

galoparás el horizonte

procurando alcanzar el pasado remoto

donde dejaste una vida y una muerte

pendiendo de las ramas como ropas húmedas.

No te muevas.

Deja que la cuarta estrella

busque tu ombligo y tu almacén de tardes.

 

 Ahora 

móntate a horcajadas en mi espalda

para cruzar los sargazos de la luna

y todo el tiempo. 

GOCHO VERSOLARI