Relatos,poesías,poemas y literatura

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Hipnóticas

como el fuego de una hoguera.

Sus cortinas se pliegan

dejando al descubierto

las cristalinas ventanas.

Al brillo de la oscuridad abisal

de su negra mirada

donde me reflejo

desnuda de artificio

humedecida por las lágrimas

de sal de un planeado adiós

 

Nada es igual

el silencio la mata

se queda a oscuras

rodeada de montañas,

alineando letras

desordenada como una sala de juegos

todos fuera del cajón

como sus sueños

desgastados y sin pilas

desparramados por el suelo

listos para ser vendidos

 

¿Quién me compra unos sueños rotos de segunda mano?

Los vendo baratos

alguien los pisó,

y no fue accidentalmente

fue premeditado.

 

Como elefante entrando en una cacharrería

pateando sin rumbo,

salieron disparados.

 

No es la pared quien los golpeó

ni la fragilidad de sus piezas de chino todo a cien,

fue su pié

los dos

remató cual Mesi

para hacer daño.

 

Siendo juguete

¿Sabes que hiere más que un zapato?

haberlo desmontado antes

para saber exactamente dónde hacer daño.

 

Sentirse nada,

piezas de un puzle incompleto

inacabado,

incapaz de poder ser montado

no por la falta de alguna pieza vital,

por no llamar la atención

por ser feo

 

Si ingrato es ser juguete roto,

más ingrato aún es

serlo roto y feo.

 

Será por eso quizás

que en mi profesión elegida, honorífica, frustrada,

me hice abogado

de juguetes rotos  y feos,

feos y rotos.

 

@carlaestasola

 

Cualquier lugar o fecha serviría porque siempre hay y habrá juguetes rotos

Brindis por los que valoramos a los que padecen lo que nosotros padecimos, e intentamos cambiar el futuro, al menos el próximo.

 

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Mi Angelus

Sonríe! a la vida

 

La muerte de la madre de Sofía, había caído como un jarro de agua fría, Sofía estaba desolada y triste pero a sus 18 años tuvo que sacar fuerzas y reponerse enseguida porque tenía que cuidar de su hermanita Marta, de tan solo 6 años del segundo matrimonio de su madre. Su padre la abandonó cuando todavía era un bebe, así que creció solo con la figura materna. Solas sin nadie, sin recursos económicos, podían vivir de lo que los vecinos les daban, Sofía encontró un trabajo precario pero le permitía quedarse con su hermana porque de lo contrario, los servicios sociales se la quitaban.
Se acercaba el cumpleaños de Sofía, y su hermana Marta decidió hacerle un precioso regalo por lo bien que la cuidaba, y le daba todo su cariño. Un día paseando por la gran avenida donde estaban todas las tiendas de lujo, se paró delante de una joyería donde había un precioso collar con turquesas, Marta se quedó paralizada por tanta belleza y pensó que ese regalo sería para su hermana mayor.

Sin pensarlo entró en la tienda, había un señor detrás del mostrador, con gafas, poco pelo y cara de pocos amigos.
-Hola buenas tardes, me llamo Marta y quería ese collar de color azul turquesa.
-Hola Marta, yo me llamo angelus, y dime preciosa, tienes dinero para pagar ?
-Si señor, tengo dinero mientras se metía la mano en el bolsillo del pantalón, sacó unas monedas que su hermana le había dado para que las guardara.
-El señor miró las monedas, miró a la pequeña y carcajeó fuerte, y cada vez más fuerte, hasta parar en seco.
-Dime Marta, y para que quiere una niña un collar tan bonito? – preguntó Angelus
-Pues mire, señor lo quiero para regalárselo a mi hermana mayor, que desde la muerte de mi mama no ha parado de darme su amor, cuidarme y sacrificar su juventud para que no me lleven los servicios sociales, y principalmente sabe qué? porque casi nunca sonríe y quiero que lo haga.
-Mira Marta ese collar vale mucho dinero sabes?,  pero dime lo quieres para regalo?
-Si claro, señor.
-Toma Marta, ahora ten cuidado y no lo pierdas, dijo Angelus.

