La Sensibilidad Química Múltiple (SQM) es un síndrome que se engloba dentro de las llamadas enfermedades raras. Está provocado por una intolerancia ambiental  de etiología y patología desconocidas debido a agentes químicos ambientales y cotidianos que podemos encontrar en nuestro día a día en la mayoría de productos de limpieza doméstica, en productos de higiene personal, perfumes o medicamentos entre otros y en la atmósfera debido a los contaminantes que en ella se depositan debido a la actividad industrial, al tráfico aéreo o vial y el que se genera de la actividad diaria en las grandes urbes.

Las personas afectadas por este síndrome son altamente sensibles a cualquiera de dichos productos y muestran una gran variedad de síntomas, como asma, problemas digestivos, irritación cutánea, insomnio y un largo etc., afectando sobre todo al sistema nervioso central. Esta sintomatología puede llegar a confundirse con otras enfermedades o molestias por lo que el proceso hasta llegar a un diagnóstico es largo, supone mucho tiempo y pasar por innumerables pruebas.

En los casos más graves, las personas afectadas viven un auténtico infierno porque se encuentran con una enfermedad que cuesta mucho de entender a nivel familiar o social ya que no hay signos físicos visibles que delaten su presencia. Su olfato está altamente agudizado, pueden percibir cualquier olor que a otra persona le es ajeno y que para ellas es nocivo, como puede ser el olor de un simple perfume, un esmalte de uñas o el olor de un suavizante para la lavadora. Esto hace que deban alejarse, en la mayoría de los casos de amistades, familia, etc. Poco a poco esta situación va degenerando en un aislamiento social. En casos extremos deben protegerse con mascarillas tanto al salir de casa como dentro de ella. El problema se agudiza de tal modo que deben vivir en auténtica reclusión. A día de hoy aún se desconocen las verdaderas causas que la provocan, al parecer no interviene un factor genético ni psicológico como en un principio se pensaba.

Esto sólo es una pequeña muestra del sufrimiento oculto que hay detrás del síndrome de Sensibilidad química Múltiple. Los trastornos físicos y orgánicos son muchos y en muchos casos se dan todos a la vez. Hay que tener en cuenta también los problemas a nivel psicológico que esta situación crea, así que las crisis de ansiedad o depresión son frecuentes. No hay un tratamiento para esta enfermedad, el único posible es evitar el contacto con los agentes que lo producen cuando llegan a conocerse o ser tratadas con mucha moderación con productos naturales para los síntomas externos. Poder llegar a saber cuál es el producto causante a veces supone poner la vida en auténtico peligro ya que al ser partículas que se hallan en el ambiente y están contenidos en la mayoría  de productos que se se suelen utilizar de forma habitual no resulta en un principio fácil detectar cuál es el producto en cuestión ni relacionar que éste sea el causante del cuadro sintomático que se padece y ni qué decir tiene de los que se encuentran en la atmósfera.

Hace más de veinte años contraje una enfermedad laboral a causa de una “sensibilización por vapores de isocianatos” (tiene que ver con poliuretano y todos sus derivados que son muchos)  A título informativo es el mismo producto que en 1984 en Bhopal ( India) llevó a la muerte a miles de personas debido a una fuga de gas que hubo de este componente  en una empresa de pesticidas de aquella zona…hoy todavía hay personas que padecen las secuelas de aquel desastre químico.

Mi caso sin ser tan extremo como el de los afectados por el síndrome químico, es lo más parecido a ellos. Después de pasar por muchas pruebas y hacer de cobaya con el fin de investigar sobre mi enfermedad, los especialistas de la mutua me derivaron al tribunal de evaluación de la SS y pasé a formar parte del paquete de pensionistas a una edad muy joven. Los médicos se desentendieron de mí, aquello no tenía nombre  conocido, era una enfermedad laboral sobre la que poco o nada  se sabía. Una vez fuera del ambiente laboral empezó para mí la otra gran pesadilla porque aquel producto y su amplia gama de derivados ya se habían apoderado de mi organismo y empezó la fase de episodios de crisis de asfixia, mareos, dolores de cabeza, etc., sin poder encontrar una causa razonable hasta que empecé a darme cuenta de qué producto estaba utilizando o qué estaba haciendo cuándo entraba en crisis. Fui descubriendo a base de muy malas experiencias los productos que me afectaban como por ejemplo lejía, detergente, perfumes, colonias, pinturas, medicamentos, lacas, aerosoles y un largo etc.  Los productos habituales pasaron a convertirse en enemigos nocivos para mí y fueron descartados de mi lista de la compra. Con las personas de más confianza les pido siempre que eviten perfumes u otros productos que puedan perjudicarme cuando nos vemos…

No fue fácil adaptarme a la nueva situación,  mi vida cambió en todos los sentidos, cuando mi pareja traía la ropa sucia de trabajo, incluso después de haberla lavado quedaba aquel olor imperceptible para los demás en la ropa,  hasta en su cuerpo traía impreso aquel  olor lo que me obligaba a tener que pedirle que se duchara una y otra vez. La suerte que tuve con él es que entendía perfectamente mi situación y jamás tuvimos problemas por eso.  La cuestión es que tuve que aprender a conocer todo lo posible sobre este producto en concreto y a convivir con la enfermedad. 

He aprendido a salir corriendo cuando detecto un olor nocivo  y que no controlo porque puede venir de fuera, del piso de al lado, por ejemplo cuando deciden pintar las viviendas o cuando viene de la calle. Tengo por aliado mi gran olfato y éste me permite  mantenerme alerta y poder llevar una vida, dentro de todo este problema más o menos normal. Siempre que veo algún reportaje que habla del síndrome de Sensibilidad Química Múltiple me siento identificada con las personas afectadas y pienso en la suerte que tengo de no ser un caso extremo. 

Vivimos en un mundo en el que la industria y la nueva tecnología está creando estragos en el planeta y por ende en la salud de sus habitantes, las enfermedades raras crecen día a día y esa es una muy grave consecuencia y un precio muy alto que pagamos por las comodidades y necesidades que nos han creado. Cada vez se habla más de cómo los agentes químicos ambientales o las radiaciones de las telefonías, por ejemplo, afectan e intervienen en la modificación del ADN de las personas:  disruptores endocrinos les llaman.

About Marina Collado

Me gusta todo lo relacionado con el arte, la cultura, literatura sin ser experta . Me encanta leer y escribir y estoy en este mundo de las letras de forma accidental.