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La Bestia Rubia

 

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Te marchas azul, descalza; tus talones

se pierden en la ochava y renuncian

al pan caliente y al purè de ocumo

que te sirvo en las mañanas.


Este amanecer dorado que te ve partir

es la bestia rubia de la que hablaba Nietzche

o la bestia sin nombre que evocara  Blake


Desde las canteras de la noche

 emiten sus gruñidos,

 sus panes silentes,

sus brillos;

los morados cilicios con los que golpearè mi cuello,

mi espalda que alguna vez fue tierna;

que ahora

es áspera como tu partida y lo será

en el primer milenio

de la era que se inicia con tu ausencia


Leo las cartas cuando la mañana

me arroja  pàjaros al rostro. Leo las cartas

Dicen que volverás. 

Serás la última bestia,

desnuda y bella como el cielo,

cuando las eras se apaguen y destilen

las gotas postreras

de esta còsmica melancolìa


Regresarás descalza. Tus pies

habrán recogido ojos, 

artefactos,

silencios

de los cósmicos océanos,

de las estrellas que destiñen

cuando dejan de brillar por un momento


Tus plantas

se prenderán de las ùltinas gotas del espacio

y beberás con cada uno de los dedos

los recodos de las horas,

los gruesos gusanos de los días


Deja que cuelgue de la luna; mis caderas

se moverán en péndulo

hacia la tenue neblina de las cuatro.


GOCHO VERSOLARI

 

 

Amores dormidos

Desde lejos nos detendremos.

Nos tendremos.

Nos miraremos.

Para después darnos la vuelta y contenernos.

Aun sabiéndonos absorvidos.

Siempre, siempre por los malditos malentendidos.

Sonreiremos para adentro.

Y todo esto no habrá tenido sentido.

O habrá tenido todo el sentido de mundo.

Porque nunca forzamos un cariño.

Negándonos al olvido.

Intentando lo inimaginable.

Consiguiendo el objetivo.

Comprendiendo que nos quisimos.

Porque negamos que el amor quedó sin mimos.

Porque afirmamos que nada murió, sino que volvimos a ser los mismos.

Superando la etapa del amor dormido.

Desde lejos nos buscaremos,

y continuaremos la vida que siempre tuvimos.

By Miriam Giménez Porcel.

pájaros que duermen en mis ojos

pájaros que duermen en mis ojos

pájaros que duermen en mis ojos

 

por fin nos encontramos las alas

allí estaban,

en un cajón, junto a las lágrimas de cocodrilo

y abrimos las paredes, sacamos las escarchas

y nos echamos a volar, despacito,

mientras la ciudad nacía

las aceras dejaban paso a las sombras

y el cielo se desprendía de su piel de arcilla.

 

pájaros que habitan en mis ojos,

durmiendo los sueños

que habitan en las nubes,

palpando oscuridades

dejándose las plumas en el intento.

 

pájaros que habitan en mis ojos

mientras el telón cierra el fulgor de mi garganta

y mis tatuajes se duermen en los párpados

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