A los pocos días, entró a la tienda una joven preciosa de ojos azules, cabello rubio y un rostro angelical, se dirigió al mostrador y dijo :

-Perdone señor me llamo Sofía, y este collar es de su tienda?
-Si es de aquí, -contestó
-Cuanto cuesta este collar?- le preguntó Sofía
-Mire señorita esa información es entre mi cliente y yo.
-Pues mire señor se lo devuelvo porque mi hermana solo tenía unas monedas, que yo le dí y no podemos pagarlo.
-Sofía, sabes una cosa, ese collar ya está pagado y sabes como, me lo pago tu hermana con la bondad, la sinceridad y una sonrisa preciosa, y es más te lo quería regalar porque desde la muerte de vuestra madre no has vuelto a sonreír, así que ese collar es suyo señorita.
– Y te diré otra cosa mañana quiero que empieces a trabajar aquí que yo ya soy muy mayor y quiero vivir lo que me quede de vida sonriendo como me enseño la pequeña Marta….

Por fin Angelus sonríe.

 

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La vieja gloria

 

LA VIEJA GLORIA

Silencio… Solo se escucha el silencio. Silencio y un ligero gorgoteo en mis oídos. Mi cuerpo laxo, viviendo una tranquilidad total. No quiero salir de este estado jamás. Vuelvo a escuchar con atención, silencio.

Creo que hacía tanto tiempo que no sentía tal relax. La verdad es que no sé por qué no lo hago más a menudo. La lesión de la rodilla, quizá, sea influyente. Pero esta paz… Lo que daría por mantener esta paz… Me encontraba literalmente en la gloria.

El esfuerzo que había realizado había sido excesivo, lo sabía. Había aguantado demasiado tiempo y ahora pagaba las consecuencias. Me dolían los brazos y la rodilla derecha. Bueno, lo de la rodilla derecha no era dolor, eran auténticos calambres que se deslizaban pierna abajo, recordándome que ya no tenía ni la edad ni la forma física de los buenos tiempos. Pero algo en mi interior quería continuar resistiéndose al cambio. Maldita mente, qué poderosa podía ser a veces.

Sin embargo, no cambiaba para nada todos los dolores que estaba sintiendo por aquella sensación de relax y paz que sentía en aquellos momentos. Si por mí fuese, permanecería en este estado para siempre. No es que quiera olvidarme de todo, pero… es que es tan agradable. Ya no lo recordaba. Hacia tanto tiempo que no lo hacía…

Los médicos me habían aconsejado que me retirase y llevaba como unos dos años sin hacerlo. Pero hoy no había podido más. La necesidad me obligó a hacerlo y la verdad es que estaba bastante contento. ¿Que había sufrido? ¡Claro! Pero, ¿y lo bien que me sentía en aquellos momentos?

De pronto, la paz y la tranquilidad fueron rotas de golpe. Una especie de maremoto me cubrió por entero, el silencio se rompió de súbito. Adiós al estado de calma que tanto estaba disfrutando.  Miré a mi alrededor en cuanto pude, limpiándome con las manos las gotas de agua que me estaban nublando la visión.

Allí estaba él. Viejo compañero de fatigas, de glorias y decepciones, de triunfos y pesares. Sin pronunciar palabra, me guiñó un ojo e hizo un movimiento con la cabeza que yo supe interpretar a la perfección.

Agarrados los dos en el borde de la piscina, comenzamos a realizar el largo con furia, estilo mariposa, nuestro preferido por ser el más costoso. Me costaría agujetas durante toda la semana, pero nada pagaba la cara de satisfacción que se me quedó cuando llegué antes que él.

—¿Qué pasa? ¿Que no eres capaz de ganar a un viejo de setenta años lesionado? Desde luego…

Una sonrisa pícara apareció en su rostro, y mi viejo amigo, que había seguido un riguroso entrenamiento día tras día desde que dejamos la competición, vino hacia mí a darme un abrazo como los que nos dábamos cuando los triunfos eran compartidos.

Aquí, entre nosotros, creo que me dejó ganar. Pero no se lo digáis a nadie. Permitidme disfrutar de mi ratito de gloria.

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