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A la deriva

 

A LA DERIVA

 

Navegando  a la deriva, dejé mis sueños marchar, mis sueños de mil colores junto con mis esperanzas van. No he sabido manejarlos así que los dejo volar, para que encuentren su rumbo sin mi ayuda, ¿qué más da?

Si hasta el día de la fecha he demostrado con creces, que no he sabido ni un segundo manejar mis ilusiones. Me siento Caperucita, que se ha perdido en el bosque, temiendo que llegue el lobo y le quite sus ambiciones. Porque equivoqué el camino y nunca he sabido verlo, y ahora que me he dado cuenta, llego tarde, llegué lejos. A desandar el camino no me enseñaron, lo siento, ahora que llego al final, hay un muro de desprecios.

Recuerdo aún aquel día, cuando tomé aquel sendero. ¡Qué contenta me sentía, pensando llegar muy lejos! Y lejos llegó, eso es cierto, pero a un destino de encierro, de aciagos días de lucha, de tormentas y lamentos. ¿Cuántas lágrimas perdidas por el camino he dejado? Las mismas que sinsabores con los que iba tropezando.

Aquel sendero era angosto, empinado y recubierto por miles de zarzas sombrías que al recorrerlo me hirieron. Herida y muy dolorida llegué hasta el muro espinoso, recorriendo el camino sola para que no se hirieran otros. ¡Qué equivocada estaba cuando tomé aquel camino! Ciega, como la gallinita, que no veía su destino. Porque de haberlo sabido habría elegido otro, pero la cosa está hecha, de salir no encuentro el modo.

Por eso me he entretenido construyendo con mis sueños cien mil barcos de colores, que a la deriva partieron. Se llevan mis esperanzas, mis anhelos, mis deseos, siguiendo el río de la vida, hasta llegar a otro puerto. Y al llegar a su destino, al bueno, al que ellos quisieron, no les dejaré solitos, pondré todo mi empeño en ellos. Mis sueños, mis ilusiones, un día veré cumplidas, pues son ellos los que mandan, son de  los que no naufragan. El náufrago aquí soy yo, pero solo de momento, en el más grade de ellos volveré a ser descubierto.

Me he sentado aquí esperarles, en mi prisión solitaria, hasta que me hagan la seña, la nuestra, la necesaria. Confianza he puesto en ellos, no se han ido de vacío, mil barquitos de colores, a la deriva en el río.

De vuelta a casa

De vuelta a casa luz naranja

y cinco sombras estiradas.

Atrás un campo de fútbol

de cuatro piedras en la plaza.

Ahí van los niños de la calle,

sucios, polvorientos, magullados.

Hablan de todo lo que han hecho

flotando en alegres carcajada,

diversión acumulada hasta

el siguiente día en las miradas.

El mañana aún no tiene importancia.

La calle era el destino

en las largas y lejanas tardes

de aquellos veranos

en que incluso la vuelta a casa,

podía ser una aventura

que recordar durante toda la vida.

Nostalgia de ti

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Cuánta nostalgia embarga
los resuellos de ausencia,
extrañar tanto y de repente
todo se detiene…
En la penumbra me abrazó
la niebla de tu ira,
me perdí entre brumas
y rocíos fríos,
abatida y sin el más mínimo
resplandor de tus ojos,
ésos que se apagaron
con tu indiferencia,
se ocultaron en la sombra
que ausculta tus latidos,
los que en su tic tac
decían mi nombre
y hoy, sólo queda el eco
de nuestras tormentas…
Desprovista de tu sonrisa,
sólo me queda esquivar
el rigor de este invierno
con mi manto de tristeza
y beber el café amargo
de la soledad.

Viviana Lizana Urbina

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