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“…a inaugurar cordones umbilicales” o “Todos somos Poetas”

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Tanto para el lector desprevenido, como para quienes siguen estos artículos semanales, la constante referencia a la poesía, puede hacer pensar que el contenido de las notas está referida sólo a los vates, entendiendo por tales a quienes, con una frecuencia regular, garabateamos carillas con nuestros versos.

Esta es una de las numerosas variantes a las que aplicamos el término poesía. Digamos que es la primera, la más inmediata:  el quehacer literario referido a la lírica; los versos en contra de la prosa. Sin embargo, esta  no es una interpretación exclusiva y excluyente. El propio Aristóteles, cuando escribió su Arte Poética, englobaba en el término la tragedia, la epopeya, la comedia y la poesía yámblica. En la antigüedad la palabra poesía se refería a un arte que comprendía varios géneros, los que por supuesto estaban escritos en verso, modalidad que llega a Shakespeare.

El comentario de un lector indaga acerca de si quienes se dedican a componer cuentos entran en el ámbito de la poesía al que nos estamos refiriendo. La respuesta es sí: cuentos, novelas, dramas… todo género literario está comprendido en la omniabarcante poesía. El vate, cuando compone versos, lo que hace es descubrir un río torrentoso, sumergirse en sus aguas y permitir que lo lleve la corriente. Del mismo modo, quienes ejercen otros géneros literarios y otras formas del arte, también encuentran el mismo caudal. De allí que la poesía puede encontrarse en un cuadro, un bordado o una película. Al respecto anticipamos un tema al que abordaremos en futuras entregas: la polémica  entre Pier Paolo Pasolini y Eric Rohmer, dos geniales directores de los sesenta, acerca del “Cine de Prosa” y el “Cine de Poesía”.

El quehacer poético puede encontrarse también fuera del ámbito artístico. Nuestra propia vida puede estar llena de poesía o carente de ella. De este modo, lo que fuera originariamente el arte del vate, pasa a convertirse en una cosmovisión operante, una forma de entender el universo a través de la belleza y con la que encaramos nuestras actividades, sean cuales fueren.

Tal como dijéramos en nuestro artículo “El enigma del palo borracho”, esta actitud ante el universo es el punto de entrada de la mítica: el cosmos puede ser un organismo viviente, una fuente permanente de vida, o un vacío al que hay que llenar; el que Hartmann llamara “El Patio de los Objetos”. Cuando aplicamos esta concepción a la realidad, ocurre lo que afirmara Rodolfo Kusch: “el hombre pierde la relación umbilical con la piedra y el árbol”.

El quehacer poético en el sentido amplio que acabamos de describir, es el encargado de restablecer esta unión; de inaugurar nuevos y sorprendentes cordones umbilicales para unirnos con todos los seres que nos rodean.   

 

GOCHO VERSOLARI: Poeta argentino residente en Estados Unidos.

4 Comentarios

  1. interesante articulo que te lleva a analizar estos temas gracias por compartirlo

  2. escribir es inspirador

  3. atardecerensantboidellobregat

    11 Enero, 2017 at 22:38

    Espléndidas siempre tus reflexiones Gocho. Gran abrazo amigo.

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